23 de diciembre de 2018

Transnistria, ¿un país que existe, pero nadie reconoce?.

Vivimos en un planeta donde desde tiempo inmemoriales el ser humano trazó distintas lineas para separar a su antojo territorios. Esto siempre fue así, y pueda gustarle a algunos y a otros no, siempre pusimos fronteras para diferenciarnos de otros. 

Pero al parecer, en las últimas décadas, principalmente pasada la Segunda Guerra Mundial y con la independencia de los territorios africanos de mediados de 1900, nos fuimos acostumbrando a pensar que el mundo ya esta dividido y las fronteras fijas. Salvo "Los Balcanes" donde cada año parece surgir un país nuevo y desaparecer otro, tenemos la idea de que el mundo esta compuesto por 194 países y seguirá siendo así, más allá que algunos quieran cambiar determinada fronteras. A diferencia de los antiguos imperios que a su antojo decidían de un día para el otro conquistar nuevas tierras, actualmente a las grandes potencias esto no les resulta fácil, y nadie parecería capaz de invadir sorpresivamente un país o región y a la semana declararla propia.

Aún así, la realidad indica que no todo es tan estático como pensamos, y por ejemplo, se puede notar actualmente en Cataluña (España), o en el Veneto Italiano donde parte de su población y gobernantes quieren separarse de sus correspondientes países. Pero siempre intenta primar la idea que estamos bien como estamos y es un despropósito cambiar fronteras de países que ya están establecidos de ese modo. Lo que nos pasa por alto a la mayoría, es que en plena Europa hay ciertas regiones que no se conocen, y no tienen publicidad, que muestran una realidad cambiante, y un mundo más complejo del que pensamos.

La desintegración de la Unión Soviética, oficialmente disuelta el 25 de diciembre de 1991, supuso un cambio del paradigma mundial. Las consecuencias de esto no son el tema a detallar aquí, aunque si importa destacar que esa explosión generó que las 15 repúblicas que formaban parte de ella pasarán a ser (o en algunos casos volvieran) estados independientes. Pero la conformación de los nuevos estados no fue sencilla, y en medio de esa transición, cinco territorios decidieron que no querían ser parte de los países resultantes, sino formar nuevas repúblicas. Estos son Osetia del Sur y Abjasia dentro del territorio de Georgia, Artsaj entre Armenia y Azerbaiyán, Crimea (actualmente en disputa entre Ucrania y Rusia) y Transnistria en Moldavia. No es extraño si de todos solo conocemos Crimea (Por ser un conflicto latente en los medios de comunicación), ya que la mayor parte del mundo poco sabe sobre estos lugares.

En el caso de Transnistria, tuvo la particularidad que cuando todas las repúblicas que conformaban la Unión Soviética querían dejar de ser parte de ella, esta región de Moldavia se resistió, y quiso permanecer.

Las explicaciones son variadas, y depende de lado del Dniester te encuentres, seguramente será distinta la versión. 

Río Dniester.

Río Dniester.

Transnistria o Pridnestrovia, es un territorio ubicado entre Moldavia y Ucrania, su nombre literalmente significa detrás del Dniester, río que separa esta región del resto de Moldavia.

Este territorio en 1792 pasó de estar en manos del imperio Turco al Ruso, lo que generó una fuerte migración de pobladores de Rusia. Su cercanía con Ucrania también la dotó de habitantes de orígenes en este país, por ende aquí conviven desde ese momento Moldavos, Rusos y Ucranianos. Su arraigo a las tradiciones rusas diferencia a esta región del resto de Moldavia, que comparte raíces más cercanas a su vecina occidental Rumania. Incluso el Moldavo, lengua oficial del país, en realidad es Rumano. 

Hasta 1940 Moldavia aún no existía, y para hablar de ella antes de esa fecha tenemos que referirnos a sus dos regiones principales de la actualidad: Besarabia y Transnistria. Tras la Revolución Rusa, en 1918, Besarabia, que es la región de Moldavia que ocupa casi todo el territorio, votó unificarse con Rumania. En cambio Transnistria quedaría en la naciente URSS. En 1944/45, finalizada la Segunda Guerra, la Unión Soviética se afirma en el territorio de Besarabia, y lo unifica con Transnistria formando la Republica Socialista Soviética de Moldavia..

