30 de marzo de 2019

Tras las huellas de Drácula. Parte I: Brasov

Abandonamos Suceava, en el norte de Rumania para empezar a encaminarnos tras las huellas del personaje más famoso de Rumania: No es el ex dictador Nicolae Ceaușescu, ni Gheoghe Hagi, el “Maradona de los Cárpatos”, sino (obviamente) el Conde Drácula.

Para ello, como la asociación más fácil con esta figura mito/realidad es relacionarlo con la región histórica de Transilvania, nos dirigimos hacia allí. La ciudad elegida como punto de partida fue Brasov (o brashov, cómo deberíamos pronunciarlo, o brayov si somos de Buenos Aires) ya que es la puerta de entrada a Transilvania por el sureste. Es una parada casi obligatoria para aquellos que vayan tras las huellas del conde porque es la ciudad más cercana a Bran, el primer castillo que se asocia con él.

El viaje

La ciudad se encuentra en un valle (Valle de Brasov), y nació como una fortaleza. Su estratégica ubicación defensiva nos va quedando clara aún estando a más de 300 kilómetros de distancia. Esto se debe a que a pesar que estábamos en el norte de país, y Brasov, en el centro (casi en línea recta al sur de Suceava, ciudad donde nos encontrábamos) no hay un tren que conecte ambos lugares de manera directa. La principal razón son los Montes Cárpatos, que forman una barrera natural y separan Transilvania del resto del país. Por ello tuvimos que atravesar Rumania de norte a sur, llegar a la capital Bucarest, y de allí aprovechar el camino que se abre entre las montañas para poder ingresar en Transilvania. 

Con un poco más de tiempo, una parada casi obligatoria habría sido la ciudad de Sinaia, ubicada a mitad de camino de Bucarest a Brasov. Allí se encuentra el Castillo de Peles, ex residencia de la extinta monarquía Rumana, y el primer castillo de Europa en contar con ascensor y electricidad. 

Del viaje no podemos quejarnos. Implicó el doble de kilómetros (y horas) pero al viajar de noche en trenes con camas, aprovechamos contar con más horas para dormir.

Transilvania

La muralla natural que para Transilvania representan los Cárpatos, hará que la región a lo largo de su historia posea una clara independencia del resto de Rumania. Su ubicación geográfica la pondrá en una zona compleja en el plano político y económico europeo. Esto es porque se tiende a ubicarla como parte de Europa central, y no en “Europa del Este” como al resto de Rumania.

Históricamente esto será importante, ya que al estar en la frontera de dos zonas con desarrollos históricos, culturales y políticos distintos, Transilvania pasó por manos de Hungría, Austria (y el imperio Austrohungaro) y Rumania, pero también supo mantener su autonomía, al punto que durante los siglos XVI y XVIII fue un principado independiente.

Hasta principios de 1900 la región formaba parte del reino de Hungría, que a su vez había poblado estas tierras con colonos alemanes. Por ello Brasov y Transilvania tienen una influencia cultural distinta al resto de Rumania. Tal vez esto no pueda verse demasiado en las personas, ya que actualmente la mayoría de sus pobladores son de raíces rumanas, pero los legados arquitectónicos muestran la influencia sajona. 

Este pase de manos va a hacer que Brasov, luego de ser anexada a Rumania y a la Unión Soviética, en 1950 cambie su nombre radicalmente para pasar a ser “Orașul Stalin” o “Ciudad Stalin”, en homenaje a quien fue gobernante soviético hasta principios de esos años. Si traducimos el nombre del ruso, el mismo sería “Stalingrad”, aunque nada tiene que ver con el lugar donde se produjo la famosa batalla entre soviéticos y alemanes.

No fue mucho el tiempo que le duró este nombre, ya que con la muerte de Stalin en 1953, comenzó un proceso de “desestalinización” en toda la Unión Soviética, y para 1960 la ciudad ya tenía nuevamente su nombre original.

