3 de diciembre de 2018

¿Por qué Chisináu? (Moldavia).

¿Por qué Chisináu? ¿Por qué Transnistria? Nos preguntó una chica que vive en el no reconocido estado de Transnistria, pero que se encontraba en un hostel de Chisináu, la capital de Moldavia, en el que había pasado la noche luego de que su avión aterrizó en aquella ciudad.

¿Por qué no? Fue mi rápida e instintiva respuesta, ya que considero que cada lugar es digno de conocer y una experiencia nueva, y en este caso en particular, era mi primera vez en Europa del Este. El contexto también favoreció cualquier intento de argumentación de mi parte, ya que nos encontrábamos desayunando brandy con trozos de membrillo con sal junto a esta chica de un país no reconocido, el dueño del hostel de origen moldavo, un azerbaiyano que no entiendo qué hacía ahí, pero se encargaba de recargarnos continuamente nuestros vasos con brandy, y no desayunaba pero rondaba la cocina, un soldado estadounidense que estaba intentando conseguir un permiso de residencia ucraniano. A veces las experiencias van más allá de las fotos. 

Pero la pregunta de esta joven resulta comprensible, ya que Moldavia es un país donde el turismo no parece estar desarrollado, tampoco los servicios para el turista, y por sobre todas las cosas, casi no hay turistas.

Moldavia es para muchos uno de esos países difíciles de localizar en un mapa. Es uno de los más pobres de Europa, e incluso a nivel mundial, su PBI (osea el valor total de los bienes y servicios producidos en un país durante un periodo determinado) es más bajo que  países como Haiti, todos los de Sudamérica y la mayoría de África. Si bien parece encontrarse en crecimiento, la industria se encuentra poco desarrollada, y más de la mitad de sus habitantes viven en zonas rurales y de la agricultura. Tal vez sus limitaciones económicas es uno de los motivos por los cuales casi no recibe visitantes ni tiene políticas para atraerlos.

Llegada

Ya sea por casualidad o no, la poca concurrencia de viajeros en el país fue clara desde nuestra llegada al aeropuerto de Chisináu. Habíamos aterrizado demasiado temprano y decidimos hacer tiempo para no dirigirnos al centro de la ciudad antes que amanezca. 

Aprovechamos ese tiempo para cambiar dinero, y esperamos a que abra la oficina de turismo para informarnos un poco que hacer. Una vez que comenzaron a atender, hicimos todas las preguntas que se nos ocurrieron, pero el hecho curioso, que nos hizo pensar en el poco turismo del país es que antes de irnos los empleados nos pidieron si podíamos tomarnos una fotografía con ellos ya que ¡Éramos los primeros que visitábamos la oficina que hacía pocos días se había inaugurado!.

Antes de salir del aeropuerto nos llamó la atención las máquinas expendedoras de café, que ofrecen expreso, doble, capuchino, chocolate, y demás opciones habituales pero también todas cuentan con su variante con whisky. Llamativo, aunque tal vez no tanto si se tiene en cuenta que Moldavia es el país con más alto consumo de alcohol per cápita del mundo. Según dicen, la cantidad consumida por año equivale a 178 botellas de vino, 64 litros de vodka o 1320 latas de cerveza por persona. Tal vez esto explique la presencia del whisky en las maquinas de cafe, o tal vez estas son parte de la explicacion de porque los moldavos ostentan este record elitico. 1


Piaţa Centrală

Una vez en el centro de la ciudad, nos encontramos con el mercado, denominado Piaţa Centrală. Este llamó mi atención, ya que fue un primer acercamiento a la población Moldava. La etiqueta de “Primer Mundo” con la que se suele identificar a Europa, aquí parece demostrarse que es solo una generalización y no una fiel representación de todo un continente. 

La “Piaţa Centrală” me hizo sentir más cerca de casa, recordándome a las ferias del conurbano de Buenos Aires, así como a muchos mercados sudamericanos, pero difícilmente pueda encontrarle similitud en Europa Occidental.

En este mercado y sus alrededores es posible encontrar prácticamente de todo: Alimentos, ropa (nueva, usada, imitaciones de marcas famosas), herramientas, artículos para el hogar, y quien sabe cuantas cosas más. 







Aquí las frutas y verduras abundan, pero sobretodo destacan las grandes montañas de nueces que se observan por doquier. Aunque también las hay pequeñas pertenecientes a algunos de los tantos comerciantes que tienen sus productos en un diminuto espacio de las veredas aledañas al mercado. Esto se debe a que Moldavia es uno de los principales productores de nueces, y para algunos los nogales pueden ser incluso una de las posibles salvaciones económicas del país.

