20 de septiembre de 2018

Mercados de Barcelona.

Sant Josep

Entre tantas actividades que ofrece la ciudad, sin dudas, un infaltable a la hora de visitar Barcelona es visitar sus mercados. El más importante es Sant Josep, más conocido como “La Boqueria”. La historia de este mercado es muy curiosa, ya que hasta 1835 en ese lugar funcionaba el convento de Sant Josep (San José). Pero ese año una gran revuelta contra la iglesia ocurrida en las comunidades de Cataluña y Aragón, hizo que este y muchos otros edificios religiosos de la ciudad sean destruidos. 

El municipio decidió montar allí una plaza, y poco tiempo después autorizó a los vendedores ambulantes de la zona para colocarse en ella temporalmente. Posteriormente se decidió que la plaza podía ser utilizada como emplazamiento definitivo para los comerciantes. Para ello en 1840 se inició a construir un techo que proteja a vendedores y consumidores de la lluvia. Este año es el que se considera la fundación de La Boqueria ya que es cuando puede considerarse al mercado como permanente.






El mercado comenzó vendiendo productos agrícolas, pero con el pasar de los años fue creciendo y ampliando la variedad de alimentos. Hay quienes dicen que en él es posible encontrar lo que se desee, ya que en la actualidad, si bien predominan los productos españoles, la variedad de alimentos se expande fuera de las fronteras del país.

Tanto creció este mercado que terminó convirtiéndose en el más importante de Barcelona. Actualmente son 240 los puestos y más de cincuenta mil los clientes que lo visitan diariamente. Entre ellos, muchos restaurantes importantes de la ciudad realizan sus compras en él.

Cabe destacar que si bien siempre existieron restaurantes o puestos de venta de comidas elaboradas, en los últimos años la masificación de La Boqueria como atractivo turístico hizo que cada vez sean más los negocios que ofrecen productos preparados para venderle al visitante que quiera degustar.






La Boqueria se convirtió en un emblema de la ciudad, y no es para menos esta distinción, ya que realmente la calidad de los productos que se comercializan allí es notable. Pero esto, más su cercanía a la Rambla, hizo que sea cada vez mayor la cantidad de turistas en él y se encuentre repleto de visitantes durante todo el día. Por el prestigio del lugar y la masificación de turistas obviamente los precios se elevan un poco, y también, si bien la esencia del mercado sigue estando, el aspecto de mercado barrial es imposible de percibir.

Santa Caterina

Es por ello que si deseamos visitar un mercado donde aún es posible ver la cultura catalana y a los vecinos del barrio realizando sus compras diarias, el lugar a visitar es el Mercado de Santa Caterina.

Éste nació de un modo similar a La Boqueria, con la diferencia que Santa Caterina sería una consecuencia del otro, ya que ante la destrucción del monasterio de Santa Caterina ocurrida durante los Bullanges de 1835 (Nombre con el que denomina a esa revuelta anticlerical), el gobierno decidió imitar el ejemplo de Sant Josep y montar otros mercados en distintos puntos de la ciudad para ayudar a los habitantes de Barcelona.

En su interior prima la tranquilidad y la posibilidad de poder caminar sin el abarrotamiento de gente de La Boqueria. En él escucharemos hablar en Catalán a los vecinos del barrio que realizan sus compras y difícilmente veremos carteles “ayuda turistas”  en inglés. También aquí tendremos la posibilidad de degustar alimentos típicos como el jamón, fiambres en general, ostras, etc. por un precio más accesible que en La Boqueria.

Finalmente, un aspecto a destacar es su arquitectura modernista, principalmente su colorido techo, que puede verse desde el suelo, pero fue diseñado para lucirse visto desde el aire. Basta con buscarlo en el Google Maps para comprobar cómo se distingue de los edificios que lo rodean.






