14 de septiembre de 2017

Ayacucho: La batalla final, 33 iglesias y un sendero "iluminado".

Viajar por carretera de Cusco a Lima, o viceversa puede resultar una actividad bastante tediosa producto de 1100 kilómetros que separan a ambas ciudades. Este problema moderno también lo tenían los españoles, que para solucionarlo decidieron fundar la ciudad de Ayacucho (En ese momento bajo el nombre de San Juan de la Frontera de Huamanga). 

Nosotros afortunadamente no nos encontrábamos en aquella época de lentas carretas tiradas por caballos (o veloces para su época) y podíamos llegar a Lima en avión. Aunque ¿Para qué volar si existe un camino por tierra? ¿Para qué gastar si podíamos ahorrar? Es por eso que decidimos hacer uso de esta solución española y hacer una parada en la ciudad, para así ahorrarnos de perder horas de sol en viaje, recorrer durante el día y poder viajar por la noche.

Otros motivos hay para elegir pasar el día en Ayacucho. Es conocido por ser la zona donde el 9 de diciembre de 1824 se disputó la batalla en la cual el ejército libertador, liderado por el Mariscal Antonio José de Sucre, puso fin al dominio español en Sudamérica. 

En la ciudad, la plaza de armas rinde homenaje al “Gran Mariscal de Ayacucho” con un monumento suyo en el centro. Y un santuario ubicado a 37 kilómetros conmemora la batalla y su logro. Lamentablemente por el poco tiempo que pasamos en Ayacucho, no pudimos visitar este último.



A pesar de ser el lugar de caída del Imperio español desde su fundación fue un centro de poder eclesiástico, y esto perduró hasta la actualidad. Tantos templos se realizaron en Ayacucho que se la conoce como la “ciudad de las iglesias”. Este era nuestro segundo motivo para visitarla. El paso por la ciudad, nos hizo que en pocas horas contemos al menos diez. Quedamos lejos del total, porque dicen que cuenta con treinta y tres templos. Aunque esto podría ser solo un intento romántico de asociarlo con la edad de muerte de Jesús, ya que la cantidad es un poco mayor a esta cifra.



El fervor religioso de la ciudad es tal que se la considera una de las ciudades del mundo donde más importante es el festejo de la Semana Santa, durando diez días la celebración.

Y cuando digo que el poder eclesiástico perduró hasta la actualidad, creo que es un fiel reflejo del fuerte legado Español, no solo en Ayacucho sino en todo el continente. Las celebraciones religiosas que se mezclan con rasgos de tradiciones precoloniales o incluso el caso inverso, son un claro ejemplo de esto. Y un ejemplo extremo es el de la adaptación del Apóstol y Santo, Santiago, quien en España durante el periodo de dominio Árabe Musulmán se adaptó su figura a Santiago Matamoros y luego llegará a América como Santiago Mata indios. El continente sería independizado y los españoles expulsados, pero llamativamente hasta el día de hoy, en países como Perú se sigue venerando a la figura de Santiago Mataindios, incluso en los ciudadanos y comunidades descendientes de indígenas.




Pero lamentablemente en las últimas décadas Ayacucho volvería a ser protagonista de la historia Peruana. En la ciudad de la definitiva independencia, en la década del 60 comenzaría a surgir un grupo que buscará a su modo volver a realizarla.

Será en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga donde bajo el liderazgo del profesor de filosofía Abimael Guzmán, luego conocido como Presidente Gonzalo, comenzó a surgir una organización llamada Partido Comunista Sendero Luminoso o simplemente Sendero Luminoso.

Este grupo empezó como una organización reducida a grupos intelectuales que buscaban realizar una revolución. En pleno auge de la revolución Cubana, y siguiendo las ideas de Mao Tse Tung en China, adopta una postura de llevarla a cabo mediante la lucha armada, y primero con apoyo del campesinado, comenzó a expandirse por el departamento de Ayacucho y posteriormente por todo Perú. Esto generaría que en la década de 1980 intensifiquen sus acciones, que hasta mediados de 1990 convertirían estos años en los más oscuros de la historia de Perú. 

