26 de diciembre de 2017

Quito: Mitad del mundo.

Tal vez Quito no fue de las ciudades que más profundamente recorrimos. Más bien podría decirse que fue “poco”. Aunque en este caso priorizamos la experiencia de compartir dos días con una familia de Quito, y recorrer con compañía local.

Por primera y única vez en el viaje, tuvimos la posibilidad de realizar Couchsurfing, y así conseguimos que Jaime nos hospede en su casa. Al llegar, nos recibió junto con Yeni, su madre, quien durante el tiempo que estuvimos con ellos, nos trato como a sus hijos.

Tuvimos una larga conversación que nos permitió conocer bastante a la familia. Por ejemplo que habían vivido en varios lugares del país, incluyendo la región oriental, conocido como la zona amazónica. Es por ello que Jaime no pudo evitar reír cuando le dijimos que habíamos conocido la selva por realizar la excursión en Baños, ya que esta ciudad apenas se encuentra a las puertas del Amazonas.

También pudimos conocer la gran simpatía que tiene él y su familia por el presidente del país Rafael Correa, y así, aunque con una lectura claramente parcial, conocer un poco de la realidad política y social ecuatoriana. 

Finalmente salimos a recorrer la ciudad. Jaime es estudiante de economía, sumado a su simpatía por el actual gobierno ecuatoriano y sus ganas de hablar de politica, no faltaron temas de conversación durante el camino al centro. Entre ellos, la explicación sobre las causas que llevaron a Ecuador a adoptar el dólar como moneda oficial, tema del cual deseábamos informarnos.


Atravesamos varias áreas verdes, entre ellas los parques “El Ejido” y “La Alameda”. Al igual que Guayaquil, Quito se caracteriza por ser una ciudad con gran parte de su superficie cubierta de areas verdes, casi el doble que el promedio recomendado mundialmente.

Poco a poco comienza a aparecer frente a nosotros una inmensa estructura neogótica: la Basílica del Voto Nacional.

La basílica comenzó realizarse en 1887 y se la considero terminada en 1924, aunque hasta la actualidad sigue en construcción ya que faltan detalles por terminar. Producto de su interminable construcción, una leyenda urbana dice que el día que sea finalizada se acabará el mundo.



Debo reconocer que si Jaime no se encontraba con nosotros, difícilmente hubiésemos pagado por subir a la torre de la iglesia. Pero luego de visitarla, vale decir que merece la pena pagar los 2 dolares (para extranjeros) que cuesta la entrada para poder conocer la estructura interna de la iglesia, y sobretodo para tener una excelente vista desde el punto más alto de la ciudad. Su torre de 115 metros de alto, conocida como “torre de los condores” la convierte en la segunda iglesia más alta del continente. 





Desde arriba podemos ver una pequeña montaña conocida como "El Panecillo", y en su cima uno de los monumentos religiosos más representativos de Quito: la virgen de El Panecillo

Si continuamos hablando de alturas, a modo comparativo vale decir que esta estatua es más alta que el cristo redentor de Brasil, y al sumar la altitud de Quito, la del panecillo y la del monumento, se convierte en la virgen más alta de Sudamérica.



Un detalle interesante, es que como otros santuarios latinoamericanos de estilo neogótico, la basílica utiliza gárgolas como extractores de agua, pero que a diferencia de los edificios europeos, se destaca por poseer la forma de animales propios de Ecuador. En el caso de La torre de los Cóndores, lleva este nombre por poseer figuras del ave emblema del país. Por ello, no nos resulte extraño si en lugar de encontrarnos con una gárgola vemos un cóndor, una tortuga o una iguana.


Luego nos dirigimos a la Plaza de la Independencia, centro histórico de la ciudad, y rodeada de los principales edificios provenientes de la época Colonial, como la Catedral, el Palacio de gobierno, Palacio de Pizarro, etc.

La Catedral Metropolitana es una de las más antiguas del continente. El exterior de la Catedral no impresiona como la Basílica del voto nacional, pero en cambio destaca por la ornamentación interior. En ella se conservan los restos del Mariscal Antonio Sucre.