Mercado del Born

En este caso, en el mercado del Born no encontraremos productos alimenticios, sino que este espacio se autodenomina un “mercado de cultura”. Y actualmente es más fácil identificarlo con el nombre de Centro Cultural El Born.

Este centro cultural es muy reconocido en Barcelona, y probablemente quien haya estado en la ciudad lo conozca al menos de nombre. En su interior se preservan los restos arqueológicos de un barrio medieval de Barcelona denominado La Ribera, del cual un importante sector que incluye los restos ubicados en el interior del Centro Cultural, fue derribado en 1714 por órdenes del rey Felipe V.

Pero este gran edificio de hierro (el primero de su estilo en Barcelona) nació en 1876 para albergar al mercado del barrio. Así funcionó hasta 1920 cuando lo convirtieron en un mercado central mayorista de frutas y verduras. En 1971 dejaría de cumplir esta función y fue considerada la posibilidad de derribarlo. Finalmente esto no ocurrió y luego de varias décadas analizando proyectos para su uso futuro, en el año 2003 se decidió convertirlo en centro cultural, y en 2013 fue inaugurado.






Consejos viajeros

Si se encuentran interesados por la gastronomía, la Boqueria es un lugar que más allá de su alto nivel de turistas, no se puede dejar de visitar. Pero si deseamos probar los productos clásicos regionales y nacionales a un mejor precio, es mejor ir a comprar a Santa Caterina. 

En los mercados y tiendas de fiambres de la ciudad suelen vender conos con trozos de jamón, por ejemplo Pata Negra, Ibérico, etcétera. Si deseamos probar pero nuestro presupuesto es limitado, en Santa Caterina los restos pequeños que sobran de los cortes que realizan suelen conservarlos separados y venderlos al peso. Estos son vendidos a un precio que puede llegar incluso a la mitad del valor del mismo producto si lo compramos recién cortado de la pieza de jamón. Tal vez puede contener más restos de grasa, pero estaríamos degustando mismo producto y sin gastar demasiado dinero. 


11 de septiembre de 2018

Diez curiosidades sobre Bélgica y su capital Bruselas.

1- Pequeño pero trilingüe.

Bélgica es uno de los países más pequeños de Europa. Si lo comparamos con otros países, su territorio entraría 16 veces en España y 21 veces en su vecina Francia. Su superficie es apenas más grande que la provincia Argentina de Misiones, la tercera más pequeña del país. Pero si tenemos en cuenta la densidad de población, posee el triple de habitantes por kilómetro cuadrado que los estados Europeos antes mencionados, y 23 veces más que Argentina, que posee una densidad de 16 habitantes por km2 contra 372 de Belgica.

A través de su historia estos territorios pasaron por muchas manos, entre ellos el Antiguo Imperio Romano, reyes Españoles y austriacos. Antes de lograr su independencia, se encontraba bajo dominio de los Países Bajos (Holanda) y previamente de Francia.

De manera proporcional a su tamaño, se divide apenas en tres regiones. Pero a pesar de esto, en Bélgica se hablan tres lenguas distintas, y todas son consideradas oficiales. 

La mitad norte corresponde a la región de Flandes. Allí se habla el Flamenco o Neerlandés (denominación oficial), como su país vecino, los Países Bajos (mal denominado Holanda). Al sur se ubica la región de Valonia, que limita principalmente con Francia, y la lengua hablada es el Francés. En el centro se encuentra la tercer región del país: Bruselas capital. Como su nombre lo indica, aquí está Bruselas, la capital del país. Esta región se encuentra “rodeada” de Flandes, por lo que históricamente su lengua es el Neerlandés, pero en el último siglo la capital fue poblándose con Francoparlantes, y estos pasaron a ser mayoría. Por esto, y por ser la capital del país, se convirtió en una ciudad que oficialmente es bilingüe. Una tercer zona lingüística se encuentra al este, dentro de Valonia, y aquí el idioma predominante es el Alemán, aunque esta lengua corresponde solo al 1% del país.



