3 de abril de 2018

Atacama. Breve viaje por el desierto más árido del mundo.

Nuestro viaje por Perú y Ecuador se acercaba a su fin, y decidimos que la vuelta a Argentina la realizaríamos cruzando el norte de Chile a través del desierto de Atacama. Por segunda vez había decidido tomar esta ruta como vía de retorno ya que a pesar de dedicarle poco tiempo hasta el momento, el desierto de Atacama es una zona que me intriga mucho y deseo explorar más en profundidad en un futuro. 

La geografía de Atacama parecería homogénea y simplista, pero entre el predominante color naranja que lo caracteriza se esconde un complejo ecosistema. Su historia  evolutiva es una muestra de ello. Investigaciones científicas indican que puede no haber sido siempre una región árida, sino que antagónicamente hace millones de años este desierto se encontraba repleto de agua ya que era parte del lecho marino del Océano Pacífico. Esta masa continental habría emergido del mar y aún conservar pruebas de ello en sus rocas. Con el paso del tiempo, distintos fenómenos meteorológicos que afectan a la zona fueron provocando que no llueva y el agua sea gradualmente absorbida por la tierra. Se calcula que en algunos sitios no llueve hace cientos de años, aunque sorprendentemente en varios de estos lugares hay acuíferos subterráneos (eso sí, a varios metros de profundidad).

Sequía, humedad, frío, calor, mar y desierto. Todo en Arica.

Para llegar a Atacama dejamos Perú atravesando la frontera que une Tacna con la ciudad chilena de Arica. El cruce de frontera se demoró varias horas por la larga espera para tomar el autobús que conecta ambas ciudades y posteriormente en los trámites fronterizos. Fue casi medio día el tiempo necesario para realizar los 60 kilómetros que separan a ambas ciudades.

Si bien el sur de Perú puede definirse como parte de la misma área geográfica, una vez en Arica ya podíamos considerarnos dentro del desierto de Atacama. Aunque esta ciudad sea el borde norte del mismo, tiene la particularidad de ser nada más y nada menos que la zona habitada más árida del planeta en el desierto más árido del planeta, poseyendo el récord de 14 años sin que caiga ni una sola gota de agua.

Pero al visitar la ciudad, contrariamente al paisaje que esperaríamos encontrar en un sitio que no llueve, un cielo generalmente nublado nos confunde haciéndonos creer que la aridez de la “ciudad de la eterna primavera” es solo un mito.

Esto se debe a que Arica como gran parte de la costa de Chile y Perú, presentan uno de los fenómenos meteorológicos que colaboran a la sequedad del desierto. Se trata de la Corriente de Humboldt, un curso de agua submarino que parte desde la Antártida y circula por la costa sudamericana del Pacífico enfriando el agua incluso a la altura del Trópico de Capricornio. Esto genera un enfriamiento de la atmósfera que provoca neblinas, un alto nivel de humedad y a su vez que el cielo se encuentre siempre con nubes, pero que no se materializa en lluvias.

Pero la rareza del clima no finaliza aquí. Estas aguas frías atraen animales de climas gélidos como pingüinos y focas que se desplazan siguiendo el curso de la corriente. Por ello si decidís visitar el desierto y apenas llegado te encontrás con nubes grises y un pingüino junto a una masa de agua tan grande como es el océano Pacífico (relativamente fría), no te sientas estafado, ¡estas en Atacama!




San Pedro y el muro de Los Andes.

Las demoras relatadas para cruzar a Chile hicieron que nuestros planes cambien. En principio pensábamos llegar a Arica poco después del mediodía y partir para San Pedro de Atacama por la noche. Pero en cambio recién a última hora terminamos nuestro periplo fronterizo, por lo que permanecimos hasta la noche siguiente para no perder la oportunidad de visitar la ciudad. Finalmente atravesamos Chile en una completa oscuridad que no nos permitió observar las regiones más centrales del desierto, pero la falta de tiempo hizo que prioricemos utilizar el día para recorrer y la noche para viajar.

Una vez en San Pedro ya nos encontrábamos en el extremo este del desierto. Así como en el oeste la corriente de Humboldt es una de las causantes de la sequedad, en San Pedro podemos observar el otro causante: La cordillera de Los Andes. Estas altas montañas hacen de muro que no dejan pasar a las corrientes de aire húmedas provenientes del Océano Atlántico que en su paso por Sudamérica irrigan el Amazonas creando inmensas selvas. Bloqueadas por el este y oeste las lluvias parecen tener el acceso vetado en esta región del mundo. 

Este pequeño pueblo es el principal punto turístico de Atacama y cuenta con diversos atractivos y actividades relacionadas con el desierto, como observar los géiseres de Tatio (el tercer campo de géiseres más grande del mundo), el Valle de la Luna y de la Muerte, así como la posibilidad de observar las estrellas como en pocos lugares del mundo debido a la baja contaminación lumínica de la zona. Aunque hay que aclarar que San Pedro no se encuentra en las zonas más áridas del desierto, sino que por el contrario es la puerta de entrada al mismo, y la aridez de la región no llega a los niveles de otras partes de Atacama.





