Dormimos una noche en el Sahara: La verdad sobre los tours del desierto [Marruecos Ep. 15]
Llegó el momento más esperado de todo el viaje: Después de semanas recorriendo el país de norte a sur, finalmente nos adentramos en el majestuoso desierto del Sahara. Sin embargo, la experiencia tuvo de todo: desde momentos de pura adrenalina hasta dilemas éticos que nos hicieron replantearnos las cosas, pasando por un campamento que no era exactamente lo que esperábamos.
Fieles al estilo de este canal, les contamos el lado B de los tours al desierto.
Safari improvisado en 4x4 (a falta de seguridad, buena es la velocidad)
El plan original del tour indicaba que debíamos llegar al campamento a caballo de los camellos, pero debido a un gran retraso organizativo de la agencia, tuvimos que hacer el primer tramo metidos en la caja de una camioneta 4x4.
No sabemos si fue para compensar el tiempo perdido o para darnos un susto divertido, pero los conductores nos llevaron volando a toda velocidad por las crestas de las dunas. La experiencia fue increíble y nos dejó cargados de adrenalina, aunque si sos de los que buscan normas estrictas de seguridad... bueno, digamos que acá brillaron por su ausencia (¡y dos compañeros de excursión se llevaron un buen golpe en la espalda!). Gracias a este "rally" logramos coronar una duna alta justo a tiempo para presenciar un atardecer único en el mundo. No fue íntimo ni romántico (había docenas de turistas con trípodes y cámaras alrededor), pero ver el sol caer sobre la arena del Sahara es un espectáculo que te marca para siempre.
El dilema de los camellos y la caminata al amanecer
Al bajar de la duna, llegó el momento de subir a los camellos para el último tramo nocturno. Acá queremos ser súper honestos: no la pasamos bien. Aunque respetamos la cultura local y el hecho de que el dromedario sea su medio de transporte histórico, no nos sentimos cómodos usando animales para entretenimiento turístico. Ya habíamos intentado contratar un tour que no los incluyera, pero nos aseguraron que en los paquetes de 3 días era obligatorio.
Por eso, a la mañana siguiente plantamos posición. A pesar de las dudas del guía, decidimos hacer el camino de regreso caminando a la par de los camellos. Fueron unos 3 kilómetros sobre la arena fina mientras el sol empezaba a asomar. Caminar enterrándote a cada paso es un ejercicio durísimo y cansa un montón (ahí entendimos por qué los guías insisten tanto en que te subas al animal), pero tomándole el ritmo a las huellas marcadas se hizo más llevadero. Para nosotros, ver el amanecer con los pies en la arena valió cada gramo de esfuerzo.
El campamento "de descarte" y el show para turistas
Al llegar a la zona de las carpas por la noche, nos llevamos una sorpresa. Mientras que en el camino veíamos hermosas jaimas blancas (las tiendas de campaña típicas) de aspecto moderno, a nosotros nos asignaron unas carpas negras de tela de arpillera bastante básicas al fondo de todo. Entre bromas, asumimos que por haber llegado últimos nos tocó el sector de "descarte". Además, la carpa era compartida entre cuatro personas (por suerte, con baño privado para el grupo).
Tras la cena, los guías organizaron el clásico show de tambores, cantos y bailes bereberes alrededor de una fogata bajo las estrellas. Es una actividad que se siente 100% armada para el turismo y le falta cierta autenticidad, pero entendemos que es la forma más accesible de experimentar el desierto para los que venimos de afuera.
Balance final de un mes en Marruecos
Con los ojos llenos de arena y bastante cansancio acumulado, nos subimos a la camioneta para encarar el larguísimo viaje de regreso a Marrakech para tomar el avión a casa.
Este mes en Marruecos fue una montaña rusa absoluta. Nos costó adaptarnos a la intensidad de ciudades caóticas como Marrakech o la laberíntica Fez, a tener que esquivar estafas en las curtiembres o a lidiar con el regateo y la insistencia constante de los vendedores. Pero si ponemos todo en la balanza, nos quedamos con lo hermoso: la magia azul de Chauen, la historia viva de Volubilis, el misticismo de Mulay Idrís, la paz de Rabat, la autenticidad de Salé, la comida espectacular, los miles de gatitos callejeros y, sobre todo, la amabilidad de tanta gente buena que nos cruzamos en el camino.
Marruecos es un país intenso, magnético y fascinante al que, sin dudas, planeamos volver. ¡Gracias por habernos acompañado en esta aventura de 15 capítulos!
Mirá el video completo haciendo click en este enlance, acompañanos durante la noche en el Sahara y dejanos en los comentarios cuál fue tu destino favorito de todo este viaje! 🐪🔥✨
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