En el caso de las regiones, Valonia es más grande que Flandes, ocupando la primera alrededor de un 55% del territorio y la segunda un 40%, pero por el contrario, Flandes posee casi el doble de población que Valonia. Las fuerte influencias Francesa y Holandesa durante su pasado fueron forjando un país prácticamente dividido en dos, que hasta la actualidad mantienen una paridad que hacen que el país se mantenga unido pero bajo la aceptación y convivencia de dos culturas distintas.

2. Monjes expertos en Cerveza.

Es probable que si se le pregunta a una persona promedio sobre Bélgica, en caso de tener algún conocimiento sobre este país, una primer asociación que haga será con la cerveza o las papas fritas. Si es así, esta persona no estaría demasiado equivocada.

Con respecto a la bebida mencionada, los belgas tienen una larga tradición en su producción. Curiosamente los primeros lugares que se dedicaron a elaborarla fueron las abadías y monasterios, donde los monjes en principio la realizaban para consumo personal, y posteriormente, viendo que esto era un negocio rentable que podía ayudar a la mantención de sus templos, comenzaron a comercializarla.

Estos irían elaborando cada vez mejores productos y creando nuevas variedades que lograron que la cerveza Belga comience a destacarse por su calidad. A pesar que muchas de las marcas originalmente realizadas en monasterios fueron vendidas a empresas multinacionales, aún son trece los que siguen produciendo sus propias cervezas. Muchas de ellas consideradas entre las mejores del mundo, entre estas la cerveza estilo trapiche, producida por los monjes trapenses.


Pero su tradición cervecera no solo se limita a los centros religiosos. En Bélgica desde el año 1308 existe un gremio de cerveceros, que en Bruselas en particular es el único que hasta la actualidad tiene el privilegio de seguir manteniendo su edificio sindical en la Grand Place, la plaza principal de la ciudad. En él funciona el “Museo de la cerveza”. 

También es sorprendente la variedad que encontramos a la hora de ir a comprar, ya que en el país existen más de mil marcas de cerveza. No importa si es un gran supermercado, uno pequeño, o una simple tienda de recuerdos, es habitual encontrarse que ofrecen más de cien variedades distintas.


Pero si comprar una simple cerveza en un almacén puede llevar horas, ni hablar de lo complicado que resulta la elección cuando vamos a beber a un bar. Por ejemplo, en Bruselas se encuentra el “Delirium Café”, que tiene el récord Guinness por ofrecer más de 3000 variedades de cervezas de todo el mundo.

Finalmente, para terminar de comprender la obsesión de los Belgas por la cerveza es necesario aclarar que cada marca tiene un vaso con una forma e insignia particular donde debe ser servido su producto.


3- Frites y Gaufres.

En Bélgica no inventaron la cerveza, pero sí se adjudican ser los creadores de una de las comidas más consumidas del mundo: las papas fritas.

Si bien junto a Francia se disputan su invención, los belgas cuentan que en el siglo XVII o XVIII durante un periodo de frío extremo, un río importante de la región de Valonia, el Mosa, se encontraba congelado y no permitía pescar. Como reemplazo los pescadores decidieron cortar las papas como si fueran peces pequeños y freírlas del modo que cocinaban a estos animales.


Actualmente, Según los propios habitantes, las papas fritas están tan arraigadas a la tradición gastronómica del país que en algunos hogares es normal comerlas diariamente. Incluso en la ciudad de Brujas se encuentra el único museo del mundo dedicado a las papas fritas.

Según cuentan, el nombre por el cual son conocidas en el mundo, French fries, vendría originado producto de una confusión. Esto se debe a que soldados estadounidenses que se encontraban luchando en la Segunda Guerra Mundial, recibieron de pobladores locales francoparlantes las papas cocinadas de este modo. Al parecer estos soldados habrían escuchado a los locales hablar en francés y por ende, asumiendo que se encontraban en aquel país le asignaron este nombre. Pero en realidad se encontraban en la región de Valonia, ubicada al sur de Bélgica, donde el francés es la lengua nativa.