La ciudad es tambien conocida como "Corona". Este nombre y la explicación del significado del escudo merecerían un articulo aparte.

Empezando a recorrer la ciudad

Llegamos a Brasov sin demasiadas expectativas, ya que solo la utilizaríamos de base para dirigirnos a Bran (para saber más de este lugar esperar la parte 2 o ansiosos googlear).

Aún así el panorama pintaba alentador ya que muchos la consideran la ciudad más bonita de Rumania. De paso veríamos la calle más angosta de Europa del Este y una iglesia negra, entre otros sitios interesantes.

Empezamos a recorrer la ciudad, y lo primero que observamos fue el monte Tampa, el cual exhibe un letrero de “Brasov” al mejor estilo Hollywoodense. Casi no hay punto en la ciudad donde no se lo vea, y en la oscuridad de la noche las seis letras actúan de faro para los transeúntes. Tal vez lo más destacable es que se puede subir al monte para tener una excelente panorámica de la Brasov. Para ello, se puede optar hacerlo a pie, o en un teleférico de la década de los ´70, que con su publicidad de “Coca Cola”, se parece más bien a las viejas heladeras de aquella marca luego de ser restaurada.




Posteriormente hubo un intento de visitar la oficina de información turística. Aunque un cartel en la puerta indicaba que solo abre los lunes 10 am, y para nuestra desgracia era martes. La idea de esperar una semana para que nos reciban no se nos pasó por la cabeza.

De allí nos dirigimos a la Puerta Caterina, única que se conserva de la época medieval, cuando toda la ciudad se encontraba rodeada de murallas. Los chapiteles de la torre hacen que parezca salida de un cuento de hadas, y con esto podemos imaginar el esplendor de la ciudad algunos siglos atrás. Muy cerca, y bastante escondida, encontramos la sinagoga de Brasov, que lamentablemente estaba cerrada pero valió la pena al menos ver su exterior. 




Una decepción inicial

A metros de la sinagoga aparece uno de los lugares que buscábamos: la estrecha calle Sforii. Motivados por el placer y la alegría de estar viajando, un par de fotos no están de más. No obstante notamos que si bien es una calle angosta, y puede que efectivamente ostente el récord en Europa oriental, la realidad es que más de un casco medieval de la “parte oeste” del continente tiene callejuelas similares a Sforii (centímetros más, o menos, difícilmente los percibamos a simple vista). 




Si bien la calle más angosta no termina de ser algo espectacular, lo que sí fue una leve decepción es la iglesia negra. Esta debe su nombre a un incendio que oscureció sus paredes. Pero la realidad es que actualmente, luego de varias restauraciones, su color es gris. Tal vez esta mejor valorarla por ser el edificio gótico más grande Rumania, y no tanto por un nombre poco fiel a la actualidad. Algo similar ocurre con la “Torre Negra”, en el monte Tampa.



La ciudad más bonita

Esta decepción sirvió de puntapié para empezar a pensar y comprender porque algunos consideran a Brasov la ciudad más bonita de Rumania. Si valoramos una ciudad por su cantidad/calidad de atractivos, tal vez sea decepcionante encontrarse con que los lugares más promocionados se encuentran un poco sobrevalorados. Aunque tal vez el problema sea justamente en que nosotros valoremos una ciudad solo por esto.

En Brasov basta dejar de buscar para poder encontrar la belleza.  Tiene algo, difícil de explicar con palabras, que hace que a aún si terminamos el viaje sin saber exactamente que nos gusto de la ciudad, si alguien nos pregunta ¿Es verdad que Brasov es la ciudad más bonita de Rumania?, la respuesta posiblemente sea: Tal vez...¿por que no?

Relajarse en la plaza Sfatului, viendo el cartel de Hollywood Brasov y tomando un helado, es la mejor experiencia. Caminar por sus calles de coloridas casas, ver una escultura de cubos Rubik (aunque era temporal y ya no debe estar más), o simplemente disfrutar de la ciudad como un lugar donde relajarse.