Con la caída de la URSS, las diferencias étnicas y culturales que diferenciaban a ambas regiones se acentuaron, ya que Moldavia comenzó una política de acercamiento a Rumania, reemplazando el ruso como idioma oficial por el rumano (o moldavo), el alfabeto cirílico por el latino y realizando insinuaciones de una posible unificación con sus vecinos. Al día de hoy esto sigue vigente, y más fuerte aún por parte de los rumanos que lo ven la unificación como positiva. 

Estos coqueteos con Rumania no fueron del agrado de las mayorías rusas y ucranianas que habitaban Transnistria. Es por ello que decidieron que era mejor seguir a su madre patria Rusia (Literalmente la consideran así), y bajo este anhelo se auto declararon independientes. 

Este hecho no fue aceptado por el gobierno Moldavo, ya que no solo era territorio lo que perdía, sino que durante el periodo de Moldavia soviética, las políticas del Soviet Central de Moscú llevaron a que la zona de Transnistria sea la que más se industrialice, mientras que en el resto del país primó la agricultura. Al poseer también Transnistria la mayoría de las centrales de energía, su declaración de independencia ocasionó grandes dolores de cabeza al gobierno Moldavo.

Es por esto que los Moldavos decidieron frenar los intentos independentistas enviando a su ejército a aplacar a los sublevados. La tarea no era fácil ya que la misma Moldavia aún estaba organizando su naciente estado, pero todo se dificultó aún más cuando se encontraron que casualmente o no, en Transnistria habían quedado varados soldados del ejército Soviético. Estos, con su colaboración en combate, ayudaron a los independentistas a obtener el triunfo sobre las fuerzas moldavas.

Si bien las tensiones continuaron, desde ese momento Transnistria siguió por el camino de la conformación de su propio país, mientras que Moldavia lo sigue considerando parte de su territorio (aunque aclarando que no poseen el control de la región). Actualmente Transnistria cumple con prácticamente todos los requisitos para ser considerado un País, o un Estado Nación, salvo el reconocimiento de los demás, aquello que llamamos la “Comunidad Internacional”. Es de mencionar que si bien Rusia brinda distintos tipos de ayuda a la región (incluso militar), tampoco reconoció a Transnistria como un país.





El viaje

Impulsados por la curiosidad y quizá el morbo de visitar este lugar fuera de los márgenes de la ley, decidimos emprender viaje hacia Tiraspol, la capital de Transnistria. Para ello abandonamos Chisinau, la capital moldava en un autobús. En la propia terminal empezó a quedarnos claro que más allá de los conflictos, ambas ciudades se encuentran bien comunicadas, y para los pobladores de ambos lados del río Dniester es algo habitual cruzar de un “país al otro”. Incluso hay un tren, que si bien su circulación es bastante limitada, conecta Chisinau con Odesa (Ucrania) que se detiene en Tiraspol.

Leer gran cantidad de comentarios sobre Transnistria, varios de ellos que la definen como el hogar de mafiosos rusos, prostitutas y ex agentes de la KGB que se hicieron mafiosos, más su estado de ilegalidad, hicieron que el momento que consideramos más difícil sea el primer paso: cruzar la frontera. Al llegar, la asistente del conductor del autobús nos llamó a los pocos turistas y nos acompañó a realizar los trámites. Llegamos a la oficina del puesto de control, la cual es prácticamente como cualquier otra del mundo, pero con la particularidad que solo hay un puesto perteneciente a Transnistria, ya que para Moldavia ambos lados son parte de su territorio y por ende no la consideran una frontera. 

A pesar de la aparente calma, el nerviosismo colmaba mi interior. No era para menos, a partir de ese momento quedaría fuera del “resguardo de la ley”, y según decían, allí podían pedirnos coimas, interrogarnos, y hasta más de uno aseguraba que los militares locales, en conjunto con la KGB, hacen desaparecer personas. Todo esto sucedería hablando en ruso ya que es la única lengua en la que se comunican. 