Jaime nos invitó a realizar una visita guiada al Palacio de Gobierno. Nosotros desconocíamos que se puede ingresar de manera gratuita con solo registrarse una hora antes. Otra vez, como en el caso de la Basílica, si no fuera por nuestro anfitrión, nos habríamos perdido un interesante lugar a conocer en la ciudad.

El ingreso libre se debe a que desde el año 2007 se decidió abrir la Casa de Gobierno para que la población pueda visitarla.

Al palacio extraoficialmente se lo suele llamar “de Carondelet” en referencia a Francisco Luis Héctor de Carondelet que fue quien ordenó la construcción de la fachada, la cual asombró a Simón Bolívar al verla. 

En el interior del palacio cabe destacar las exhibiciones de objetos regalados al presidente, el salón amarillo con los retratos de la mayoría de los presidentes ecuatorianos y la posibilidad de asomarse por el balcón con vista a la plaza desde el cual el presidente se dirige al pueblo.

En la primer planta, pasando desapercibidas para quien desconoce el dato, hay una serie de barandas que pertenecían al hoy inexistente Palacio de Las Tullerías de París (incendiado en 1871 y demolido en 1883), que fueron compradas por el gobierno de Ecuador.






Finalizada la visita, y antes de volver a casa de Jaime, decidimos pasar por el Mercado Central a comer. Era habitual para nosotros almorzar en los mercados de las ciudades visitadas, pero en este caso, con ayuda de un local para elegir, probamos bebidas como jugo de tomate y de coco.



Mitad del mundo.


Alrededor de 300 manzanas del centro histórico de Quito son consideradas Patrimonio mundial de la humanidad, y es el casco histórico mejor conservado de Latinoamérica. Aún así, posiblemente Quito sea más conocida por ser considerada la ciudad de la mitad del mundo. Esto se debe a que la línea del Ecuador o “latitud 0” atraviesa la ciudad, ubicándola en ambos hemisferios. Si bien Quito no es la única ciudad ubicada sobre la latitud cero, se hizo famosa producto de una expedición realizada en el siglo XVIII por científicos franceses que buscaban determinar la forma de la tierra. En 1936 fueron relocalizadas las marcas realizadas por la expedición, y  se decidió construir un monumento de 10 metros de altura en uno de los puntos que se había determinado que se encontraba en la línea del Ecuador, ubicado en el norte de Quito, en San Antonio de Pichincha. Posteriormente, en 1979 se trasladó ese monumento y fue reemplazado por uno tres veces más grande. 




Actualmente alrededor del monumento se realizó un parque temático denominado “Ciudad Mitad del Mundo” con varios edificios donde se realizan exposiciones, museos, puestos de ventas, etc. Aunque arruine la espectacularidad de viajar a Quito para pisar ambos lados de la línea amarilla que nos indica la división del hemisferio Norte y Sur, es necesario aclarar que realizarlo es más bien simbólico. Ya que a la línea del Ecuador se la considera en realidad una franja de cinco kilómetros de ancho que por las fuerzas de rotación, traslación y nutación (movimiento similar al de un trompo que realiza la tierra) de la tierra hacen que la posición 0°0’0’’ varíe constantemente dentro de esta franja. Hay quienes sostienen que con la aparición del GPS se determinó que la ubicación del monumento y la línea divisoria no es correcta, sino que se ubica en el paralelo 0º 0' 7.83", aproximadamente 240 metros más al sur de la mitad del mundo, y por ende completamente en el hemisferio sur, pero esto por lo dicho anteriormente puede ser relativo al momento en que se realizó la medición.




Ya sea para ver la Mitad del mundo o el casco histórico con sus iglesias y edificios coloniales, Quito es una ciudad que merece la pena visitar. En nuestro caso teníamos solo un día para recorrerla, y inevitablemente terminaron siendo dos. Intentar abarcar todo en un día se vuelve imposible. Primero porque al ser la capital del país, y por ende una de las ciudades más grandes de Ecuador, nos va a demandar tiempo movernos, ya sea en autobús o caminando. Por otro lado, visitar la Mitad del Mundo (como otros sitios interesantes) requiere alejarse del centro, por lo tanto, tenemos que contar al menos medio día entre viaje y visita.

