14 de octubre de 2015

Valle sagrado. Día 3: Tipón, Pikillacta y llegada a Pisaq.

Seguimos nuestro avance por el Valle Sagrado de los Incas. No solo continuamos aumentando nuestra distancia con el Cusco, sino que también avanzaría mi sorpresa y admiración por su cultura y la gran habilidad constructora Inca.

Esta vez optamos por abandonar el hostel de Cusco, y tomar nuestras mochilas para así pasar la noche en donde nos encontremos al atardecer. Nuestro rumbo se orientó hacia el sureste, empezando por las ruinas de Tipón, ubicadas a 20 kilómetros de Cusco. Muchos intentan vender un tour bajo la excusa de no haber buses que conectan ambos lugares, pero nos indicaron que alejándonos un poco del centro de la ciudad, más precisamente en los alrededores del mercado de Wanchaq, por 1,5 soles podíamos abordar alguna minivan que se dirija a Oropesa y bajarnos en Tipón. Efectivamente fue así, y esta nos dejó en la iglesia del pueblo, aunque las ruinas se encuentran 2,5 km más arriba. 

Ni bien nos bajamos de la minivan comenzaron a ofrecernos taxis que por 5 soles nos dejarían en la puerta de entrada al parque, pero los rechazamos y decidimos subir caminando. Llegar a pie no es difícil, ya que lo hicimos por el borde de la carretera asfaltada, pero cargábamos nuestras mochilas, lo que significó una tarea un poco más ardua.

Basta solo con ingresar al predio para ver el sector construido más extenso de las ruinas, una serie de terrazas de cultivo que a diferencia de otras, poseen una superficie considerablemente más amplia. Algunos creen que podrían ser un laboratorio agrícola con una función similar a Moray. En total son 13 terrazas más algunas laterales menores, que al mejor estilo Inca se encuentran atravesadas por un magnífico sistema de canales que permite aún día mantener un abastecimiento continuo de agua en todo el complejo. Esto no fue una sorpresa, ya que veníamos de conocer el día anterior Tambomachay, con su acueducto misterioso, pero aquí se amplían considerablemente las dimensiones del sistema.







Muchos analistas internacionales consideran a Tipón una maravilla de la arquitectura hidráulica, Caminar entre los primeros andenes es suficiente para ver los canales y varias vertientes, pero el sistema continúa por varios kilómetros montaña arriba hasta los manantiales. Todo el sistema está desarrollado de manera que distintos desniveles y anchuras de los canales permiten aumentar o disminuir la velocidad de caída del agua. Incluso en algunos tramos para corregir los desniveles naturales de la montaña se realizaron muros de varios metros de altura por donde circula el acueducto, y así poder controlar el ángulo de caída del agua para obtener un ritmo constante.

Luego de recorrer las terrazas, subimos a la zona urbana para ver las viviendas y las Qolqas, unos depósitos utilizados para el almacenamiento de las cosechas y distintos insumos utilizados por los pobladores. Quedaba bastante por ver, ya que Tipón es un complejo grande con varios senderos, pero decidimos volver para así seguir nuestro recorrido por el Valle.







Regresamos al pueblo y mientras esperábamos en la ruta el bus hacia Pikillacta, aprovechamos para comer uno de los animales típicos de Los Andes (y para mi de los más curiosos), un roedor llamado “cuy” o cobayo.

Ni bien entramos al restaurante nos encontramos con un horno de barro junto al cual había acumulada una pila de cuises pre cocidos. El plato consistía en un cuy acompañado con rocoto relleno, papas y fideos por 25 soles, con la posibilidad de pagar 5 soles más por guarnición y compartir el cuy. Éramos tres para comer el roedor, pero al verlo en el plato, mi amiga Ayelén desistió por la impresión que le causó el animal servido con su cabeza incluida. A decir verdad, su sabor no me resultó desagradable, aunque sí por su pequeño tamaño es difícil de comer y extraer la carne de los huesos. Una mención especial merecen los rocotos rellenos, que al no atreverse mis amigos me comí los tres que nos sirvieron, pero ni varios litros de agua podían aplacar el picor. Sin dudas, no apto para paladares sensibles.


Terminamos de comer y tomamos otro bus esta vez rumbo a Pikillacta. Aunque fue un tramo similar en distancia que de Cusco a Tipón, esta vez nos cobraron 2,5 soles.