Aún así, si lo que buscas es un resumen de qué hacer y visitar en la ciudad, abajo los detalles.

¿Qué visitar en Brasov?

Strada Sforii, la calle más angosta de Europa del este. 

Esta calle tiene 50 metros de largo y un ancho que varía entre 130 y 111 centímetros en su parte más angosta. Oficialmente está declarada la más angosta de Europa del Este. Dentro, una persona adulta difícilmente pueda extender sus brasos por completo.

Al hablar de calles angostas, es difícil decidir qué incluir en esa categoría y que no. Esto no parece importante, pero la consecuencia de ello será nuestra percepción de Sforii. Esto es porque algunas que ostentan el récord ni siquiera deberían ser consideradas como tal debido que una persona promedio no puede pasar por ella.

El récord lo tiene la calle Spreuerhofstraße en Alemania (no me pidan pronunciarlo). Esta mide entre 31 y 50 centímetros, pero verdaderamente era una salida (muy) de emergencia en caso de incendios. El único motivo para considerarla calle, es que la ciudad oficialmente la considera como tal. Por eso Guinness le reasignó ese galardón a Parliament Street en Exeter, Reino Unido. 

De todas formas, los 110 centímetros de Sforii en su parte más angosta parecen ser una barbaridad comparados con los 55 que tiene Parliament. Aún así, el nombre lo dice claramente: Sforii: La más angosta de Europa del Este.

Por eso, si llegamos a Sforii con la falsa ilusión de quedarnos atascados en el medio por lo estrecha que es, vale advertir que eso no sucederá.


Biserica neagra

Otro de los lugares destacados de Brasov es su iglesia negra. Esta fue construida en 1383, aunque recién fue terminada en 1477. Tomó su nombre luego que en 1689 un incendio dejó sus paredes ennegrecidas. 

Con el paso del tiempo, este apodo quedó tan arraigado que ya nadie parece recordar que originalmente se llamaba Catedral de Santa María. Pero producto de diversas restauraciones, el color que vemos actualmente es un gris, mezclado con algunos ladrillos rojos y blancos usados para reparar las zonas más afectadas. 

Esto posiblemente nos decepcione un poco, aunque para compensar, sepamos que es la construcción gótica más grande de Rumania.

Dicen (y todos repiten) que es la iglesia gótica más grande entre Viena y Estambul. Que significa eso exactamente y qué territorios abarca, ni idea. Creo que el 90% de los que lo postulan tampoco.



Sinagoga

Su fachada de franjas rojas y blancas hacen que merezca la pena caminar los veinte metros que la separan de Sforii y Puerta Caterina. Si tenemos la suerte de entrar, mejor.


Puerta Caterina

Única puerta que sobrevivió de la muralla medieval, y sin dudas la construcción más bonita del cerco defensivo de Brasov. Esta puerta fue construida por el gremio de los sastres, quienes optaron por brindarle el aspecto que podemos observar.


Plaza Stafului y ex ayuntamiento

Visitar Brasov y no pasar al menos una vez por esta plaza o significa que nos la pasamos dentro del hotel, o que nos engañaron y en realidad estuvimos en Rasnov (que también tiene cartel Hollywoodense) y no Brasov.

Destaca en ella el ex ayuntamiento, que ahora funciona como museo histórico del condado de brasov. El cual por la forma del edificio, probablemente si le pondrían una cruz en su cima nadie dudaría que es una iglesia.

Muy cerca se encuentra la iglesia Sfânta Adormire a Maicii Domnului (mejor no traducirlo, queda más impresionante así) con una muy bonita fachada. Aunque en realidad la iglesia se encuentra al fondo del terreno y esa primer construccion bonita no es la del templo.





Calea Republicii

La peatonal de la ciudad. En ella se encuentran las principales tiendas y restaurantes. A pesar de ser la zona más concurrida, la cantidad de gente no es para nada agobiante y vale la pena dar algunos paseos por ella o comer en sus restaurantes, si es que buscamos los lugares para turistas.



