4 de septiembre de 2017

Machu Picchu: Yo me resistía a visitarte [Enero/Febrero 2017]

La previa.

Cuando le digo a alguien que viaje a Perú, si hay algo que detesto que me respondan (y suelen hacerlo) es: ¡ah fuiste a Machu Picchu!
Parece que por esto, la primera vez que fui a Cusco, decepcioné a todos cuando respondía que a Machu Picchu no.

Aunque resulte extraño, Cusco siempre fue para mí un lugar que soñaba conocer, una especie de Meca sudamericana, en cambio la segunda un destino que prefería evitar.

En gran parte se debe a que trato de esquivar los lugares hiper turísticos. Es como una fobia que tengo a llegar a un lugar y encontrarme a miles de personas amontonadas y haciendo filas para sacarse una foto.

Quizá sea yo que llego con la mente cerrada y mal predispuesto, pero cuando me encuentro ante esa situación no disfruto, no lo logro conectarme con el lugar. Y en este caso puntual, ver como se acota un increíble país solo a un pequeño punto en el mapa, en muchos casos solo para sacarse la foto que vemos en todos lados y después decir: “Yo estuve ahí” me irrita todavía más.

Pero a pesar de esto la vez que visite Cusco y no fui a Machu Picchu, no fue por mis prejuicios, sino que varios factores intervenían, el principal era el tiempo. O esa es la excusa que pongo siempre…

Dos años después volví a la capital del Imperio Inca. Esta vez, aunque para mi era un lugar más, sabía que no podía evitar visitar las ruinas más famosas de Sudamérica ya que mis compañeros de viaje lo tenían como su destino principal. Fui sin entusiasmo, pero tengo que ser autocrítico y admitir que estaba equivocado. Tanto la experiencia de llegar hasta allá, como las ruinas de Machu Picchu son una experiencia magnífica e inolvidable, que me dejaron sin palabras. Sin dudas viajar a Perú y no visitar la “Ciudad Sagrada” es un error. Pero ojo, no es solo subir y sacarse la clásica foto con el Huayna Picchu y las ruinas de fondo, sino algo más profundo, que implica entenderlo como un símbolo ejemplificador de la increíble cultura Inca.


Llegada a Cusco.

Ni bien llegamos a Cusco, como sucedió dos años antes con otros compañeros de viaje, casi todo estuvo orientado organizar el viaje a Machu Picchu, conseguir información, entradas, transporte, etc.

Esta vez, mientras organizábamos todo, decidimos hacer los “Free tours” que ofrecen en la plaza de armas. Lo hicimos primero con un guía que a pesar de su carisma no logró entusiasmarnos mucho, y unos días después con Diego, de quien dejo su Facebook, ya que a pesar de que yo no entiendo mucho inglés, y el tour era principalmente en este idioma, lo hizo tan didáctico y entretenido que logró mostrarnos la ciudad de una manera que hace imposible no enamorarte de ella, y ni la lluvia alejó a la gente. Sin dudas, si visitan Cusco recomiendo recorrer la ciudad con él.



El camino.

Por una cuestión presupuestaria y nuestros principios mochileros descartamos llegar a Machu Picchu en tren, optando por la opción alternativa realizada por muchas personas (tal vez la mayoría), por carretera hasta Hidroeléctrica, donde se termina la ruta, y luego caminar junto a las vías del ferrocarril hasta Aguas Calientes, el pueblo que se encuentra debajo de las ruinas, y que a veces también es conocido por el mismo nombre que estas. 

Que no haya conexión directa por carretera con Aguas Calientes es intencional para controlar el flujo de visitantes a Machu Picchu, aunque también escuché varias veces que no se realiza por supuestas trabas de la empresa de ferrocarril que monopoliza el acceso en transporte.

Para nuestra sorpresa, estando en Cusco, nos detuvimos a hablar con uno de los tantos empleados de agencias de turismo, que insistió en que lo escuchemos, y logramos conseguir viajar hasta Hidroeléctrica con el servicio de transporte en minibus de la agencia, más rápido y sin trasbordos, por un precio similar al de los buses. También nos ofrecieron sacarnos las entradas, lo cual significaba que por un precio apenas mayor que el oficial ellos nos garantizaban comprar las entradas el día anterior para que no nos quedemos sin disponibilidad, y nos la entregaban una vez arribados a Aguas Calientes.

Durante el viaje de ida, la ciudad Inca que parecía saber que me dirigía hacia ella, me hizo sufrir las consecuencias de oponerme a visitarla. Salimos a las 7 am y el viaje duró cerca de nueve horas por caminos extremadamente zigzagueantes, entre rutas de asfalto y tierra y con conductores andinos confiados en conocer sus montañas, que al parecer en sus camionetas solo tienen acelerador y no freno. Para mí, por momentos es tan o más peligroso que el Camino de la muerte de Bolivia. 