La lista de actividades para realizar es larga, aparte de los lugares mencionados acá, también vale la pena hacer el recorrido por la calle García Moreno o “de las siete cruces” por encontrarse en ella siete iglesias, o subir en teleférico al mirador Cruz Loma para tener una excelente vista del volcán Pichincha (yo intente verlo desde la ciudad, pero al igual que en Baños de Agua Santa, el mal tiempo me lo impidió).

15 de noviembre de 2017

Baños: Un día en la selva.

Aprovechando que nos encontrábamos en Baños, decidimos realizar la tan promocionada excursión a la selva amazónica ecuatoriana. Este tour no se encontraba en nuestros planes pero decidimos hacerlo ya que sabíamos que  en todo nuestro viaje sería el lugar donde más cerca estaríamos de ver el Amazonas. Optamos por realizar el recorrido de un día, por lo tanto, en rigor de verdad no nos adentramos en el corazón de la selva sino que el recorrido se realiza por lo alrededores de Puyo, ciudad considerada como la puerta de entrada al Amazonas Ecuatoriano.

Partimos de la agencia, donde nos brindaron unas botas, y la primer parada que realizamos fue para observar el río Pastaza. Este es parte de la red fluvial del Amazonas, siendo un afluente del río Marañón, que posteriormente desemboca en el río Amazonas. A su vez, se presentó ante nosotros nuestro guía principal, quien tenía un sentido del humor bastante particular, difícil de comprender principalmente para los que no eran hispanohablantes.


Continuamos viaje hasta las afueras de Puyo, donde visitamos el zoo-refugio Tarqui, un sitio donde se protege a distintas especies animales rescatadas del tráfico ilegal u otra situación que tornan difícil (o imposible) su reinserción en la naturaleza. Aunque sea fuera de un hábitat natural, tuvimos la posibilidad de ver gran variedad de animales oriundos de la selva amazónica como caimanes, monos, jaguares, tapires, etc.







Finalizada la visita al refugio, subimos a la camioneta y viajamos hasta la orilla de un río (creo que el río Puyo), donde nos brindaron chalecos salvavidas y subimos a unas canoas de madera para dar un paseo de aproximadamente media hora.








Al bajar de la canoa, la camioneta estaba esperándonos para que tomemos las botas y comencemos a caminar por la selva. Bastó solo con pisar el primer charco de agua para notar que las mías estaban rotas. Imaginé que no tendrían un par de repuesto, y como estábamos realizando una actividad de contacto con la naturaleza, decidí no hacerme problema y seguir caminando.  Mientras caminábamos los guías comienzan a contarnos sobre propiedades de elementos de la naturaleza. Por ejemplo, las hojas de un árbol que estampan la tela al apoyarlas, o la arcilla del río con propiedades rejuvenecedoras de la piel, habitualmente utilizada en spas, acá la tienen al alcance de sus manos.





Llegamos a hasta un árbol gigante para lanzarnos de una liana al estilo Tarzán. Aunque hay que aclarar que la liana era de acero y poseía un fierro atravesado para trabar las piernas. De todas formas, no hay que tomar a la ligera columpiarnos en ella, ya que opino que al no poseer ninguna medida de seguridad, cualquier mínimo error prácticamente acabaría con nuestras vidas.

Continuamos caminando hasta la cascada “Hola Vida”, donde ingresamos al agua de la pequeña laguna formada por la caída.  Comenzamos el retorno y empieza a llover intensamente. No duro mucho, solo lo suficiente para comprobar el clima cambiante de la selva.







