3 de julio de 2013

San Nicola de Bari, y la leyenda de Papá Noel.

Mientras recorro la ciudad de Bari, un dato me llamó la atención: A pesar de contar con una Catedral, esta no es la principal iglesia de la ciudad, sino que lo es la Basílica de San Nicola. No se porque, ni de donde lo sabia, pero cuando me comentaron esto, mi respuesta fue: "¡Claro, por San Nicola de Bari!".


San Nicola, pero ¿Por qué de Bari?

Muchas veces habremos escuchado, ya sea por su figura religiosa, por el nombre de alguna ciudad o calle, sobre "San Nicolás". Así como también, la leyenda cuenta que cada veinticinco de diciembre, un tal Papa Noel (para los hispanohablantes), viaja con un trineo remolcado por renos, de casa en casa, realizando regalos a los niños.

También sabrán que así como se lo denomina Santa Claus, otro nombre que lleva es el de San Nicolás. Llamativamente la leyenda del Santo y Papa Noel, hablan de una misma persona, Nicolas, un Obispo que vivió en Turquía entre el siglo III y IV.

Nicolás, nació en Asia Menor alrededor del año 270 D.C. Llegó a convertirse en Obispo de la ciudad de Mira (Turquía), mismo lugar donde murió en el año 342. Por una serie de hechos y milagros que se le atribuyen (tanto en vida como después de muerto), se convertirá en uno de los santos más populares de la edad media.

En Oriente comienza a ser conocido como "San Nicolás de Mira", justamente por la ciudad de la actual Turquía donde murió. En cambio, en Occidente, lo conocemos como "San Nicolas de Bari", ya que luego de su muerte, ante la invasión musulmana en Turquía, un grupo de cristianos decidió trasladar en secreto sus restos hasta la ciudad de Bari, donde se dice que se encuentran hasta el día de hoy.


De Santo religioso, a amante de los niños.

Por un hecho que ocurrió durante la vida de Nicolás, comenzará a resaltar su figura por sobre la de otras personas y obispos. Según la tradición, un hombre muy pobre (Algunas versiones hablan de un noble que quedo en la ruina) tenia tres hijas, las cuales no podían casarse ya que él no contaba con el dinero suficiente para entregar la dote. Éste tomó la decisión de que ellas comiencen a prostituirse para obtener el dinero. Al enterarse de esta situación, Nicolás, en secreto, comienza a entrar por la ventana de la habitación de las jóvenes, dejando monedas de oro en sus medias. Un día, es descubierto por el padre de las jóvenes, quien se encargara de difundir la buen obra de Nicolás.

Luego de muerto, su leyenda seguiría creciendo. Al parecer, hubo tres generales de un ejército condenados a muerte de manera injusta, quienes invocando al santo, lograron que éste se apareciera ante el prefecto y el emperador Constantino para defenderlos, logrando que fuesen liberados. 

De esta historia, derivó otra según la cual tres pequeños que, después de pedir hospitalidad a un carnicero, fueron descuartizados y puestos en un saladero por éste, acabarían resucitando por intervención de San Nicolás. 

Si bien, no es posible comprobar que alguna de las historias sea cierta, se cree que la segunda deriva de la primera, al interpretar imágenes y esculturas de manera errónea, confundiendo a los tres prisioneros  de los cuales sus cabezas emergían de una torre cortada por la mitad (así se representaban a los cautivos, durante la Edad Media) con niños dentro de una cuba (visible principalmente en la escultura del museo Soignies de Bélgica).

Con el paso del tiempo, estas historias se afianzarían en la creencia popular, y a Nicolás se lo comenzará reconocer como una persona de gran simpatía hacia los niños, que aún de anciano, se dedicaba a viajar y repartir juguetes entre ellos para la fecha de navidad.


La costumbre de realizar regalos el 25 de diciembre.