Las acciones de Sendero Luminoso y su enfrentamiento con las distintas fuerzas de seguridad del país dejaron un saldo de aproximadamente 70.000 personas muertas o desaparecidas. Perú quedó ceñido entre un grupo de métodos y acciones injustificables; y otro que intentando frenar al primero, en muchos casos no se quedó atrás con sus respuestas. Miles de inocentes se convirtieron en víctimas de ambos bandos, en una lucha a mi entender, con actos imposibles de avalar.

Poco sabía de Sendero Luminoso, y poco antes de viajar a Perú me enteraría su relación con esta ciudad. Este fue MI tercer motivo para conocer la ciudad, y así intentar buscar algo que hable sobre su triste pasado.

Pero como sucedió con el monumento a la batalla de independencia, el poco tiempo tampoco nos permitiría visitar el museo de la memoria, que rinde homenaje a las víctimas de este periodo. Las posibilidades de cumplir este tercer motivo de la visita a la ciudad se esfumaban.

Nos encontrábamos en la plaza de armas sacando las últimas fotos antes de comenzar a dirigirnos a la terminal cuando un hombre se acerca a hablarnos. Nos presentamos, decimos de dónde somos y el hombre nos comenta que estuvo en Argentina. La conversación empieza orientada en nuestra visita a la ciudad, luego varios temas se van encadenando y me cuenta sobre la Universidad de San Cristóbal, seguido de eso menciona a un profesor, al que durante toda la conversación llamo Gonzalo. Poco a poco la charla tomó un rumbo claro, ya que él claramente quería hablar de aquello que yo quería escuchar, y no solo eso, sino que vivió esa época, la vivió muy de cerca, participando, ya que fue y es un integrante de Sendero Luminoso.

Antes que lo diga ya me había quedado claro que pertenecia a la organización, y desde ese momento una extraña sensación comenzó a correr dentro de mí. 

Me contó de todo lo que quería escuchar, obviamente desde su postura defendiendo a Sendero Luminoso, y casi glorificando a su líder Gonzalo. Habló de sus buenas intenciones y de lo cerca que estuvieron de la toma del poder, si no lo arrestaban a Gonzalo…

Mientras seguía contándome y yo preguntando, y hasta el día de hoy esa extraña sensación, difícil de explicar con palabras, quedó dentro de mí. Me encontraba en la encrucijada de escuchar su historia sabiendo que no sus métodos, pero si muchos de sus ideales puedo compartirlos, pero al mismo tiempo saber que no estaba escuchando la otra parte de aquello que sucedió e hicieron durante tantos años, y que nunca podría avalar. La conversación duró cerca de una hora, hasta que finalmente decidí buscar la forma de terminarla para ir a tomar el autobús. 


Todavía en mi mente sigue la pregunta de ¿con quién hable?, ¿qué habrá hecho o cómo participo de ese periodo ese hombre que me encontré en una plaza? Muchas ideas buenas y malas vienen a mi mente, pero solo sabia que finalmente había encontrado aquello que buscaba. Y pude confirmar yo mismo que seguía existiendo. Quienes durante una década y media pusieron en jaque al gobierno de Perú seguían allí. Como el corazón delator del cuento de Edgard Allan Poe, algo en Ayacucho aunque sea débil o casi nadie lo sienta, seguía latiendo. Obtuve la historia y las respuestas que quería de la forma que no esperaba. Lo que sí espero es que esa historia sea parte del pasado, y no vuelva a ocurrir.

Me fui de Ayacucho pensando que todo parecería estar conectado y no estarlo a la vez. Esta ciudad enclavada en medio de Los Andes, muestra que quiere hablar, y que sus tierras tienen muchas historias que contar.

8 de septiembre de 2017

Algunos datos sobre Machu Picchu.


