9 de enero de 2014

Caerdydd, Cymru. (o más conocida como Cardiff, Gales) [Agosto 2013]

Luego de un mes y tres semanas, abandone Londres e Inglaterra, para dirigirme a Cardiff. No sabia mucho sobre las tierras galesas, más que la gran cantidad de castillos que poseen, y que aquí vivían los desaparecidos druidas.
Esta ciudad, durante la revolución industrial, llego a ser muy importante por su producción de carbón. El cual, aprovechando la situación portuaria de la misma, era distribuido de allí al mundo.
Aún arriba del bus, Cardiff comenzó a indicarme que no fue una perdida de tiempo visitarla. Apenas llegado a la ciudad, frente a la terminal de buses y trenes, encontré el estadio Millenium, donde, si bien también se juega al fútbol, su principal uso es para el deporte más popular del país: El rugby. Allí, en el año 1999, se realizó el mundial de dicho deporte, y actualmente se pueden observar en los alrededores mosaicos alegóricos a los equipos participantes, y los nombres de los jugadores. Dicho sea de paso, ese mundial fue histórico para Argentina, ya que por primera vez pasó la primera ronda, llegando a los cuartos de final, y termino con el maximo goleador de la competencia, Gonzalo Quesada.






Una primer caminata me permite observar que a pesar de Gales ser parte del Reino Unido, aquí, a diferencia de Inglaterra, no flamean las “Unión Flags”, sino las banderas verdes y blancas, con el legendario dragón Galés.
Distinto de lo que imaginaba, en el mismo centro de Cardiff se ubica el castillo de la ciudad. El mismo, comenzó siendo un fuerte Romano emplazado a mediados del siglo I. A partir del año 1091, con la conquista de la región por parte de los Normandos, comenzara a ser reconstruido y tomar su forma actual. Basta con verlo, para imaginarse el motivo por el cual se eligió ese lugar para su emplazamiento. Luego de atravesar la gran muralla, una colina se presenta como nuevo reto para aquellos invasores deseosos de tomar posesión del castillo.






Aunque la antigua fortaleza monárquica es realmente hermosa, me contente con mirar desde afuera ya que pagar las 9,50 libras que cuesta el ticket (reducido para estudiantes, sino son 11 libras) se encuentra fuera de mi presupuesto. A decir verdad, no me arrepiento, si esta ciudad, así como todo el país, se caracteriza por su cantidad de castillos, tal vez pueda conocer algunos sin gastar mi dinero en el más turístico.
El castillo y sus largas murallas sobresalen, en una de las capitales menos pobladas de Europa, la cual no pareciera ser más que una pequeña y tranquila ciudad. Lagos artificiales y varias iglesias se encuentran distribuidos por Cardiff, la mayoría con un característico estilo medieval celta, ya sea con torres cuadradas, o redondas.





El país me recibió con una intermitente pero intensa lluvia. Para mi sorpresa, en el momento que más fuerte era, estaba en las puertas del museo Nacional de Cardiff. Primero lo utilice para protegerme de la lluvia, pero no solo es gratuita la entrada, sino que muy amablemente me permitieron dejar la mochila grande en un lugar seguro. Ante estas dos posibilidades, decidí recorrerlo, y a decir verdad, merece la pena. En él hay muestras de pintura, una sección dedicada a las ciencias naturales, donde entre otras cosas, hay huesos humanos y de animales, y se reproducen figuras a tamaño real de Mamuts y otros interesantes animales. Otras salas, se dedican a contar tanto la evolución geológica, como la historia de las tierras celtas.








Aquí termine de comprender que me encontraba fuera de Inglaterra. Al dirigirme al mostrador de información turística, le pregunto al recepcionista si hablaba español o italiano, para mi sorpresa, responde con orgullo: No, ¡pero hablo ingles! Claro, él era Galés, y esa su primer lengua...
Sorprendentemente, a pesar de la cercanía con su vecino país angloparlante, y ser parte del Reino Unido, si bien en Gales se habla el ingles, se mantiene una lengua celta muy antigua como el galés. Esta es la principal de aproximadamente el 22% del país. Al ser lengua oficial, la mayoría de los carteles se encuentran escritos en ambos idiomas. Por ejemplo, en Galés, Cardiff se escribe Caerdydd, y Gales es Cymru.












Empapado, llegue a casa de David y Garrett, mexicano y gales respectivamente, quienes me alojaron durante mis días en la ciudad. El primer día cenamos con una pareja inglesa, ¡increíblemente, en mediodía en Gales hablé con dos ingleses, en cambio en siete semanas en Londres, solo con uno!. Según ellos, los galeses son personas mucho más cálidas y predispuestas a hablar que los ingleses. No se si esto es así, pero quizá por esto, en Londres conocí muy pocos Ingleses.
Debo admitir, que mi falta de contacto con Angloparlantes en Londres, hizo que lamentablemente no pueda perfeccionar mi ingles, y me vea obligado a recurrir a David como traductor de la mayor parte de las conversaciones.
Al día siguiente, me dedique a recorrer más en profundidad el centro, (algo que realmente mucho tiempo no lleva) y la bahía de Cardiff, un lugar con mucha vida durante los fines de semana.
La bahía, según me comentaron, fue modificada para poder utilizarla como puerto, ya que años atrás, cuando la marea bajaba, en esa zona solo quedaba fango.








Al regreso, con David y Garrett salimos en su auto a visitar los alrededores. Como sabían que soy estudiante de historia, fuimos a ver unas construcciones neolíticas. En todo Gales, los restos arqueológicos pueden ser visitados aunque se encuentren en un terreno privado. Aquí, estos restos tan antiguos abundan, y afortunadamente están abiertos al publico de forma gratuita. Estos, se encuentran señalizados, con carteles, y en buen estado de mantención.





Aunque solo estuve un día y medio, fue suficiente para ver la ciudad. Salvo que se desee visitarla en profundidad, y recorrer las zonas aledañas, en ese tiempo se puede conocer bastante de esta capital de apenas 320.000 habitantes
Datos de interés
Desde Londres, se puede llegar de diversas maneras a Cardiff. Existen tanto servicios de bus como tren. El primero es más económico, y conecta ambas ciudades en menos de cuatro horas.
La ciudad es bastante pequeña. Si bien existen buses y trenes urbanos, tranquilamente se puede recorrer caminando.
Tanto en Cardiff, como en el resto de Gales, por más que se encuentren en un campo privado, los restos neolíticos (a veces solo piedras sin una forma aparente) se pueden visitar gratuitamente. Se encuentran distribuidos por todo el país y existen muchos mapas que indican su ubicación, pero visitarlos sin automóvil, o sin un local, puede ser complicado.