Lugares que no visitamos, pero merecen la pena

Cerro Tampa

La experiencia de subir en teleférico al cerro probablemente sea de las mejores actividades para realizar en Brasov. Lamentablemente nosotros no pudimos hacerlo, ya que el principal impedimento es que inicia 9:30 am y a las 17 deja de funcionar. O en el caso de subir a pie, se requiere una hora de ida y otra de vuelta. Por ende, si estamos solo un día en la ciudad, tendremos que hacer todo muy deprisa para poder subir al Tampa y tener tiempo de visitar un poco más de la ciudad antes que oscurezca.

Aún así, ahora que ya pasé por la experiencia, si tendría que volver a visitar la ciudad, iniciaría por subir en teleférico, y destinar el tiempo restante al resto de Brasov.

Precio del teleférico: 16 Lei.


www.euroescapadas.com

Bastión de los tejedores

Esta gran muralla defensiva fue construida en dos etapas entre 1421 y 1573. Si deseamos subir al teleférico, el bastión se encuentra muy cercano y por ende no se nos va a escapar. En cambio, si no vamos a Tampa, por más que se encuentra muy cerca de puerta Catalina, puede que nos olvidemos de visitarlo. Sea como sea, vale la pena acercarse.

Brasovromania.net

Fortaleza de Brasov

Si bien actualmente funciona como restaurante, no está de más visitarla, al menos su exterior.

Se encuentra muy cerca del centro, pero está un poco escondida. Por lo tanto, difícilmente pasemos delante de ella si no vamos con intenciones precisas de verla. 

http://www.business24.ro

Fortalezas cercanas a Brasov

El distrito de Brasov se encuentra lleno de murallas, prácticamente rodean a la ciudad. Algunas de las más destacadas son:

Sinaia - Castillo Peles 

Fue la residencia de verano de la monarquía rumana hasta que dejó de existir en 1947. Lo más destacado es que fue el primer castillo en Europa con electricidad y ascensor.

Rasnov

Si estamos viajando con tiempo merece la pena visitarla. Se encuentra en la cima de una montaña que la separa del resto del pueblo. Esta, a diferencia de otras fortalezas fue pensada como refugio para periodos de tiempo prolongados. Por lo tanto dentro de las murallas hay edificios que se encontraban destinados a viviendas, una iglesia, escuela y demás edificios típicos de una ciudad.

Cetatea (fortaleza) Rupea

Igual que Rasnov se ubica en la cima del pueblo de Rupea. A diferencia de la anterior, esta no poseía un desarrollo urbano en su interior. Si estamos intentando recorrer Rumania en profundidad, y deseamos visitar la mayor cantidad posible de fortalezas o sitios medievales, esta es una buena alternativa ya que el pueblo Rupea se encuentra sobre la ruta que conecta Brasov y Sighisoara.

También puede ser una alternativa a Rasnov si queremos algo menos concurrido. De todas formas Rumanía no es como visitar Italia, Londres o la muralla China, por lo tanto difícilmente se encuentre abarrotada de gente. 


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17 de marzo de 2019

Bucarest. Entre el glamour y la opacidad

Si hay una expresión que se ha vuelto un cliché a la hora de definir a Bucarest, la capital de Rumania, es decir que es una ciudad gris. En nuestro caso, llegamos abandonando Chisinau, la capital Moldava que nos había abierto las puertas a ver por primera vez la otra cara de Europa, esa que siempre parece lejana y dejan semi olvidada en los confines orientales del continente. Esa cara es la que se suele identificar con la ex Unión Soviética, y que al pensar en ella todo nos lleva a imaginar edificios homogéneos, todos iguales en forma y color, autos antiguos (si son marca Lada mejor) y un ambiente frío, no solo climatológicamente hablando. Por eso, que digan que Bucarest es gris, en primer instancia parecería ser eso que uno busca ver en un lugar como ese.