Luego de resistirme un poco a visitar la hiper famosa ciudad Inca, finalmente conocí Machu Picchu y quedé tan impresionado que decidí investigar sobre este misterioso lugar.
Aunque su emplazamiento y la arquitectura hacen un sitio sumamente fascinante, al profundizar sobre ella, Machu Picchu se convierte en lugar lleno de datos interesantes para contar.


Sobre el “descubrimiento”.

El sitio puede considerarse que no fue descubierto en el sentido estricto de la palabra, ya que lo pobladores locales siempre lo conocieron y seguían utilizando sus terrazas de cultivo. Incluso fueron ellos los encargados de guiar a los primeros expedicionarios. Pero fue expuesto al mundo luego que el investigador estadounidense Hiram Bingham llegara el 24 de julio de 1911 y lo diera a conocer en la Universidad de Yale, y a la National Geographic, quienes lo apoyaron y financiaron en la expedición. 



Previamente a su llegada varios investigadores estuvieron en la zona. Entre ellos Agustín Lizárraga en 1902, quien visitó el lugar varias veces, algunas llevando visitantes. Hiram Bingham dejaría escrito entre sus notas haber encontrado una pintada en Machu Picchu con el nombre de Lizarraga y su fecha de visita. 



Actualmente es una discusión a quién de los dos se le debe atribuir el “descubrimiento” de la ciudadela Inca, en mi opinión, la diferencia entre ambos es que uno (Lizárraga) llegó primero, y el otro (Bingham) lo difundió masivamente.

Sobre el rol y teorías.

Machu Picchu parece ubicarse en una zona aislada, pero se estima que en época del Imperio Inca era muy importante ya que servía de conexión entre Los Andes y la región Amazónica. Por esto se cree que cumplía un rol importante dentro del Imperio, no necesariamente como ciudad, pero si como sitio religioso o centro de retiro de los emperadores. Por ejemplo, un dato que orientaría esta teoría sería las grandes cantidades de maíz cultivado y consumido por sus pobladores, algo habitual actualmente en los países Andinos, pero que en aquella época era comido solo por sectores altos de la sociedad. La población de Machu Picchu no era fija, sino que se utilizaba un tipo de trabajo aplicado durante el Imperio Inca, y luego aprovechado por los conquistadores españoles, la Mita. Esta consistía en que hombres trabajaban por un determinado tiempo para el estado a cambio de una retribución o para cubrir impuestos atrasados. A este tipo de poblados, con población móvil se los denominaba Llacta.



Poco se sabe con certeza sobre este lugar. Más bien son conjeturas, cada vez más desarrolladas por los avances en las investigaciones, es por esto que todavía no hay respuesta definitiva sobre que función cumplía durante el imperio Inca.

Entre tantas, una teoría sostenida por el investigador Thierry Jamin luego de un presunto descubrimiento de su compatriota David Crespy indicaría que en Machu Picchu hay un edificio funerario, el cual ellos sostienen que podría incluso alojar los restos del Primer emperador Inca histórico y unificador de Tawantinsuyo, Pachacútec (Se distingue entre emperadores legendarios, y aquellos que puede encontrarse evidencia histórica). Esto no pudo ser comprobado hasta el momento por negativa del Ministerio de Cultura de Perú y otros organismos vinculados a la protección de Machu Picchu. El argumento para la negativa es que este proyecto de investigación podría causar el derrumbe de una parte importante de la ciudad.

Sobre la construcción de la ciudadela.

En cuanto a la arquitectura, las investigaciones indican que fue construida en el siglo XV, aunque más de dos mil años antes ya se practicaba la agricultura en la región. 