Por este motivo, si viajas a Bélgica y queres comer papas, no se te ocurra pedir unas “French fries”, allí simplemente son “fries” o “frites”. 

Más allá de su origen, hay que destacar que los belgas son verdaderos especialistas en la cocinar papas fritas. Su secreto está en una doble cocción, primero con aceite vegetal a baja temperatura, y posteriormente en grasa vacuna o de buey con fuego más fuerte. Este proceso genera que sean crocantes por fuera y blandas en su interior. Luego suelen ser servidas en conos de cartón que absorben el exceso de aceite y acompañadas de salsas como mayonesa o tártara.


Desde el siglo XIX en todo Bélgica existen las famosas friteries que se destacan por realizar papas fritas, aunque en rigor de verdad, estas son el producto más vendido pero estos comercios fríen en aceite prácticamente todo lo que podamos imaginar.







También Bélgica se siente identificada con los Waffles o gofres, los cuales fueron inventados en Europa durante la edad media, aunque es poco probable que haya sido en Bélgica. Aún así éste país hizo evolucionar la receta incorporándola a la gastronomía local de una manera tan arraigada que las tiendas de waffles se encuentran diseminadas por todo el país y en algunas ciudades es difícil caminar más de cien metros sin cruzarse con una. 

Cabe aclarar que en Bélgica no existe un solo tipo de Waffle, sino dos: El de Bruselas y el de Lieja. Este último muchos lo consideran “el original” ya que su receta es la volvió al waffle de Bélgica un icono a nivel mundial.

También existen infinidad de productos para ponerle encima, como helados, chocolate, frutas, crema, etcétera, aunque la forma tradicional (y no turística) de comerlos es simplemente solos o con azúcar espolvoreada. 






Entre los dulces típicos cabe destacar a los Belgas como grandes productores de chocolate, afamados a nivel mundial principalmente por sus pralinés o bombones. La creatividad de los artesanos del chocolate hace que las vitrinas de las chocolaterías parezcan galerías de arte donde cada una expone sus mejores obras. El dato curioso que haría al chocolate de Bélgica tener un apartado en este artículo, es que los Belgas se consideran los inventores del praliné o chocolate relleno y las cajas de regalo para envolver los bombones. Pero son datos que quien escribe no puede terminar de confirmar, y por eso no tienen un lugar destacado en esta lista.



4- Comics “Made in Belgica”.

También Bélgica se destaca por realizar algunos de los cómics (y futuros dibujos animados) más famosos del mundo. En general más de uno se sorprenderá al saber que provienen de este pequeño país.

El primero de ellos es Las aventuras de Tintín, creado por Georges Remi, más conocido como Hergé. Este cuenta las aventuras de un periodista que viaja por el mundo para conseguir noticias junto a su inseparable perro Milú.



El segundo es Lucky Luke, de Maurice de Bévère, alias Morris, que trata sobre las aventuras de un “cowboy” que recorre Estados Unidos enfrentando al crimen.

http://hero.wikia.com/wiki/Lucky_Luke

Y tal vez lo que más sorprenderá, es que los pequeños duendes azules conocidos como “Los Pitufos” también fueron producidos en Bélgica. Comenzaron siendo un cómic creado por Pierre Culliford o Peyo y posteriormente obtendrían fama mundial a nivel televisivo cuando la productora estadounidense Hanna Barbera (actualmente Cartoon Network) compró los derechos para realizar la serie animada.

Un dato no menor es que el famoso guionista de historietas René Goscinny, famoso por crear Asterix y Obelix, realizó parte de sus trabajos en Bélgica, colaborando con los guiones de Lucky Luke.


5- Sede del Parlamento Europeo.