Pero a diferencia de lo que muchos creen, la costumbre de realizar regalos a los niños no comienza con este santo turco, sino que proviene de distintas tradiciones paganas, entre ellas de la antigua Roma, donde a mediados de diciembre se realizaban fiestas religiosas en honor a Saturno. El 25 de diciembre, fecha en la que finalizaban las mismas, se efectuaba la tradición de repartir los obsequios.

Esta costumbre, tomaría distintas formas dependiendo donde se realice, y distintas figuras se encargaban de repartir los regalos. Por ejemplo, los niños italianos, recibían sus obsequios de la bruja Befana. Según la leyenda, ella barría su casa cuando pasaron los Reyes Magos, que se dirigían a Belén, al verla, la invitaron a ir con ellos, pero se negó. Al arrepentirse de su acción, decidió salir a repartir regalos a los niños del mundo, con el objetivo de ser perdonada.

En el País Vasco, quien llega desde el bosque con los regalos es un gigante llamado Olentzero, acompañado por carboneros, duendes, y campesinos de barba blanca (ver odiseaporelmundo.com). Un tronco "mágico", llamado Tió o Tió de Nadal en Cataluña y algunas zonas de Aragón. Y en ciertas zonas del centro de Galicia se oye la leyenda del Apalpador, que llegaba el día de Navidad a palpar las barrigas de los niños, dejando castañas a los niños más delgados (para que engordaran) y carbón a los mejor alimentados (para que calentaran la casa).

Al expandirse el cristianismo, lo haría sobre las bases de muchas costumbres paganas. Entre ellas, los obsequios a los niños. Y junto a esto, comienza la expansión de la figura de San Nicolás como portador de los regalos. Ya en el siglo XVI los niños dejaban un zapato junto a la chimenea, que antiguamente, era el símbolo del vínculo entre los dioses y los humanos. Creyendo que si los dioses se dirigían a ellos a través de la chimenea, también San Nicolás lo haría por este medio. Además, como se hacia bajo las costumbres paganas, se cantaban canciones para complacer a San Nicolás.

La fiesta de San Nicolás, llegará a Nueva York (en aquella época Nueva Amsterdan). Donde el nombre fue derivando de San Nicolás, Sinterklaas o Sinter Klaas (En Holandés) hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes. Aquí, mediante una primer transformación, dejaria sus ropas de obispo y el caballo blanco para llegar en un corcel volador.


Mientras esta costumbre iría tomando fuerza, se produce una transformación definitiva de San Nicolás en Santa Claus. Ocurrió el día 23 de diciembre de 1823, con la aparición de un poema en un diario de Nueva York, titulado "Un relato sobre la visita de San Nicolás" (Recién en 1862, se supo que lo había escrito Clement C. Moore). En este poema resalto el aspecto "mágico" de San Nicolás y lo hizo más creíble. Cambió el trineo tirado por un caballo volador por uno tirado por renos. Lo describió como un tipo alegre, rechoncho y de pequeña estatura, asimilándolo a un gnomo. Y lo más decisivo, fue que Moore situó la llegada de Santa Claus, en la víspera de Navidad



UNA VISITA DE SAN NICOLÁS

Autor: Clement Clarke Moore
Traducido por Jhon Monsalve

Era la noche de Navidad, un poco antes de las doce,
A la hora en que todo está en calma, hasta los ratones.

Habíamos colgado nuestras medias en la chimenea,
Para que San Nicolás las encontrara cuando llegara.

Acurrucados y abrigados bajo las sábanas,
Los niños, juiciosos, estaban durmiéndose.

Mi mamá y yo, con nuestra ropa de dormir,
Acabábamos de apagar la vela,
Cuando afuera, un ruido de campana,
Me hizo salir rápidamente de la cama.

Fugaz como una flecha hacia la ventana,
Escruté la inmensidad del cielo estrellado.

Sobre la nieve, la luna brillante,
Iluminaba la noche como si fuese el día.

Abrí mis ojos, y aparecieron a lo lejos
Un trineo y ocho renos no más grandes que una mano,
Dirigidos por un pequeño y alegre personaje:
Era San Nicolás, yo lo sabía.