También se cree que pudo ser realizada por orden de Pachacutec, por la similitud a construcciones realizadas en su gobierno y porque se estima que Machu Picchu -aún sin estar terminada- debió tardar unos cincuenta años en construirse. Por ende, teniendo en cuenta que el Imperio Inca desde su unificación hasta la llegada de los españoles duró cien años, y los últimos fueron de guerra civil, esta tendría que haber sido construida bajo el mandato de uno de los primeros gobernantes. Actualmente no quedan objetos ni artefactos ya que solo la expedición de Bingham se llevó cerca de cinco mil que terminaron en museos estadounidenses. También se cree que fueron extraídos algunos de ellos previo a la llegada de Bingham, principalmente en el siglo XIX.






Machu Picchu cuenta con más de 200 estructuras, entre ellas casas, templos y santuarios y posee un sistema de agua corriente mediante canales y fuentes. El sistema de canales envía una cantidad de agua como para abastecer aproximadamente a mil personas. 

Por varios motivos es sorprendente su construcción, que al no haber sido invadida por los españoles de conservó casi sin alteraciones:

El sitio no es el más apto, ya que es una montaña muy empinada, en una región de lluvias constantes que pueden causar derrumbes y se encuentra entre dos fallas geológicas, lo que hace deba resistir a terremotos. Incluso con la tecnología actual sería difícil de construir.




Para estos problemas los Incas encontraron soluciones que la hacen mantenerse en pie hace más de 500 años.

-Las terrazas de cultivo cumplen un rol fundamental, no solo como plantaciones sino como drenajes del agua. Debajo de estas se encuentra una de las mayores obras de ingeniería de Machu Picchu. Las mismas están formadas por distintas capas de piedra, que van de más grandes a más pequeñas, seguido por una capa de arena, luego humus, y finalmente tierra. Esto se complementa con el sistema de desagüe y los techos de paja de las construcciones que absorben y amortiguan la caída. Todo en su conjunto hace que se produzca un filtrado lento y efectivo, siendo difícil de ver incluso actualmente, charcos de agua.



-Las paredes de las terrazas tienen una ligera inclinación que las hacen soportar el peso y evitar desmoronamientos.

-Estas inclinaciones también fueron utilizadas en los muros de los edificios haciendo que sean antisísmicos. Las paredes como todas las construcciones incas fueron levantadas sin cemento ni otro material que pegue los bloques y pesar de esto poseen gran resistencia. 


















Sobre su función como símbolo de poder religioso.

La ubicación no parece azarosa, por el contrario este lugar donde resulta difícil realizar cualquier tipo de construcción tendría algunos indicios que fue elegido por ciertas particularidades religiosas y espirituales.

En el imperio inca las montañas o puntos altos eran lugares sagrados, es por ello que en picos altos de los Andes es frecuente encontrar momias incas. A estas que consideraban divinas, las denominaban “Apu”.

Varios elementos vinculan a Machu Picchu con montañas:

-El primero y más evidente es que se encuentra en la cima de una.

-También es posible observar una construcción, la Intihuatana que se encuentra perfectamente alineada con cuatro picos nevados, y a su vez cada uno de estos coincide con un punto cardinal, generando un “Axis mundi” o centro del mundo.



Otro es la Roca Sagrada, la cual posee una forma tan similar al Cerro Pumasillo ubicado justo detrás, que parecería no ser coincidencia. 



-Cuenta con elementos que muestran su vinculación con la astrología como el Templo del Sol, un edificio semicurvo con una ventana por donde ingresa el sol justo el día del solsticio de junio, reflejándose la luz en una piedra interior.

-La astrología Inca, como muchas otras culturas, podríamos vincularla con la religión, ya que por ejemplo los Incas adoraban al sol, considerando uno de sus dioses.

Sobre los extraterrestres y ovnis en Machu Picchu.

Si llegaste por medio de un buscador interesado en este tema, fuiste engañado, para estas cosas dejo a History Channel. Pero leé el resto, quizá te interese.