Un cantante de apellido Paez dijo en una de sus canciones que lo importante no es llegar, lo importante es el camino. En mi caso esta vez lo único que deseaba era bajarme del minibus. De esas horas, por lo menos la mitad del tiempo me la pasé inmóvil, sin emitir palabra, con mareo y náuseas como nunca en mi vida. 
A pesar de esto tengo el orgullo de decir que no vomité, mientras que otros viajeros si.

Una vez abajo y recuperados, La peregrinación de personas, las vías del tren, y los carteles de prohibido caminar junto a ellas, nos indicaban que ya estábamos camino a Aguas Calientes.

La caminata fue amena, entre naturaleza y costeando el río Vilcanota. Esto hace que sea bastante accesible para la mayoría de la gente en condiciones de caminar diez kilómetros, pero se debe tener precaución al hacerlo, principalmente al cruzar los ríos sobre los durmientes del ferrocarril.








Llegada al pueblo, incumplimiento y estafas habituales al viajero.

Al llegar al pueblo, nos alojamos en uno de los primeros hospedajes que encontramos, el hostal Joe Inn, por 25 soles, precio que nos parecía razonable. Nos ofreció habitación privada con baño, wifi (que funcionaba solo en la recepción) y agua caliente, la cual salió por cinco minutos y después nunca más. Aunque esto último nos enojó bastante, me pareció bastante razonable (no por eso justificada) la explicación de la recepcionista que al bañarnos en todas las habitaciones al mismo tiempo no dábamos tiempo que el agua se caliente. En conclusión, no puedo recomendarlo y aconsejo buscar otras alternativas, pero tampoco sé si los otros de precio similar serán mejores.

Luego de la ducha de agua fría, a la hora indicada fuimos a encontrarnos con la persona que debía darnos las entradas, quien luego de revisar sus listas y hacer algunas llamadas telefónicas, nos dio dinero e indicó donde comprarlas. Nos enojamos y discutimos ya que fue una estafa cobrarnos de más por un servicio que no hicieron, pero finalmente lo único que conseguimos es que nos acompañe y saque las entradas él. Aunque como era de esperarse no nos reintegró el dinero de la comisión de la agencia indicándonos que vayamos a reclamarlo directamente en la oficina en Cusco.



La subida.

Finalmente llegó el día de la subida a Machu Picchu. Cómo no íbamos a subir al Huayna Picchu, y sabiendo que la niebla matutina impedía la buena visión, optamos por no madrugar y partir a las nueve luego de desayunar tranquilos.

Nuevamente, para completar la aventura y mantenernos fieles a nuestros principios, optamos por ahorrarnos los diez dólares del bus que sube a la entrada de la ciudadela y realizarla caminando, o mejor dicho casi escalando, ya que hay dos caminos, uno por la ruta del bus, y otro más corto subiendo la montaña por senderos señalizados. Nosotros optamos por la opción más corta.


Si el viaje hasta Hidroeléctrica me resultó una tortura, esta subida me hizo comenzar a sospechar que me estoy poniendo viejo. La subida fue un calvario, al punto que les indique a mis compañeros que suban y nos encontrábamos arriba, ya que ellos no lo padecieron como yo. Finalmente llegamos con unos pocos minutos de diferencia, pero con claras diferencias de integridad física.

La ciudadela Perdida.

Sin tiempo a recuperarme físicamente, sellamos nuestros pasaportes con el logo no oficial que debe alterar a los agentes de migraciones e ingresamos. Optamos hacerlo sin guía, algo que me arrepiento ya que al empezar a caminar fui comprendiendo en el increíble lugar que me encontraba y estaba deseoso por saber todo sobre esta magnífica ciudad.






Comenzamos el recorrido y rápidamente ya nos encontrábamos en el mirador donde es posible sacar la clásica foto de postal. Aunque para ello habría que esperar, ya que las nubes aún no lo permitía con claridad.

Seguimos avanzando rumbo a la casa del guardián, y de allí, por un camino que aún permite observar la selva de la montaña, hasta llegar al Puente del Inca, donde puede verse un ejemplo de la habilidad Inca para la realización de caminos, aún en lugares donde solo hay la pared vertical de una montaña y el precipicio.





Luego bajamos a observar las terrazas de cultivo y la zona urbana, el lugar en el que mejor es posible observar la delicadeza y precisión en la construcción mediante el empleo en inmensos bloques de piedra tallados, Aquí también es donde podemos observar la Intihuatana, la Roca Sagrada, El Torreón, las distintas fuentes y canales de agua, y el Templo del Cóndor, entre otras construcciones destacadas.

Luego, sin antes sacarnos la foto de recuerdo, descansar un poco junto a las llamas que pasean por el lugar, y tomarnos el tiempo necesario para no arrepentirnos de salir sin ver algo que nos interesaba, emprendimos la vuelta.







El camino es el mismo que a la ida pero en bajada, más sencillo, aunque en mi caso también realizado con un ritmo más lento que el resto de mis compañeros.

Aguas Calientes.