Sus corceles volaban como si tuvieran alas.
Y les cantaba, con el fin de animarlos:
« ¡Vamos, Tornado! ¡Vamos, Bailarín! ¡Vamos, Furia y Vestido!
¡En Cometa y Cupido! ¡Vamos relámpago y Trueno!
¡Directo a ese porche, hacia ese muro!
¡Vamos, vamos, mis amigos! ¡Al triple galope!”.

Similares a las hojas muertas, llevadas por el viento,
Que suben hacia el cielo para superar los obstáculos,
Los renos volaron hasta  mi cabeza,
Con el trineo, los juguetes y San Nicolás.

Poco después oí sobre el techo resonar algo,
El pisoteo fogoso de sus pequeños zuecos,
La ventana estaba cerrada, y me volteé
En el preciso momento en que San Nicolás salía de la chimenea.

Su abrigo de piel, sus botas y su gorro
Estaban un poco sucios por la ceniza y el hollín.

Sobre su hombro, un saco lleno de juguetes
Le daba la apariencia de un extraño vendedor.

Tenía los cachetes rosados, unos hoyuelos encantadores,
Una nariz como una cereza y unos ojos brillantes.

Una boca pequeña que sonreía todo el tiempo,
Y una barba larga de un blanco muy puro.

De su pipa iluminada y atrancada entre sus dientes,
Subían en torbellino volutas de humo.

Tenía el rostro alegre, y su vientre redondo
Saltaba cuando reía, como un pequeño balón.

Era tan regordete, tan cachetón, este travieso duende,
Que no pude aguantar la risa, ni tapándome con la mano.

Pero con un guiño de ojo y una señal de la cabeza,
Me hizo comprender que yo no corría ningún peligro.

Luego sin decir una palabra, pues él tenía afán,
Se apresuró a llenar las medias, hasta el fondo
Y se despidió poniéndose el dedo en la punta de la nariz,
Antes de desaparecer en la chimenea.
Oí el silbido de su tripulación,
Juntos se fueron como una pluma en el viento.

Antes de desaparecer, San Nicolás gritó:
“Feliz Navidad y feliz Noche Buena para todos”

Posteriormente, el dibujante Thomas Nast se encargaría de añadir más detalles a la historia. Nast ubico el taller de Santa Claus en el Polo Norte, vestido de rojo, con gorro y botas altas. A esta altura, Santa Claus, ya poco tenía ya que ver con San Nicolás de Myra y Bari. 


San Nicolás sólo sobrevivirá en Holanda, donde inicialmente se lo representaba vestido con ornamentos eclesiásticos, con barba blanca, montando en un burro, y llevando un saco con regalos para los niños buenos, y un manojo de varas para los malos. Posteriormente, hacia el siglo XVII, solía llegar en un barco desde España, esta vez con un caballo blanco, y acompañado por su sirviente Zwarte Piet (Pedro el Negro), encargado de llevar un saco lleno de golosinas, que era lo suficientemente grande como para meter en él a todos los niños que se habían portado mal durante el año y se los llevaban a España (un castigo horrendo para la época, ya que estaban en guerra con este país). 

De Estados Unidos el mito de Santa Claus, volvería transformado a su lugar de origen, extendiéndose rápidamente por todo Europa, incluyendo los Países Bajos, donde en navidad se sigue celebrando tanto al original San Nicolás como al convertido Santa Claus. En Gran Bretaña tomaría el nombre de Father Christmas o Padre Navidad. De ahí pasaría a Francia, en donde adoptaría el nombre de Père Noël o Papá Navidad, del cual deriva Papá Noél, como se lo conoce en España y gran parte de Hispano-américa

La transformación de San Nicolás en Santa Claus se produjo incluso en la ciudad turca de Demre (antiguamente Myra). San Nicolás es el santo más importante de la Iglesia Ortodoxa Rusa, motivo que llevó a que el gobierno ruso en el año 2000 regale a la ciudad una escultura de bronce representándolo. La misma fue situada en un lugar central de una plaza frente a los restos de la iglesia medieval de San Nicolás. Pero en 2005 decidió que la figura de Papá Noel atraería más turistas, llevando a que la escultura de San Nicolás a un lugar mas modesto.