Pero en nuestro caso, una vez en la ventanilla todo cambió. El oficial a cargo del control de pasaportes me preguntó en ingles por cuantos días quiero la visa, respondí dos, y a continuación, me pidió el celular (que ya tenía preparado en la mano) para corroborar donde nos alojaríamos. Acto seguido, recibí un permiso similar a un ticket de supermercado para permanecer no solo los dos días que pretendíamos, sino tres, y esto acompañado con un “Welcome to Transnistria”. Fue todo más fácil de lo esperado. Estábamos dentro de Transnistria, un país que legalmente no existe, y habíamos sido recibidos de un modo más amable que en muchos países que se promocionan al mundo jactándose de ser “amigos de los turistas”.

Si bien nuestra experiencia fue buena, es difícil de negar o afirmar los rumores sobre lo que ocurre en esta región, ya que su estado de ilegalidad hace que la información sobre Transnistria sea poca, y las fuentes principalmente testimonios de otros viajeros.

Llegada: Intentando entender cómo funciona el dinero que no existe.

Un vez dentro de Transnistria, en el camino comienzan a aparecer por todos lados la bandera y el escudo del país. La primera es igual a la de la ex República Socialista de Moldavia, y el escudo se asemeja pero cambiando algunos elementos, entre ellos el nombre obviamente.





Un poco en retraso, llegamos a encontrarnos con Dimitri, el dueño de uno de los pocos hostels de Tiraspol, y anfitrión de probablemente la mitad de los turistas que desean dormir en su ciudad. Antes de ingresar al hostel (llamado Lenin Street hostel), nos acompañó a cambiar dinero, porque obviamente Transnistria tiene su propia moneda, el Rublo Transnistrio. 



Los primeros años posteriores a la independencia, los Transnistrios utilizaban los antiguos billetes soviéticos con un sello especial con la cara de Alexander Sudorov, el general que llevó adelante las batallas que permitieron a Rusia conquistar la región de Transnistria, y quien es considerado fundador de Tiraspol. 
Tiempo después comenzaron a acuñar el dinero en Polonia, pero esto no generaba demasiado placer a los moldavos, que consideraban un aval hacia los rebeldes, ni a Ucrania, ya que por su país debían pasar los camiones para llegar hasta Transnistria, lo cual también causaba que el gobierno moldavo ponga el grito en el cielo.

Pero cuando a Polonia lo acusaban de imprimir el dinero a un país que no existe, ellos afirmaban que al tratarse de una moneda no reconocida como tal, en realidad simplemente estaban realizando fichas y no monedas. Finalmente para evitar problemas con Moldavia y Ucrania, decidieron dejar de producirlas. Ante esto los Transnistrios no se quedaron de brazos cruzados, sino que crearon su propia Casa de la Moneda.

Un chiste fácil es decir que este dinero tiene igual o menos validez que el de Monopoly, y tal vez tanto no nos equivoquemos al compararlas ni los polacos al argumentar porque las producían, ya que en Transnistria hay monedas de plástico, similares a las de un juego de mesa. Hay de 1, 3, 5 y 10 rublos, todas de distinta forma y color: Rojas, verdes, amarillas y azules, redondas, cuadradas, pentagonales y hexagonales. Estas suelen ser codiciadas por los turistas como souvenir, y si bien no son difíciles de conseguir, si deseamos llevarnos algunas a casa, tendremos que estar atentos cada vez que realicemos una compra a pedir si poseen algunas, ya que en general se suelen utilizar con menos frecuencia que los billetes.

Las excentricidades del dinero transnistrio no terminan aquí. Cuentan con una moneda plástica de 3 rublos y un billete de 25, y en las monedas metálicas de menos de un rublo es posible ver la hoz y el martillo que nos recuerdan al ex dinero soviético.