Finalmente llegamos a la comunidad Kichwa de turismo comunitario “Sacha Wasi” , en la cual almorzamos una sopa y carne con arroz y garbanzos. Posteriormente conocimos a los habitantes de la comunidad, que algunos lucían un particular atuendo compuesto por prendas típicas de su cultura, con modernos pantalones de fútbol. Nos enseñaron a lanzar con la cerbatana, luego nos hicieron beber chicha y finalmente unas niñas vestidas con prendas tradicionales ofrecían pintarnos la cara a cambio de unas monedas. Esta parte del recorrido es la que previamente más expectativas me generaba, por la posibilidad de interactuar con los miembros de la comunidad, y fue la que más me decepcionó. Luego de tomarnos unos minutos destinados a comprar artesanías, subimos a la camioneta y finalizamos nuestro recorrido en el centro de Baños.







Algunas consideraciones sobre la visita a la comunidad.

Reconozco que finalice el día (y volví del viaje) disconforme, ya que sentí que la experiencia vivida no fue completamente auténtica. Deseaba escribir un artículo exclusivo sobre los motivos de estos sentimientos, pero al averiguar que veinte familias viven gracias a esta comunidad turística en particular, y muchas más por otras que se encuentran en los alrededores, desistí de hacerlo. Me resulta extremadamente difícil criticar sabiendo cuántas personas subsisten de esta forma mientras yo escribo quejas desde la comodidad de mi departamento. Pero aún así, de manera respetuosa considero necesario expresar algunas opiniones:

Es una obviedad decir que creo que la visita es completamente armada para el turismo. Ya que somos todos turistas quienes llegamos allí. Pero lo que se mostraba sentí que era aquello que el turista quiere ver y no necesariamente la realidad. Por ejemplo: nunca terminé de comprender la vestimenta. Algunos vestían ropa tradicional, otros no se diferenciaban de nuestro atuendo, y un par lucían un “collage” de ambos. ¿Acaso todo el dia visten así? ¿Solo lo hacen en el horario de visitas de turistas? ¿Se visten así solo como parte de su trabajo ya que los turistas esperan ver a alguien en taparrabos, vincha y plumas? ¿O es una forma de mostrar su cultura, más allá que el resto del dia usen o no la misma ropa? Me hubiese gustado que cuenten un poco de esto para comprenderlo.

Por otro lado, no contaron sobre sus costumbres, como logran hacer interactuar sus tradiciones ancestrales con la cultura moderna, el motivo por el cual se abren a trabajar con el turismo ¿Es para transmitir su cultura?¿como medio de subsistencia?¿o ambas?, etc.

Yo fui buscando escuchar un poco sobre la comunidad y su forma de vida, costumbres, tradiciones, etc, y así aprender. Por eso intente hacer preguntas básicas, como por ejemplo si ellos vivían ahí o en otro sitio, o si más allá de la comunidad turística, en el día a día logran mantener sus costumbres y formas de vida , pero todas sus respuestas fueron cortas y evasivas, e incluso en algunas ocasiones me dio la sensación que el guía intentó evitar que hable demasiado con las personas de la comunidad. 

Tal vez la mayoría de quienes los visitan buscan solo la experiencia de ver a alguien en taparrabos que le enseñe a lanzar su cerbatana, o en algunos casos  viajan a la selva solo para probar ayahuasca. Tal vez los miembros de la comunidad se encuentran conformes transmitiendo eso y ven que es la mejor forma de preservar su cultura y mostrarla al resto. Yo particularmente esperaba algo distinto. Considero que una interacción como la que realizan con los turistas es riesgosa, pudiendo convertirse la visita a la comunidad en un “safari humano” donde vamos a fotografiar “personas distintas o exóticas”, donde se “actúa” para conformar al consumidor, y los niños te pintan la cara por una propina. 

Es un debate difícil, ya que muchas familias recurren a ingresar al ámbito del turismo como método de subsistencia. Pero creo que si se pierde demasiado el eje, y se vuelve solo en una actividad mercantil, a largo plazo esto puede ser perjudicial para la comunidad, el ambiente (naturaleza incluida), e incluso denigrante hacia quienes lamentablemente terminan siendo marionetas del turista o de una agencia de turismo a cambio de subsistir.