Algunos datos más.

Coca Cola, y la forma definitiva.

El último momento de inflexión importante en la evolución iconográfica de Santa Claus tuvo lugar con la campaña publicitaria de la empresa de bebidas Coca-Cola, en la Navidad de 1930. Como cartel anunciador de su campaña navideña, la empresa publicó una imagen de Santa Claus escuchando peticiones de niños en un centro comercial. Aunque la campaña tuvo éxito, los dirigentes de la empresa pidieron al pintor sueco Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. El artista, que tomó como primer modelo a un vendedor jubilado llamado Lou Prentice, hizo que perdiera su aspecto de gnomo y ganase en realismo. Santa Claus se hizo más alto, grueso, de rostro alegre y bondadoso, ojos pícaros y amables, y vestido de color rojo con ribetes blancos, que eran los colores oficiales de Coca-Cola. El personaje estrenó su nueva imagen, con gran éxito, en la campaña de Coca-Cola de 1931, y el pintor siguió haciendo retoques en los años siguientes.


El festejo actual en Holanda.

La Fiesta de San Nicolás (en neerlandés: Sinterklaas) se celebra cada 5 de diciembre en los Países Bajos, y el 6 de diciembre en Bélgica y en algunas antiguas colonias neerlandesas. En menor medida se celebra también en Luxemburgo (como Kleeschen), Austria, Suiza, Alemania, Polonia y en la República Checa (como Mikuláš).

Según la tradición, San Nicolás viene de España, y todos los años desde 1934 (excepto en el año 1944) llega a las costas holandesas en un barco de vapor, y una vez desembarcado monta en un caballo blanco llamado Amerigo y viene acompañado de unos ayudantes de raza negra llamados Pedritos los Negros (en neerlandés: Zwarte Pieten), que lanzan pepernoten (unas galletas) a la gente. Se trata de una de las tradiciones más importantes de Holanda, la llegada en barco de Sinterklaas se retransmite en directo por la televisión holandesa.

Tras la rebelión de las provincias holandesas contra la Corona española, los predicadores calvinistas intentaron eliminar la festividad de San Nicolás, al considerar que contenía demasiados elementos paganos. Sin embargo sus esfuerzos no tuvieron éxito, debido a que la fiesta era extremadamente popular incluso entre la población protestante.

Pedrito el Negro.

San Nicolás no trabaja solo: le acompaña un criado que recibe el nombre de Pedrito el Negro (en neerlandés: Zwarte Piet), que porta el saco de los regalos y desciende por las chimeneas de las casas para dejar los regalos en los zapatos de los niños. 

Hasta la Segunda Guerra Mundial San Nicolás tenía un único ayudante. Tras la liberación de los Países bajos por tropas canadienses, los soldados extranjeros ayudaron a organizar la primera fiesta de San Nicolás de la posguerra. Sin atenerse demasiado a la tradición, pensaron que si un Pedrito el Negro era simpático, un gran grupo de ellos sería aún mejor. Desde entonces son varios los Zwarte Pieten (plural de Zwarte Piet) que acompañan a San Nicolás.

San Nicolás "viene" de España.

Según la tradición, San Nicolás no viene de Asia Menor, sino de España. Esta confusión se debe a que luego de que los restos mortales del santo fueron trasladados a Bari, más adelante la ciudad pasaría a formar parte del Reino de Nápoles, que fue conquistado en 1442 por Alfonso V de Aragón. Por lo tanto, pasó a pertenecer a Aragón y después a España, hasta el siglo XVIII. Al ser, por entonces, Bari una ciudad española, surge la tradición según la cual San Nicolás viene de España.
San Nicolás es además conocido en España como patrón de los marineros. Por eso llega a los Países Bajos siempre en un barco de vapor.

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