Bruselas, junto con Estrasburgo (Francia), son las sedes del Parlamento Europeo donde se realizan las sesiones plenarias. O sea donde transcurren los debates políticos de la Unión Europea a través de los Eurodiputados de cada país. 

En Bruselas en particular se llevan a cabo las reuniones de comisión y las sesiones plenarias adicionales. Esto significa que al menos una vez al mes la ciudad se llena de políticos de todo el bloque europeo que deciden la política de 28 países. 

El edificio de la Unión  Europea cuenta con la particularidad de poseer un centro de visitas denominado Parlamentarium, donde es posible informarse sobre la historia del parlamento y la Unión Europea. También la visita incluye el ingreso al hemiciclo donde se llevan a cabo las reuniones.



En el mismo predio también se encuentra un impresionante museo de cinco plantas sobre la historia de Europa denominado "House of European History". El mismo es tan variado que difícilmente no logre captarnos la atención al menos una exposición. Además en él ofrecen de manera gratuita tablets con guías audiovisuales que hacen muy llevadera la visita. Estas guías, como el resto del Parlamento, son ofrecidas en los 24 idiomas oficiales de la Unión Europea.







6- Estatuas poco pudorosas.

Nadie sabe con exactitud su origen, pero Bélgica posee una de las estatuas más peculiares del mundo: El Manneken pis, el cual básicamente representa a un nene orinando. Para que no queden dudas en su interpretación, su nombre en idioma Flamenco (o Neerlandés) significa “hombrecito que orina”.

Varias son las leyendas sobre su significado, entre ellas, la más difundida dice que la estatua es un homenaje a un niño que durante un asedio contra Bruselas, orinando sobre las cargas explosivas del enemigo, logró detener un ataque sorpresa que hubiese abierto un hueco en las murallas de la ciudad.


Este monumento es tan querido por los bruselenses que periódicamente realizan ceremonias donde visten al Manneken pis, quien ya tiene más de 800 trajes diferentes. También en algunas ocasiones se reemplaza el agua que “orina” por vino, cerveza o alguna otra sustancia.

También el Manneken tiene a su hermana: la Jeanneken Pis. A diferencia del niño, ésta estatua es moderna, y fue creada por Denis-Adrien Debouvrie en 1985 . 

Si faltaba más, en los últimos años, para completar la trilogia, por las calles de Belgica tambien es posible ver al Zinneke Pis, en este caso el que orina es un perro. Esta estatua fue creada por Tom Frantzen en 1998, aunque su cercania con la calle hizo que en 2015 el perro sea atropellado por un auto, y posteriormente restaurado por el autor.


7- Atomium.

En Bruselas no solo las estatuas son particulares. Al mejor estilo “Torre Eiffel”, se decidió hacer una megaestructura para utilizar como pabellón principal de la Exposición Universal de Bruselas de 1958. Para ello eligieron realizar un átomo de hierro ampliado 165.000 millones de veces que cuenta con una altura de 102 metros. 



















Con el paso del tiempo, Atomium (nombre con el que lo bautizaron) fue atrayendo gran cantidad de turistas y terminó convirtiéndose en un símbolo de la ciudad. Si bien en su interior se realizan exposiciones, la mayor parte de la gente solo visita su exterior para sacarse una foto con este átomo gigante.



8- Ascensor público junto al gigante Palacio de Justicia.

Otra particularidad de Bruselas es que posee un ascensor público que conecta el barrio de Marolles con el Palacio de Justicia. Este fue creado para que la gente pueda de manera gratuita conectar dos áreas de la ciudad separadas por el desnivel del terreno. Además el lugar es digno de visitar porque, producto de la elevación que hace necesario el ascensor, ofrece una de las mejores vistas panorámicas de Bruselas.


















También el Palacio es un edificio a tener en cuenta, ya que al momento de su construcción en 1883 supo ser el edificio más grande (en superficie) de la historia, siendo superior a la Catedral de San Pedro en el Vaticano.