Otro dato interesante es que el país cuenta con un Banco Central, el cual cada día establece el valor de su moneda. Es difícil saber que parámetros usan para fijar el valor de cambio de su divisa, ya que no es reconocida por ningún otro país, y solo tiene validez dentro de sus fronteras. Una curiosidad que nos llamó la atención es que el tipo de cambio es similar al Lei moldavo, pero por cada Lei te llegan a pagar hasta 0,995 rublos Transnistrios. ¿Acaso fijaran este valor para mostrar que tienen una moneda más fuerte que lo moldavos? Otra explicación no encuentro.

Las tarjetas de crédito tambien existen, y tampoco están exentas de curiosidades. En el país se utilizan, pero no aceptan ni visa, ni mastercard, tampoco American Express, la única tarjeta aceptada es la emitida por el Sheriff, una especie de conglomerado casi monopólico creado por ex integrantes del servicio secreto Soviético, que posee supermercados, estaciones de combustible, medios de comunicación gráficos y un canal de televisión, el monopolio de las tarjetas de crédito, refinerías, una empresa constructora, se encargan de importar autos al país, e incluso tienen su propio equipo de fútbol, que posee el único estadio de Moldavia avalado para que se disputen partidos internacionales. Tal vez parezca mucho, pero puedo asegurar que la lista sigue.

Si bien podíamos tener una ligera idea de por donde venía la cuestión, esto nos llevó a preguntarle a Dimitri ¿como funcionan los bancos de un país que teóricamente no existe y con una moneda no reconocida?. Respondió que Transnistria tiene su propio circuito bancario interno, mediante el cual pueden manejarse los ciudadanos dentro del país. Estos bancos también emiten las tarjetas de crédito, que no sólo sirven dentro de sus fronteras, sino que cuando desean pagar fuera, la misma se enlaza con un banco de Rusia y actúa como si fuera de aquel país.

Tiraspol ¿Que ver?

Como es de esperarse, en Tiraspol no abundan los turistas. Es muy difícil ver alguno caminando por sus calles, y en nuestro hostel, solo había dos personas más alojadas, que en realidad se encontraban recorriendo Moldavia como trabajo de campo para su tesis universitaria (que nada tenía que ver con el conflicto u otros temas políticos).

Parecen ser tan escasos los visitantes que en un autobús una señora mayor que cobraba los boletos, no paró de mirarnos e intentó de todos los modos posibles hablarnos en ruso durante el recorrido, casi como si fuéramos extraterrestres. A tal punto llegó la situación que en un momento que creyó no la observábamos, nos comenzó a sacar fotos con su celular. 

A su vez, si bien sabíamos que Tiraspol no era un lugar donde abundan los monumentos, museos y demás atractivos de interés turístico, habíamos llegado con la idea que que se había quedado en el tiempo, y visitarla era como volver al pasado, más precisamente a la vieja Unión Soviética. Si bien podríamos poner nuestra cámara en modo sepia y fotografiar un par de automóviles Lada junto a monoblocks de la época comunista y alguna estatua de Lenin, y así realizar un interesante álbum de fotos (imaginen las fotos de abajo con un poco de edición), la realidad es que la apariencia “retro” de Tiraspol a mi entender se encuentra más en nuestro imaginario de aquello que deseamos encontrar (y por eso nos orientamos a fotografiar todo "lo viejo"), que de la realidad. 









Hay que aclarar que es una ciudad pequeña por lo que es difícil poder compararla con otras grandes capitales, pero por ejemplo, sin intenciones de desmerecer a Moldavia, Chisinau no da un aspecto de ser mucho más moderna que Tiraspol.

Es muy posible que en el resto del país (imagino menos desarrollado que su capital) la situación se encuentre más detenida en el tiempo, como suele ser normal que casi cualquier sitio. Pero probablemente la principal razón que puedo encontrar de que quienes visitan Tiraspol propagandicen a Transnistria como el “último bastión Soviético”, sean sus emblemas y el Parlamento. Rememorando viejos tiempos, sigue llamándose Soviet Supremo, y es de los pocos del mundo que aún luce una estatua de Lenin frente a él. Aún así, intentando desmitificar esto, el gobierno mismo aclara que no son comunistas.

