24 de octubre de 2017

Guayaquil, la perla del Pacifico.

Llegamos a Ecuador sabiendo que teníamos una semana para recorrerlo. Si bien es uno de los países más pequeños de Sudamérica, su riqueza natural y cultural hacen que aún realizando un gran recorte, resulte una tarea casi imposible acotarlo a tan poco tiempo. Lamentablemente esto iba a significar dedicarle poco tiempo a cada lugar, y que inevitablemente terminemos necesitando diez días para completar el recorrido..

Al comenzar desde el sur, el primer destino fue Guayaquil, ciudad que sin ser la capital del país (Quito) es la más poblada, y por una diferencia mínima de tres km2 con Quito, también es la de mayor superficie. Si no fuera por existir en el mundo países más pequeños que esa diferencia entre una y otra, diría que no hay desigualdad de tamaño entre ambas ciudades.


Desde el momento de la llegada, la terminal terrestre de autobuses demuestra por qué sus ciudadanos, gobernantes y promotores del turismo hablan de ella con orgullo. Para el nivel que encontramos habitualmente en Sudamérica, se ubica sobre la media: Centros comerciales bien ubicados, variedad de lugares donde comer, amplios espacios donde sentarse con tomacorrientes para recuperar energía en nuestros aparatos electrónicos (quizá no suficientes aunque más que en otras), WiFi, e incluso buena conexión de buses hacia el centro de la ciudad y otros puntos. No tuve la oportunidad de conocerlo, pero dicen que el aeropuerto no se queda atrás.

En cuanto al clima, en verano, época de nuestra visita, el calor combinado con la humedad se hace sentir intensamente. Aún habiendo pasado varios días desde que abandonamos Los Andes para viajar por la costa, en Guayaquil la ropa de invierno fue guardada sin que se nos pase por la cabeza en lo más mínimo llevar alguna en la mochila “por las dudas”. Por las calles, incontable cantidad de vendedores ofrecen botellas de agua a 25 céntimos, precio menor al de los negocios.

A su vez, para nosotros que veníamos de Bolivia y Perú, en esta zona costera de Ecuador, las diferencias culturales son significativas, las tradiciones Andinas casi no se logran observar, cambia la gastronomía, y por momentos, sentarse en el KFC del malecón, y pagar en dólares hacen sentir que abandonamos Latinoamérica. Rápidamente recordamos donde estamos al encontrarnos en el menú con plátano maduro frito o galletas moncaiba.

Guayaquil desde el momento de su fundación en 1547 actuó como un importante puerto, siendo aún donde se concentra más del 70% del comercio portuario privado y la ciudad que más ingresos le genera al país. Esto es posible ya que cuenta con la ventaja geográfica de encontrarse a orillas del río Guayas y el estero Salado que desembocan en el golfo de Guayaquil


A su vez, la ventaja portuaria también la volvió un blanco constante de piratas que la saquearon e incendiaron en varias ocasiones. Si lo deseamos, en nuestra visita por la ciudad podemos realizar un recorrido en el “Barco del pirata Morgan”, una réplica de la nave utilizada por Henry Morgan, un pirata Inglés que su nombre solo es utilizado como herramienta turística ya que nunca llegó a Ecuador, menos a Guayaquil, pero durante algunos años sembró el terror saqueando islas de Centroamérica y el Caribe. Tiempo después, los ingleses nos darían motivos para asociarlos con el término “piratas” al brindarle la Corona Británica el título de Sir (Caballero) y nombrarlo Teniente Gobernador de Jamaica.

En 1822 la ciudad sería protagonista de uno de los hechos más importantes de la historia del continente: El Encuentro de Guayaquil. Este fue la reunión de José de San Martín y Simón Bolívar, los dos principales líderes de la independencia continental, el primero avanzando desde el sur del subcontinente, y el segundo desde el norte.

En este encuentro se decidió principalmente como continuar la lucha y que modelos de gobierno implementar. También, luego de ella San Martín se retiró dejando el liderazgo de la lucha a Bolívar. Si bien saldrían a la luz cartas que aparentan contar la verdad de la reunión, lo dialogado en ella sigue siendo para el imaginario colectivo un enigma, incluso siendo sostenido por reconocidos historiadores que la entrega del mando por parte de San Martín fue en obediencia a grados y rangos jerárquicos masónicos. 

En el Malecón 2000 se encuentra un monumento conmemorativo al encuentro de libertadores. Ahí también podemos ver la pintoresca Torre Morisca también denominada simplemente “torre del reloj” y si nuestro presupuesto nos permite, subir a dar una vuelta (¡literalmente una!) en La Perla, una noria o “vuelta al mundo” a orillas del río Guayas. Quienes subieron a ella afirman que de día la vista es hermosa sin embargo no dudan en recomendar subir por la noche.




Al ser Guayaquil nuestro primer destino en Ecuador, comenzamos a notar la posibilidad de aplicar literalmente y sin necesidad que sea peyorativamente, el término “País bananero”, pudiendo encontrar tanta variedad de plátanos y bananas como nunca jamás imaginamos que existían.

Es por ello que no dudamos en probar el bolón de verde, una bola frita de plátano verde con queso y/o chicharrón (tocino de cerdo frito en su propia grasa) consumida habitualmente en el desayuno.


Guayaquil también me sorprendió por la forma en que el urbanismo se combina con la naturaleza, pudiendo encontrarnos en plena ciudad con espacios verdes como el Malecón del Salado, o el Parque Seminario, frente a la neogótica Catedral de la ciudad, donde abundan las iguanas que conviven con las personas que las visitan, y quienes sostienen que los dinosaurios evolucionaron en aves, podrán regocijarse al ver cómo estos reptiles interactúan con las palomas con las cuales comparten hasta las copas de los árboles. Allí también podemos observar un estanque con tortugas acuáticas, e incluso dentro del parque cruzarnos con alguna simpática ardilla.






A solo media hora de la ciudad, es posible visitar el bosque protector Cerro Blanco con trescientas especies entre mamíferos, aves, anfibios y reptiles, siendo la figura destacada el mono aullador, quien emite un sonido posible de escuchar a cinco kilómetros. También podemos alquilar un bicicleta en el centro y dirigirnos a la isla Santay a realizar eco turismo.


Si deseamos volver al asfalto podemos caminar por el barrio Las Peñas mientras subimos los 444 escalones del Cerro Santa Ana hasta llegar a su cima y encontrarnos con el faro de la ciudad y los antiguos cañones para defenderla. En el camino por Las Peñas abundan los bares y restaurantes, principalmente por la noche la zona se convierte en el lugar de estilo bohemio elegido por los turistas que visitan la ciudad.






Si bien el tiempo que estuvimos fue suficiente para echarle un vistazo general, al ser una ciudad con heterogeneidad de actividades a realizar, Guayaquil me dejó con ganas de seguir explorandola, y recorrer sus áreas naturales que rodean las zonas urbanas.

Datos de interés:

Tiempo necesaria para recorrerla: Un día muy intenso o dos relajados para conocer el Malecon 2000, Malecon del salado y presenciar el show de luces, barrio Las Peñas/Cerro Santa Ana y Parque Seminario. De tres a cinco sumando la Isla Santay, Bosque Protector Cerro Blanco y alguna actividad más.

Precio de La Perla de Guayaquil: lunes a viernes 3,5u$s la vuelta, fin de semanas 5 u$s.

Precio alquiler bicicleta para Isla Santay: 4 u$s por 3hs.

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