Como dije al principio, mientras más avanzábamos en el Valle Sagrado, más aumentaba mi sorpresa. De manera casual, cada nuevo lugar que visitamos sumaba algún elemento nuevo que en mi opinión lo volvía más atractivo y complejo que los anteriores.

Aún así, Pikillacta, el anteúltimo lugar que logramos visitar durante nuestro viaje fue el que por algunas de sus particularidades, me dejó hipnotizado.

Esta antigua ciudad tiene la particularidad de ser una ciudad que no fue creada por los Incas, sino por una cultura anterior, los Wari. Esta surgió en los alrededores de Ayacucho y se fue expandiendo hasta cubrir casi toda la costa y los Andes Centrales de Perú.




Pikillacta en quechua significa ciudad/lugar de pulgas. Se cree que este no fue el nombre original, y pudo surgir como manera despectiva de llamarla por parte de sus conquistadores, o incluso se maneja la teoría que por una invasión de pulgas los habitantes abandonaron la ciudad, y de ahí el nombre.

Los Wari diseñaron la ciudad aproximadamente en el siglo Vll, y se especula que estuvo habitada por 300 años. Aún faltaban algunos siglos para que comenzara a desarrollarse el Imperio Inca.

Es por esto que al verla nomás se puede notar una clara diferencia con las construcciones Incas en las piedras de los muros. Estos están realizados con piedras más pequeñas y unidos con barro a diferencia de los Incas que no suelen utilizar ningún tipo de adhesivo.



Me sorprendió la altura de las paredes (en algunas partes de doce metros de altura) que muchas corresponden a construcciones de dos pisos. Estos, observados desde arriba muestran la perfecta geometría rectangular de la ciudad, con cuadrados interiores correspondientes a las habitaciones y demás construcciones internas.

Otro aspecto que llama la atención a arqueólogos e investigadores es la falta de artefactos y utensilios de uso diario, haciendo sospechar que la ciudad fue abandonada de manera organizada y la gente se llevó sus pertenencias. Este proceso de manera similar pudo ocurrir en todo el Imperio Wari, llevando a su desintegración.




Regresamos a la carretera donde comenzamos preguntar cómo llegar hasta Pisac, donde decidimos pasar la noche. Primero tomamos un bus en dirección a Oropesa, aunque nos bajamos en Huarcapay ya que hay un cruce de rutas, Desde allí viajamos hasta el pueblo de San Salvador en una camioneta con 22 pasajeros donde nos tocó ir parados, en mi caso con la cabeza doblada, mientras un niño, en alusión a nosotros y sin perdernos la vista un segundo, le preguntaba a la madre porque viajaban con unos gringos. 

Es arriba de este bus donde comenzamos a transitar junto al río Urubamba (también conocido como Vilcanota), de gran importancia en el Valle Sagrado al nutrir sus tierras y encontrarse próximo a ciudades como Pisac, Ollantaytambo e incluso Machu Picchu. Una vez en San Salvador, un últimos bus nos dejaría en Pisac. Las escalas fueron varias, pero demostraron que a pesar de lo que digan para vendernos algo más, casi siempre hay una opción para movilizarse como los locales.

Al llegar a Pisaq, habiendo caminado unas pocas cuadras, una desagradable “bendición” cayó sobre mí. Al parecer se realizaba la celebración del jueves de comadres (o eso me explicaron), por lo que la gente se tiraba con agua y demás elementos carnavalescos.  Pero al parecer vieron pasar turistas, y optaron por tirar alguna sustancia residual del cuerpo humano, que lamentablemente me baño solo a mí. Llegué al hostel con un penetrante olor, y la risa cómplice del recepcionista, quien afirmaba que era solo agua.

Aún era de día, pero tarde para subir a las ruinas, por esto decidimos descansar y recorrer el pueblo, con su clásico mercado y negocios orientados al turista por doquier. Al día siguiente, una larga caminata me esperaría.


Precios:

Comida:

Cuy con rocoto relleno, fideos y papas: 25 soles, adicional 5 soles por cada guarnición extra.

Pasajes:

Bus Cusco - Tipón: 1,5 soles.

Tipón - Pikillacta: 2,5 soles.

Pikillacta hasta el cruce de ruta en Huarcapay: 0,5 soles.

Huarcapay - San Salvador: 2,5 soles.

San Salvador - Pisac: 1,5 soles.

0 comentarios:

Publicar un comentario