De regreso en el pueblo, mucho para hacer no quedaba más que esperar al día siguiente para regresar a Cusco. No hay demasiado para ver más que la pequeña Plaza de Armas donde se puede observar una estatua de Pachacutec, noveno emperador Inca y primero histórico (osea, aquellos que hay registros de su existencia terrenal), posible creador de Machu Picchu. 

Más no tiene Aguas Calientes para ofrecer dentro del pueblo. En mayoría está constituido por alojamientos y restaurantes de variados estilos gastronomicos.


El regreso

Para retornar a Cusco, nuevamente volvimos a hacer el camino de la ida pero en sentido inverso. En este caso, cerca de las 15 hs, horario en el que arriban con los turistas recién llegados, encontramos nuestra camioneta en un gran playón donde estacionan todas las agencias. En el centro del estacionamiento es donde los conductores suelen llaman a sus pasajeros a los gritos. En nuestro caso, no logramos encontrar al nuestro, ni escuchar los nombres, pero nos indicaron cual era nuestra camioneta y esperamos allí. Luego de un rato el conductor apareció, presuntamente demorado por buscarnos a nosotros. Cerca de las 3 am la camioneta nos dejó nuevamente en la Capital Inca.

Consejos a tener en cuenta:

La mayoría de los siguientes consejos son aplicables a cualquier viaje, pero me parece necesario aclararlos para evitar que les suceda lo mismo que a mí, y porque al ser Machu Picchu un destino tan concurrido, la alta oferta y demanda puede llevar a que aunque sea sin mala intención, suframos algún problema o malentendido.

-Nosotros optamos por realizar el camino con agencia ya que siendo cuatro, conseguimos un precio prácticamente igual que en buses. Esta última opción puede ser más entretenida, permitir disfrutar más del camino, viajar e interactuar con los pobladores locales. Y viajando con agencia nos ahorramos tiempo, transbordos y, no sin descartar que pueda sucedernos algo en el camino, tenemos un horario fijo de salida y regreso, que nos permite asegurarnos no tener que hacer noche en algún pueblo en el camino, y para quienes cuentan con poco tiempo, tener un itinerario mejor planificado. Yo generalmente soy de evitar agencias y prefiero los transportes locales, pero en este caso considero que ambas son válidas , con sus ventajas y desventajas.

-En caso de optar por realizarlo con agencia, recordar que como en todo Perú los precios deben regatearse. Previamente investiguen el precio del camino en buses (el cual también conocen los vendedores) y traten de buscar alternativas hasta aproximarse lo más posible. Para ello intenten dejarle en claro a los promotores de agencia que los detengan en la calle, que su intención es hacerlo en bus ya que no quieren gastar dinero extra. También recomiendo conseguir un grupo de personas que deseen viajar así logran regatear un precio grupal.

-Para obtener la entrada a Machu Picchu, pueden hacerlo con anticipación por internet, a través de agencias, o en la oficina de la Dirección General de Cultura de Cusco. Como terminó sucediéndonos a nosotros, también pueden adquirirlas en Aguas Calientes el día previo. Si deciden optar por esto último, tengan en cuenta que dependiendo el día y la época del año, pueden no conseguir. Esto no significa sea tan extremo como dicen las agencias para intentar vender. Una forma que considero puede servir de referencia para verificarlo, es ingresar la página oficial de venta de tickets (http://www.machupicchu.gob.pe) y comprobar disponibilidad en el primer paso de la reserva online. Si desean subir al Wayna Picchu los cupos son más limitados, por esto es preferible reservar con bastante anticipación, siendo a veces realizarlo varias semanas antes.

-Dirección Regional de Cultura:

Cusco: Av. La Cultura N°238 Condominio Huáscar
Horario de Atención: lunes a sábado de 8:00 A.M a 4:00 PM
Aguas Calientes: Centro Cultural ubicado al costado de la plaza de armas
Horario de Atención: Lunes a Domingo de 5:00 A.M a 10:00 PM

-Si compran la entrada en una agencia, recomiendo que pidan una copia o imagen del ticket con su nombre, para así evitar problemas una vez en Aguas Calientes, donde prácticamente no tendrán a quien reclamarle.

-Realizar la caminata desde Hidroeléctrica a Aguas Calientes es relativamente sencillo. Pero debe hacerse con precaución  al cruzar puentes, y evitando caminar por medio de las vías.

-En caso de no tener buen estado físico, realizar con tranquilidad el ascenso a las ruinas.

-Los precios de alojamientos (en Aguas Calientes) comienzan desde 25/30 soles. Son similares al promedio de Cusco, aunque en esta última pueden llegar a conseguirse por 15.

-En Aguas Calientes la comida es un poco más cara, tanto en restaurantes como en el mercado, y en supermercados. por ejemplo, productos de 3 soles en Aguas Calientes se consiguen por 3,50. Una vez arriba, en la entrada de las ruinas, se vuelven inaccesibles para un presupuesto mochilero. Recomiendo comprar agua suficiente en el pueblo.

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