Viajar a Transnistria implica hacerlo por la curiosidad de visitar un lugar con las peculiaridades ya nombradas y no esperando encontrar un gran coliseo Romano, las ruinas de una civilización antigua, o un museo sin igual en el planeta.  Aunque sí podremos ver una copia de la Torre Eiffel de unos cinco metros de altura perdida entre las calles secundarias de la ciudad. 

Sin contar la copia francesa, uno de los monumentos centrales es un tanque de guerra ubicado frente al Parlamento, que conmemora el triunfo soviético en la Segunda Guerra Mundial; y una llama eterna dedicada a los que perdieron la vida defendiendo la ciudad cuando en 1941 cayó en manos de los Nazis.







El ya mencionado Parlamento y la estatua de Lenin son el otro infaltable de los lugares a visitar. Fuimos advertidos, incluso por letreros en nuestro hostel, que no intentemos sacarles fotos ya que podíamos recibir desde un reto hasta un interrogatorio de los servicios de inteligencia. Pero la tentación de tener una foto de casi lo único interesante de la ciudad, nos llevó a preguntarle a unos militares que se encontraban cerca. Ellos nos miraron sorprendidos, como si le hubiésemos realizado una pregunta estúpida y afirmaron que sí, con cara de ¿por qué no podrían?. Aún así, no se si solo fue suerte o actualmente hay una tolerancia mayor a los turistas curiosos.

En su calle principal, 25 de Octubre, es posible ver un pequeño edificio con dos banderas, se trata de las embajadas de Osetia del Sur y Abjasia, los otros estados no reconocidos que apoyan sin fuerza alguna el reclamo de Transnistria. No serán las únicas banderas que veremos por Tiraspol, sino que varios mástiles se encuentran en varios puntos de la ciudad, cada uno de ellos con una bandera más irreconocible que la otra.




Finalmente, si hay algo de lo que se enorgullecen los Transnistrios es la fábrica Kvint, una de las empresas fabricantes de brandy más famosas del mundo. Si se organiza, es posible visitarla.

¿Cómo viven en un país que no existe?

Para sus ciudadanos, vivir en un país así es complejo, ya que por ejemplo, algunos llegan a tener dos, tres, e incluso cuatro nacionalidades, y por ende pasaportes. Además de la no reconocida nacionalidad Transnistria, que solo les sirve dentro de sus fronteras, todos tienen al menos otra: Ya sea Moldava, Rusa o Ucraniana. 

Dimitri nos contó también que una persona técnicamente podría casarse más de una vez, ya que como su matrimonio en Transnistria carece de reconocimiento, también podrían hacerlo en otro sitio utilizando su nacionalidad “oficial”. Tal vez esto para algunos puedan parecer ventajas, pero no todo es así, ya que por ejemplo Tiraspol posee una universidad Nacional, pero para quien se gradúa, no es tan sencillo justificar que posee un título emitido por una universidad de un país que no existe.

Otro dato curioso de la educación es que los niños desde la escuela elemental aprenden en Ruso, y el moldavo se enseña como segunda lengua. Pocas son las escuelas de enseñanza moldava, no más de cinco o seis, y allí los alumnos no solo aprenden en moldavo, sino que también estas fomentan la nacionalidad moldava y sus raíces Rumanas. Como es de esperarse, estas escuelas se encuentran sostenidas por el gobierno de Moldavia, y al parecer los gobernantes Transnistrios parecen agobiarnos y cada tanto cerrarles los establecimientos.



En el plano político Transnistria parece jugar a dos puntas. Por un lado intenta estrechar aún más los lazos con  su “Madre Patria” Rusia y son como sus niños mimados, pero al mismo tiempo buscan ser reconocidos como país y acercarse a Europa y la Unión Europea.