Finalizando…

Para concluir, quiero decir que todo lo expuesto aquí es solo una pequeña parte de la infinidad de cosas que se pueden hablar sobre las ruinas más famosas de Perú, y muy seguramente de todo Sudamérica. Lo escrito es una simple selección arbitraria de aquello que investigué y me resultó más interesante, intentando que sea lo más resumido posible y evitando caer en realizar un articulo estilo: “X (pone el numero que quieras) cosas que no sabías de Machu Picchu”. Puede haber errores de interpretación, e incluso teorías que se contradigan con lo expuesto, como mencioné en alguna parte de la nota, la mayoría de lo que se sabe sobre este lugar siguen siendo conjeturas, y aún producto de investigación.

Creo que también hay otros sitios Incas muy interesantes aunque menos difundidos, como por ejemplo Choquequirao, pero no me gusta hablar de aquello que no conozco, y aunque deseo tener la oportunidad de explorarlos, por el momento me remito del lugar que sí visite.

También si les intereso esta nota, puede leer sobre mi experiencia en Machu Picchu.



4 de septiembre de 2017

Machu Picchu: Yo me resistía a visitarte [Enero/Febrero 2017]

La previa.

Cuando le digo a alguien que viaje a Perú, si hay algo que detesto que me respondan (y suelen hacerlo) es: ¡ah fuiste a Machu Picchu!
Parece que por esto, la primera vez que fui a Cusco, decepcioné a todos cuando respondía que a Machu Picchu no.

Aunque resulte extraño, Cusco siempre fue para mí un lugar que soñaba conocer, una especie de Meca sudamericana, en cambio la segunda un destino que prefería evitar.

En gran parte se debe a que trato de esquivar los lugares hiper turísticos. Es como una fobia que tengo a llegar a un lugar y encontrarme a miles de personas amontonadas y haciendo filas para sacarse una foto.

Quizá sea yo que llego con la mente cerrada y mal predispuesto, pero cuando me encuentro ante esa situación no disfruto, no lo logro conectarme con el lugar. Y en este caso puntual, ver como se acota un increíble país solo a un pequeño punto en el mapa, en muchos casos solo para sacarse la foto que vemos en todos lados y después decir: “Yo estuve ahí” me irrita todavía más.

Pero a pesar de esto la vez que visite Cusco y no fui a Machu Picchu, no fue por mis prejuicios, sino que varios factores intervenían, el principal era el tiempo. O esa es la excusa que pongo siempre…

Dos años después volví a la capital del Imperio Inca. Esta vez, aunque para mi era un lugar más, sabía que no podía evitar visitar las ruinas más famosas de Sudamérica ya que mis compañeros de viaje lo tenían como su destino principal. Fui sin entusiasmo, pero tengo que ser autocrítico y admitir que estaba equivocado. Tanto la experiencia de llegar hasta allá, como las ruinas de Machu Picchu son una experiencia magnífica e inolvidable, que me dejaron sin palabras. Sin dudas viajar a Perú y no visitar la “Ciudad Sagrada” es un error. Pero ojo, no es solo subir y sacarse la clásica foto con el Huayna Picchu y las ruinas de fondo, sino algo más profundo, que implica entenderlo como un símbolo ejemplificador de la increíble cultura Inca.


Llegada a Cusco.

Ni bien llegamos a Cusco, como sucedió dos años antes con otros compañeros de viaje, casi todo estuvo orientado organizar el viaje a Machu Picchu, conseguir información, entradas, transporte, etc.

Esta vez, mientras organizábamos todo, decidimos hacer los “Free tours” que ofrecen en la plaza de armas. Lo hicimos primero con un guía que a pesar de su carisma no logró entusiasmarnos mucho, y unos días después con Diego, de quien dejo su Facebook, ya que a pesar de que yo no entiendo mucho inglés, y el tour era principalmente en este idioma, lo hizo tan didáctico y entretenido que logró mostrarnos la ciudad de una manera que hace imposible no enamorarte de ella, y ni la lluvia alejó a la gente. Sin dudas, si visitan Cusco recomiendo recorrer la ciudad con él.



El camino.