Otro dato llamativo es que el Palacio suele verse lleno de andamios y en constante reparación, esto se debe  a que por el peso del edificio y la inestabilidad del terreno tiene que estar permanentemente apuntalado.




9- Bandera poco comprensible.

En Bélgica ni la bandera nacional queda exenta de extrañezas. La misma tiene una forma distintiva con respecto a la mayoría de los países. 

En general, salvo algunas pocas excepciones cuadradas, las banderas suelen ser claramente rectangulares, muchas de ellas manteniendo una proporción 2:3, o sea que si por ejemplo tiene dos metros de alto, corresponde que su largo sea de tres metros. En cambio la de Bélgica es casi cuadrada, ya que según la guía oficial de protocolo del país su proporción es 13:15, osea que si, como en el ejemplo anterior, su largo es tres metros, su alto no va a ser de dos, sino 2,6 metros. Pero la realidad es que fuera del país, incluso para eventos internacionales de carácter oficial, esto poco parece importar ya que el resto del mundo suele representar la bandera Belga con la forma rectangular “estándar”.


Un segundo dato es que sus primeras banderas oficiales poseían sus franjas horizontales, pero posteriorme, tal vez para diferenciarse de sus vecinos holandeses de los cuales se estaban independizando, el primer decreto oficial que hacía referencia a la misma, la estableció con sus franjas verticales. 

También se establecía como orden de colores rojo, amarillo y negro, pero poco tiempo después esto fue cambiado, invirtiendose el rojo con el negro, y quedando este último más cerca del mástil.

Finalmente, hay que mencionar que ni las autoridades belgas parecen respetar las medidas de su bandera, ya que la que ondea en el Palacio Real de Bruselas, osea la sede de la monarquía, curiosamente no cumple con las dimensiones oficiales. Esta no tiene la proporción 13:15 sino 4:3, esto significa que en vez de medir 3 de largo y 2,6 de alto, por cada 3 de largo tiene 4 de alto, por ende es más alta que larga.


10- Lugar de importantes obras literarias.

Bélgica no solo es el país de las papas fritas, tiene un átomo y dos niños haciendo pis como principales monumentos y usan una bandera de modo distinto al resto del mundo, sino que en su capital, Bruselas, también nacieron algunas obras literarias de importancia mundial.

El primero de ellos corresponde a Karl Marx, quien producto de sus escritos políticos, en 1845 fue expulsado de Francia y debió exiliarse en Bélgica. Bruselas es la ciudad donde curiosamente le permitieron permanecer bajo la única condición de no escribir panfletos políticos.

Podría suponerse que no tenía de qué quejarse, ya que Bélgica le dio asilo. Pero tal vez esta comodidad jugó el efecto contrario en Marx, ya que durante este periodo escribió ni más ni menos que el Manifiesto del Partido Comunista, una de sus obras más importantes. 

Esta publicación no tuvo demasiada repercusión en los primeros años, y posiblemente no fue el detonante, pero habiendo incumplido con las condiciones impuestas por el gobierno, y bajo una supuesta (pero no comprobada) colaboración monetaria para que los obreros Belgas se levanten en armas contra el gobierno, Marx terminó huyendo del país que le dio asilo para no terminar en la cárcel. 

El paso de Marx por Bruselas es recordado en el restaurante ubicado en el edificio “El cisne” de la Grand Place

















Otro exiliado político que acogió Bélgica fue el escritor francés Víctor Hugo, quien llegó en en 1852 y tuvo el privilegio de vivir en la Grand Place, en el edificio denominado “Le Pigeon” (La paloma). 

Es aquí también donde retomó un viejo manuscrito que se convertiría en su obra más famosa: Los Miserables. Esta obra será publicada por primera vez diez años después, también en Bruselas. 

Los Miserables se volvería un clásico mundial que por ejemplo en la ciudad de Londres se mantiene en cartelera desde hace 32 años, siendo la primer función en el año 1985.