Es el resto de Europa un claro ejemplo de que en realidad todos hacen su propio negocio, ya que si bien nadie (ni siquiera Rusia) se anima a aceptar a Transnistria como país, así como Polonia le acuñaba las monedas, distintos países hacen uso de los beneficios de tenerlos como socios. Por ejemplo, Transnistria posee industrias textiles, que venden sus artículos a la Unión Europea y, aunque su estatus de ilegalidad hace que se vean obligados a poner etiquetas que diga “Made in Moldavia” (y sus compradores lo saben), no parecen ser muchos quienes se quejen, ya que a todos les cierra el negocio.

Muchísimo se puede hablar de este lugar. Aunque tal vez la pregunta más difícil de responder es si Transnistria es un país o no. Tienen sus emblemas propios, instituciones administrativas y de poder, un gobierno, leyes propias, ejército, fronteras definidas, emiten su dinero y pasaportes, etcétera. Tal vez lo cualitativo es el hecho que una parte importante de su población considera que deben ser un país. Y quienes no lo piensan así es porque posiblemente tengan raíces moldavas. 

En una región con tantos movimientos, es muy difícil tomar un bando y decir quién tiene razón. Moldavia puede argumentar en su reclamo que Transnistria les corresponde ya que era parte del país en la época soviética, aunque los Transnistrios podrían decir en su defensa que previo a la creación de la Moldavia Socialista se encontraban separados y que quien quiso abandonar la URSS fue Moldavia y no Transnistria. Ni hablar de remontarse a más de un siglo atrás. El problema más allá de las discusiones políticas entre dirigentes de ambos países (o regiones) es que quienes quedaron en el medio fueron los habitantes, ya que en pocos meses se formó una barrera militar que actúa de frontera, y quienes se encontraban cercanos a ella quedaron divididos de sus familiares y vecinos, y en muchos casos con parte de sus terrenos en el “otro país”.

Aún así dan vuelta muchos fantasmas alrededor de este lugar. Se pueden implementar argumentos tanto para avalar su reconocimiento como no. Moldavia reclama que los Transnistrios se consideren moldavos, cuando ellos mismos están más cerca de sentirse rumanos. A su vez, saben que si meten un pie en Transnistria se las van a tener que ver con Rusia. Los Rusos avalan y ayudan pero no brindan el reconocimiento oficial. Es un gran misterio que traman para esta región (si es que traman algo) y eso hace que los rumores sean de los más variados. La Unión Europa, tiene a Transnistria en su lista de “zonas en conflicto” pero parecen más interesados en sacar provecho de este lugar que de resolverlo. Y el resto del mundo ni siquiera sabe que existe Transnistria. La realidad es que Transnistria existe, aunque nadie quiera admitirlo. Y al parecer, no hay nadie muy dispuesto a terminar con el conflicto, sino que a todos parece servirle el status de este “País que no existe”. 


2 comentarios:

  1. Muy interesante. La pregunta es: Al bajarse del bus desde Chisinau ¿En dónde está la aduana? ¿En la misma terminal o en otro lugar? ¿Se ven personas atravesando caminando el puente entre Bender y Tiraspol?

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    1. Hola muchas gracias. En el caso de ir por tierra (osea en bus), el control está unos kilómetros antes de llegar a la ciudad de Bender (Tighina). Allí es como cruzar una frontera normal pero solo hay control por parte de Transnistria, ya que para Moldavia no existe ninguna frontera. En el caso de viajar en tren, el control lo realizan cuando uno se baja en Tiraspol.

      Nosotros no vimos gente cruzando caminando. En general se cruza en transporte público o vehiculo propio, aunque no seria raro que crucen caminando ya que en teoría Bender como Tiraspol son parte del mismo país. Eso si, entre ambas ciudades hay unos seis kilómetros de distancia, por lo tanto imagino que no son muchos los que lo caminan (tal vez si para llegar a los pueblos intermedios).

      Al menos por lo que nosotros pudimos ver y hablar con la gente en el poco tiempo que nos permitió el visado, para ellos es normal hacer el trayecto de Chisinau a Bender/Tiraspol, ya sea para ir al aeropuerto o a trabajar, por lo tanto la frontera para muchos es una simple formalidad.

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