Por una cuestión presupuestaria y nuestros principios mochileros descartamos llegar a Machu Picchu en tren, optando por la opción alternativa realizada por muchas personas (tal vez la mayoría), por carretera hasta Hidroeléctrica, donde se termina la ruta, y luego caminar junto a las vías del ferrocarril hasta Aguas Calientes, el pueblo que se encuentra debajo de las ruinas, y que a veces también es conocido por el mismo nombre que estas. 

Que no haya conexión directa por carretera con Aguas Calientes es intencional para controlar el flujo de visitantes a Machu Picchu, aunque también escuché varias veces que no se realiza por supuestas trabas de la empresa de ferrocarril que monopoliza el acceso en transporte.

Para nuestra sorpresa, estando en Cusco, nos detuvimos a hablar con uno de los tantos empleados de agencias de turismo, que insistió en que lo escuchemos, y logramos conseguir viajar hasta Hidroeléctrica con el servicio de transporte en minibus de la agencia, más rápido y sin trasbordos, por un precio similar al de los buses. También nos ofrecieron sacarnos las entradas, lo cual significaba que por un precio apenas mayor que el oficial ellos nos garantizaban comprar las entradas el día anterior para que no nos quedemos sin disponibilidad, y nos la entregaban una vez arribados a Aguas Calientes.

Durante el viaje de ida, la ciudad Inca que parecía saber que me dirigía hacia ella, me hizo sufrir las consecuencias de oponerme a visitarla. Salimos a las 7 am y el viaje duró cerca de nueve horas por caminos extremadamente zigzagueantes, entre rutas de asfalto y tierra y con conductores andinos confiados en conocer sus montañas, que al parecer en sus camionetas solo tienen acelerador y no freno. Para mí, por momentos es tan o más peligroso que el Camino de la muerte de Bolivia. 



Un cantante de apellido Paez dijo en una de sus canciones que lo importante no es llegar, lo importante es el camino. En mi caso esta vez lo único que deseaba era bajarme del minibus. De esas horas, por lo menos la mitad del tiempo me la pasé inmóvil, sin emitir palabra, con mareo y náuseas como nunca en mi vida. 
A pesar de esto tengo el orgullo de decir que no vomité, mientras que otros viajeros si.

Una vez abajo y recuperados, La peregrinación de personas, las vías del tren, y los carteles de prohibido caminar junto a ellas, nos indicaban que ya estábamos camino a Aguas Calientes.

La caminata fue amena, entre naturaleza y costeando el río Vilcanota. Esto hace que sea bastante accesible para la mayoría de la gente en condiciones de caminar diez kilómetros, pero se debe tener precaución al hacerlo, principalmente al cruzar los ríos sobre los durmientes del ferrocarril.








Llegada al pueblo, incumplimiento y estafas habituales al viajero.

Al llegar al pueblo, nos alojamos en uno de los primeros hospedajes que encontramos, el hostal Joe Inn, por 25 soles, precio que nos parecía razonable. Nos ofreció habitación privada con baño, wifi (que funcionaba solo en la recepción) y agua caliente, la cual salió por cinco minutos y después nunca más. Aunque esto último nos enojó bastante, me pareció bastante razonable (no por eso justificada) la explicación de la recepcionista que al bañarnos en todas las habitaciones al mismo tiempo no dábamos tiempo que el agua se caliente. En conclusión, no puedo recomendarlo y aconsejo buscar otras alternativas, pero tampoco sé si los otros de precio similar serán mejores.

Luego de la ducha de agua fría, a la hora indicada fuimos a encontrarnos con la persona que debía darnos las entradas, quien luego de revisar sus listas y hacer algunas llamadas telefónicas, nos dio dinero e indicó donde comprarlas. Nos enojamos y discutimos ya que fue una estafa cobrarnos de más por un servicio que no hicieron, pero finalmente lo único que conseguimos es que nos acompañe y saque las entradas él. Aunque como era de esperarse no nos reintegró el dinero de la comisión de la agencia indicándonos que vayamos a reclamarlo directamente en la oficina en Cusco.