Este país, donde como fue dicho más de la mitad de la población vive del campo, por décadas fue uno de los que más sufrió las consecuencias del uso de pesticidas. Pero con la caída de la Unión Soviética y el retiro de sus inversiones estatales, los productores dejaron de poder pagar los productos químicos. Este desafortunado hecho derivó en la positiva consecuencia de llevar adelante una agricultura más ecológica. Eso hizo que gran parte de los codiciados productos orgánicos vendidos a elevados precios en el resto de Europa, tengan su origen en este país. No obstante, Moldavia tiene uno de los salarios mínimos más bajos del continente 2

Vinos de calidad

Con este rumbo ecológico parece ser que la situación económica está cambiando positivamente y un ejemplo de ello son sus vinos, de gran calidad, pero que a veces tienen que lidiar con ser pocos conocidos a comparación de los producidos por otros países de más renombre en la industria. También, por las dificultades económicas propias de Moldavia, a los productores locales no siempre les resulta fácil obtener las costosas certificaciones necesarias para exportar.

Por el valor que en el supermercado más económico de Londres se compraría la botella de vino más barata, en Moldavia es posible adquirir una o dos botellas procedentes de alguna de sus bodegas más prestigiosas.

Lo cierto es que pocos saben que en Moldavia se encuentra la mayor bodega del mundo, Mileștii Mici, que cuenta con 200 km de túneles subterráneos, de los cuales sólo 55 se encuentran en uso, almacenando cerca de dos millones de botellas y produciendo vinos envidiables. Lo curioso es que a pesar de esto, son pocos los que conocen de su existencia. Incluso, a pesar de la calidad de sus vinos y el reconocimiento de enólogos y asociaciones afines, hay otras que ni siquiera están dispuestas a agregarla en listas de las cien mejores bodegas del mundo.



Monumentos y “choque” cultural

No muy lejos del mercado se encuentra el Parcul Catedralei, el parque central de la ciudad. Lleva ese nombre ya que es allí donde se ubica la Catedral metropolitana y el Campanario. Este último destaca por su altura y porque fue reconstruido en 1997 luego de ser destruido durante el periodo comunista. A decir verdad, ambos poseen un estilo sobrio y no creo que haya muchas personas deseosas de viajar a Chisináu con el objetivo principal de ver estos sitios religiosos. 



En uno de los márgenes del parque se encuentra la principal avenida de la ciudad, el boulevard Stefan Cel Mare, o Esteban el Grande, que lleva el nombre de la máxima figura patria del país. 

Pero ni el nombre de la avenida ni el gran monumento del Príncipe Moldavo que se encuentra a frente al Parcul Catedralei, fueron lo primero que llamaría mi atención, sino que en esta avenida nuevamente la realidad me demostró que Europa es heterogénea, ya que no pude evitar pensar en la realidad agrícola del país cuando un tractor impulsando un carro lleno de troncos atravesó frente a la casa de Gobierno justo en el momento que la veía por primera vez. ¿Imaginan esa situación frente al Parlamento Británico o la Casa Rosada de Buenos Aires?. 

Con el transcurso de las horas, fuimos notando que la situación se repetía, ya que en Chisináu es posible encontrarse con alguna gran mansión e incluso embajadas (y no cualquiera, sino tales como la de Estados Unidos o Alemania) y a pocos metros casas de humilde aspecto. Todo parece amalgamarse sin que genere disturbio alguno.





Volviendo al Parque Catedralei, cabe mencionar que es también el punto de la ciudad donde es posible observar algunos de los pocos monumentos que hablan de la historia de Moldavia, un país que por su ubicación geográfica se encuentra culturalmente bajo la influencia tanto de Europa Occidental y Oriental.

Como todo el continente Europeo (y como todo el mundo en realidad), el actual territorio de Moldavia a través de los siglos pasó por distintas manos, y tuvo la influencia de la cultura Turca, Rusa y Rumana, incluso en los últimos cien años formó parte de los dos últimos, en el caso de Rusia como parte de la Unión Soviética. 

Con la caída del muro de Berlín el choque cultural se hizo literal. Moldavia decidió salir de la Unión Soviética y comenzó un proceso de revalorización de la cultura Rumana, al punto que se planteó (y aún se sigue haciendo) la posibilidad de una unificación con sus vecinos. Para Rumania, esta región históricamente pertenece a su país, por eso insisten con una unificación.

Esto es así en la mayoría del territorio, el cual está formado por una región histórica llamada Besarabia. Pero el problema es que la región de Transnistria, ubicada en la franja oriental que limita con Ucrania, al tener mayoría de su población de raíces rusas y ucranianas, no aceptaron esto y decidieron formar un estado aparte, que a pesar de no ser reconocido por nadie, posee fronteras, ejército, bandera, moneda propia, emite pasaportes, etcétera (próximamente más sobre Transnistria).