Nosotros, que deseábamos observar el desierto, optamos por no dedicarle demasiado tiempo al pueblo y en cambio alquilar unas bicicletas para llegar hasta el Valle de la Luna. 

Emprendimos el camino con la advertencia que a las cuatro de la tarde comenzaría a llover. Si, ¡a llover en el desierto! Parecía una broma que en Arica que está frente al mar y hay nubes grises no llueve, pero en cambio sí sucede en San Pedro rodeados de valles donde el sol rasga las piedras y con el muro Andino al alcance de nuestra vista. Esta noticia no me sorprendió demasiado ya que en mi anterior paso por este pueblo el agua me había tomado desprevenido y modificó mis planes. 

Al llegar a la entrada al Parque Nacional Los Flamencos, donde se encuentra el Valle de la Luna, antes de comprar la entrada nos advirtieron nuevamente de las precipitaciones. Esta vez avisando que en caso que se vuelva intensa los guardaparques nos harían salir. Aunque faltaban quince minutos para las cuatro y con una experiencia previa similar, decidimos ingresar igual.

Al avanzar con nuestras bicicletas, si bien no nos encontrábamos en el centro del desierto donde no llueve por siglos, pudimos apreciar la complejidad de la región, donde la aridez es posible de notar en las secas piedras anaranjadas, a su vez cubiertas por sal producto de los minerales del terreno, y en el momento particular de nuestra visita, también es posible encontrar nieve y charcos de agua que demostraban la veracidad de las advertencias. Con una increíble puntualidad a las cuatro comienza a llover complicando nuestros planes. 

Estas lluvias no eran casuales ni un suceso extraño, son parte del invierno Altiplánico o Boliviano, otro fenómeno meteorológico que afecta a Atacama, generando lluvias y nevadas en la estación de verano. La lluvia en la zona más árida del mundo puede resultar una bendición para los pobladores por el aporte de la tan codiciada agua. Pero a su vez, las piedras y la tierra seca tienen poca capacidad de absorción, y cualquier pequeña precipitación en Atacama puede desencadenar inundaciones, aludes de barro, y otros problemas para los habitantes.




Continuamos avanzando hasta llegar a un puesto de control donde puede considerarse oficial la entrada al Valle, y en el cual, como fuimos avisados, nos informaron que no podíamos continuar, pero que nos permitian esperar allí hasta que el tiempo mejore. La lluvia no disminuyó sino que se volvió torrencial, por ende pasada una hora decidimos que no tenía sentido seguir esperando y era mejor volver a la oficina de información donde compramos los tickets para limpiarnos el barro y buscar el modo de retomar la visita en otro momento o intentar que nos devuelvan el dinero.

Resignados a abandonar Chile con la suerte en contra un guardaparques que llegó en su camioneta con el objetivo de hacer una revisión dentro del parque y asegurarse que no permanezcan visitantes aceptó llevarnos de acompañantes para así poder apreciar al menos un poco el valle. Lamentablemente no conseguimos explorar el sitio en profundidad, pero nos sentíamos afortunados que a pesar de la lluvia logramos recorrer el desierto.







De regreso en la oficina de ingreso el mismo guardaparques se ofreció a llevarnos nuevamente al pueblo. Allí solo pudimos dedicarnos a recorrer San Pedro ya que las inclemencias del tiempo impidieron realizar más actividades, y por la noche la nubosidad impidió ver el hermoso cielo estrellado que ofrece esta región.

Abandonamos Chile sin poder conocer el desierto con la profundidad que desearía, y el clima no nos permitió exprimir al máximo nuestro poco tiempo, pero esta experiencia fue la prueba de la heterogeneidad de Atacama y su complejidad. Sin dudas, un lugar que pide ser explorado.

Consejos útiles.

Costo ingreso Valle de la Luna (febrero 2017):

Por la mañana: 
Estudiantes 2000 pesos chilenos
Normal: 2500 pesos chilenos

Tarde: 
Estudiantes: 2500 pesos chilenos
Normal: 3000 pesos chilenos.

Formas de llegar al Valle de la Luna:

El recorrido puede realizarse alquilando una bicicleta en el pueblo o mediante un tour con alguna agencia. La ventaja de la bicicleta es el precio y la autonomía para recorrer, y que por mitad del valor de un tour, podemos aprovecharla todo el día distintos sitios. En el caso del tour tendremos un guía que nos explicará y nos llevará a los puntos principales.

Alquiler bicicletas: 
Precio promedio 4000 chilenos (alrededor de 6 dólares). Es posible conseguir algunas por 3500 el mediodía o 3000 las seis horas.

Tour Valle de la Luna: 
Entre 8000 y 10000 chilenos (alrededor de 16 dólares). Duración aproximada de tres horas.

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