La subida.

Finalmente llegó el día de la subida a Machu Picchu. Cómo no íbamos a subir al Huayna Picchu, y sabiendo que la niebla matutina impedía la buena visión, optamos por no madrugar y partir a las nueve luego de desayunar tranquilos.

Nuevamente, para completar la aventura y mantenernos fieles a nuestros principios, optamos por ahorrarnos los diez dólares del bus que sube a la entrada de la ciudadela y realizarla caminando, o mejor dicho casi escalando, ya que hay dos caminos, uno por la ruta del bus, y otro más corto subiendo la montaña por senderos señalizados. Nosotros optamos por la opción más corta.


Si el viaje hasta Hidroeléctrica me resultó una tortura, esta subida me hizo comenzar a sospechar que me estoy poniendo viejo. La subida fue un calvario, al punto que les indique a mis compañeros que suban y nos encontrábamos arriba, ya que ellos no lo padecieron como yo. Finalmente llegamos con unos pocos minutos de diferencia, pero con claras diferencias de integridad física.

La ciudadela Perdida.

Sin tiempo a recuperarme físicamente, sellamos nuestros pasaportes con el logo no oficial que debe alterar a los agentes de migraciones e ingresamos. Optamos hacerlo sin guía, algo que me arrepiento ya que al empezar a caminar fui comprendiendo en el increíble lugar que me encontraba y estaba deseoso por saber todo sobre esta magnífica ciudad.






Comenzamos el recorrido y rápidamente ya nos encontrábamos en el mirador donde es posible sacar la clásica foto de postal. Aunque para ello habría que esperar, ya que las nubes aún no lo permitía con claridad.

Seguimos avanzando rumbo a la casa del guardián, y de allí, por un camino que aún permite observar la selva de la montaña, hasta llegar al Puente del Inca, donde puede verse un ejemplo de la habilidad Inca para la realización de caminos, aún en lugares donde solo hay la pared vertical de una montaña y el precipicio.





Luego bajamos a observar las terrazas de cultivo y la zona urbana, el lugar en el que mejor es posible observar la delicadeza y precisión en la construcción mediante el empleo en inmensos bloques de piedra tallados, Aquí también es donde podemos observar la Intihuatana, la Roca Sagrada, El Torreón, las distintas fuentes y canales de agua, y el Templo del Cóndor, entre otras construcciones destacadas.

Luego, sin antes sacarnos la foto de recuerdo, descansar un poco junto a las llamas que pasean por el lugar, y tomarnos el tiempo necesario para no arrepentirnos de salir sin ver algo que nos interesaba, emprendimos la vuelta.







El camino es el mismo que a la ida pero en bajada, más sencillo, aunque en mi caso también realizado con un ritmo más lento que el resto de mis compañeros.

Aguas Calientes.

De regreso en el pueblo, mucho para hacer no quedaba más que esperar al día siguiente para regresar a Cusco. No hay demasiado para ver más que la pequeña Plaza de Armas donde se puede observar una estatua de Pachacutec, noveno emperador Inca y primero histórico (osea, aquellos que hay registros de su existencia terrenal), posible creador de Machu Picchu. 

Más no tiene Aguas Calientes para ofrecer dentro del pueblo. En mayoría está constituido por alojamientos y restaurantes de variados estilos gastronomicos.


El regreso

Para retornar a Cusco, nuevamente volvimos a hacer el camino de la ida pero en sentido inverso. En este caso, cerca de las 15 hs, horario en el que arriban con los turistas recién llegados, encontramos nuestra camioneta en un gran playón donde estacionan todas las agencias. En el centro del estacionamiento es donde los conductores suelen llaman a sus pasajeros a los gritos. En nuestro caso, no logramos encontrar al nuestro, ni escuchar los nombres, pero nos indicaron cual era nuestra camioneta y esperamos allí. Luego de un rato el conductor apareció, presuntamente demorado por buscarnos a nosotros. Cerca de las 3 am la camioneta nos dejó nuevamente en la Capital Inca.