Hasta ahí el tema es complejo, pero falta más. Los Gagauzos, una etnia de origen turco que habita en el sur de Moldavia, también reclamaron autonomía, y si bien no consiguieron la independencia, Gagauzia logró ser un territorio autónomo dentro del país, y hasta la actualidad sigue vigente el reclamo de la Nación propia. 

¿Difícil de entender? Tal vez sea más difícil comprender cómo Moldavia es aún un estado independiente, a pesar de las diferencias culturales, los coqueteos con Rumania y sus dos pseudoestados internos. Aunque la realidad demuestra que no hay estirar demasiado la línea de tiempo para ver que no solo aquí las fronteras son a veces poco comprensibles, y más flexibles de lo que parecen.

Pero volviendo a los monumentos, frente al Palacio de Gobierno, se encuentra el Arco del Triunfo, también llamado “Puertas Santas”. Este fue construido para remendar un error, debido a que las campanas destinadas al campanario fueron un obsequio, y al ser una de ellas demasiado grande, decidieron realizar este arco para colgar la campana en el centro, aunque ya que tenían un “Arco del Triunfo”, lo utilizaron también para conmemorar la victoria de los Rusos frente a los Turcos en la guerra de 1828/29. Pero con el paso del tiempo, este terminaría siendo una muestra de las pujas culturales del país, ya que a pesar de conmemorar los logros rusos, desde que se quito la campana en el centro del monumento ondea la bandera moldava, con los mismos colores de Rumania, y solamente distinguible de la de aquel país por su escudo central. Aunque curiosamente desde que fue establecida en 1990 (poco antes de independizarse de la URSS) hasta 2010, una cara de la bandera poseía el escudo, pero el reverso no, ¿acaso era un guiño para Rumania?. 




En diagonal al arco se encuentra el ya mencionado  monumento a Esteban El Grande o Esteban III, quien al parecer fue primo de Vlad Tepes (más conocido como Drácula), fue quien llevó a Moldavia a su punto máximo de esplendor, y también dejó un legado cultural muy importante, que puede verse por ejemplo en los Monasterios Pintados de Bucovina, en Rumania. Obviamente Esteban El Grande también es héroe nacional Rumano. 


Algo similar sucede en otra parte de la ciudad, donde se erige el Memorial de la Victoria y la Llama Eterna. Este monumento de la época soviética, que imita la forma de cinco rifles, fue realizado para conmemorar los años de participación moldava en la Segunda Guerra Mundial y los caídos en batalla. En mi opinión es otro símbolo de los cambios de manos por los que pasó Moldavia, ya que la Llama Eterna también conmemora a los caídos en las batallas más recientes contra Transnistria. Un monumento a aquellos que lucharon por la Unión Soviética, y también a quienes lucharon contra los que deseaban seguir en ella.


Aunque a decir verdad, Chisinau no es solo un par de monumentos, sino que es una de las ciudades con mayor porcentaje de áreas verdes de Europa. Es por esto que vale la pena salir a pasear por ellos. El más cercano al centro es el Valea Moritor, el cual cuenta con un lago central al cual se accede a través de una gran escalinata. También en el parque se encuentra el teatro al aire libre De Vara, o verde. Finalmente, si se sabe buscar, es posible llegar hasta un monumento soviético con un busto de Marx y una estatua de Lenin.







Por todo esto, Chisináu puede ser difícil de comprender para el turista común. No hay demasiado para ver ni hacer. No abundan los monumentos, ni museos. Es una ciudad donde encontrar que ver se vuelve más complejo ya que hay que buscar en los detalles de la vida cotidiana. En la ciudad a veces parece perderse la noción si estamos en Moldavia o Rumania por las constantes referencias a aquel país, y tal vez eso es una muestra que una cultura en común o el sentimiento de Nación excede fronteras. También hay quienes dicen que para ver la influencia Rusa hay que cruzar el Dniester y visitar Transnistria y su capital Tiraspol, que parece ser la oveja negra de la familia. Pero la realidad es que aún hoy en Chisináu es posible ver el periodo Soviético, ya sea en las personas, la arquitectura general, o en alguna estatua de Lenin y Marx perdida entre los arboles del Parque Valea Moritor.  No es facíl poder definir todo un país solo por su capital, pero si tal vez da una idea general.

Ante la pregunta inicial ¿Por qué Chisináu? La respuesta se encuentra en las experiencias, ya que Moldavia parece ser un país simple, pero esconde una complejidad difícil de captar con fotografías.

Referencias

1. https://www.sbs.com.au/yourlanguage/spanish/es/article/2018/02/20/los-paises-con-mas-consumo-de-alcohol-del-mundo?language=es

2. https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/sacando-maximo-provecho-fertiles-tierras-moldavia/33850

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