Consejos a tener en cuenta:

La mayoría de los siguientes consejos son aplicables a cualquier viaje, pero me parece necesario aclararlos para evitar que les suceda lo mismo que a mí, y porque al ser Machu Picchu un destino tan concurrido, la alta oferta y demanda puede llevar a que aunque sea sin mala intención, suframos algún problema o malentendido.

-Nosotros optamos por realizar el camino con agencia ya que siendo cuatro, conseguimos un precio prácticamente igual que en buses. Esta última opción puede ser más entretenida, permitir disfrutar más del camino, viajar e interactuar con los pobladores locales. Y viajando con agencia nos ahorramos tiempo, transbordos y, no sin descartar que pueda sucedernos algo en el camino, tenemos un horario fijo de salida y regreso, que nos permite asegurarnos no tener que hacer noche en algún pueblo en el camino, y para quienes cuentan con poco tiempo, tener un itinerario mejor planificado. Yo generalmente soy de evitar agencias y prefiero los transportes locales, pero en este caso considero que ambas son válidas , con sus ventajas y desventajas.

-En caso de optar por realizarlo con agencia, recordar que como en todo Perú los precios deben regatearse. Previamente investiguen el precio del camino en buses (el cual también conocen los vendedores) y traten de buscar alternativas hasta aproximarse lo más posible. Para ello intenten dejarle en claro a los promotores de agencia que los detengan en la calle, que su intención es hacerlo en bus ya que no quieren gastar dinero extra. También recomiendo conseguir un grupo de personas que deseen viajar así logran regatear un precio grupal.

-Para obtener la entrada a Machu Picchu, pueden hacerlo con anticipación por internet, a través de agencias, o en la oficina de la Dirección General de Cultura de Cusco. Como terminó sucediéndonos a nosotros, también pueden adquirirlas en Aguas Calientes el día previo. Si deciden optar por esto último, tengan en cuenta que dependiendo el día y la época del año, pueden no conseguir. Esto no significa sea tan extremo como dicen las agencias para intentar vender. Una forma que considero puede servir de referencia para verificarlo, es ingresar la página oficial de venta de tickets (http://www.machupicchu.gob.pe) y comprobar disponibilidad en el primer paso de la reserva online. Si desean subir al Wayna Picchu los cupos son más limitados, por esto es preferible reservar con bastante anticipación, siendo a veces realizarlo varias semanas antes.

-Dirección Regional de Cultura:

Cusco: Av. La Cultura N°238 Condominio Huáscar
Horario de Atención: lunes a sábado de 8:00 A.M a 4:00 PM
Aguas Calientes: Centro Cultural ubicado al costado de la plaza de armas
Horario de Atención: Lunes a Domingo de 5:00 A.M a 10:00 PM

-Si compran la entrada en una agencia, recomiendo que pidan una copia o imagen del ticket con su nombre, para así evitar problemas una vez en Aguas Calientes, donde prácticamente no tendrán a quien reclamarle.

-Realizar la caminata desde Hidroeléctrica a Aguas Calientes es relativamente sencillo. Pero debe hacerse con precaución  al cruzar puentes, y evitando caminar por medio de las vías.

-En caso de no tener buen estado físico, realizar con tranquilidad el ascenso a las ruinas.

-Los precios de alojamientos (en Aguas Calientes) comienzan desde 25/30 soles. Son similares al promedio de Cusco, aunque en esta última pueden llegar a conseguirse por 15.

-En Aguas Calientes la comida es un poco más cara, tanto en restaurantes como en el mercado, y en supermercados. por ejemplo, productos de 3 soles en Aguas Calientes se consiguen por 3,50. Una vez arriba, en la entrada de las ruinas, se vuelven inaccesibles para un presupuesto mochilero. Recomiendo comprar agua suficiente en el pueblo.