Bucarest no estaba en la lista de prioridades de un viaje en el cual en realidad las capitales casi no contaban. Sino que lo importante era ver esos lugares, conocidos y visitados por muchos, pero al mismo tiempo dejados bastante de lado por estar en el “lado oscuro” de Europa. 

Por eso, nuestra primer visita a la capital rumana fue con las mochilas esperando en el locker de la estación de tren, aprovechando algunas horas libres antes que llegue la medianoche, momento que debíamos partir rumbo al norte del país. Y la segunda, veinticuatro horas antes de tomar nuestro vuelo de regreso a casa. Por eso, decidimos caminar (y mucho), relajarnos en sus parques, y no preocuparnos por recorrer el 100% de la ciudad, o por si perdíamos algún “freetour”, como al fin pasó.

Llegada

El autobús nos había dejado junto a las luces de las fuentes de plaza Unirii. Paradójico lugar, que con el agua iluminada de azul destaca en la aún oscuridad de Bucarest. Sin embargo, junto con el bulevar homónimo y el palacio de gobierno (del cual ya hablaré), forman parte de la obra megalómana de quien hizo que Bucarest y Rumania se impregnen de esa opacidad mencionada al principio, que no solo quedó arraigada en sus edificios, sino en su historia. 




Llegar al centro de Bucarest la madrugada de un domingo no es muy distinto a lo que podríamos encontrar en cualquier otra ciudad: jóvenes volviendo a casa luego de pasar el sábado por la noche de fiesta, pocos trabajadores madrugando para cumplir con sus obligaciones, y casi todo cerrado salvo, como casi siempre, el McDonald’s que tantas veces genera esa relación de amor odio en un viajero. Aunque puedas odiar su comida chatarra y lo que transmite este megaimperio de franquicias, se convierte en el mejor lugar para ocupar sus mesas por horas, conectarse a wifi y usar sus baños, sin sentir vergüenza ni reproches de solo haber pedido un café. 

¿París?

Al empezar a caminar por sus calles céntricas, el sol va iluminando el paisaje y en realidad se hace más visible un segundo apodo: ”la Pequeña París”. Es curioso como la visión eurocentrista lleve a que todo lo que sea parecido a algún lugar Europeo se lo relacione con París o Venecia, incluso cuando está en alguna parte marginada de Europa. 

La arquitectura de los edificios de Bucarest no tiene nada que envidiar a esas ciudades que se llevan la mayor parte del flujo de turistas. Desde fines de 1900 hasta el período “entre guerras” mundiales, la ciudad floreció arquitectónicamente. El Ateneo Rumano y el Palacio CEC (Casa de Economii și Consemnațiuni) son algunos ejemplos de esa época de esplendor. Calles como Calea Victorei o la angosta Strada Franceza tienen su encanto en sí mismas. Y perdida entre todo esto, la pequeña iglesia de Stavropoleos que data de 1724, la única sobreviviente del antiguo monasterio homónimo. 






Palacio CEC.
Universidad de Bucarest.
Iglesia de Stavropoleos.
Iglesia de Stavropoleos.
Vale decir que el mejor modo de justificar la comparación con París es el gran parque Rey Mihai I, en honor al último monarca rumano. El cual, como es de esperarse de la pequeña París, en uno de sus rincones tiene su propio Arco del Triunfo, aunque como el apodo de la ciudad, más pequeño que el francés.






Cambios

Estas ideas de desarrollar una ciudad elegante, se verán afectadas por las decisiones políticas tomadas en el país. Estas llevaron a Rumania a que durante el siglo pasado pase de apoyar al régimen Nazi a un giro brusco que decantó en que durante 22 años (desde 1967 hasta 1989) el país se encuentre al mando de Nicolae Ceauşescu. Este, bajo las banderas del Comunismo, llevó adelante un gobierno despótico y culto a su figura. No se quedó atrás por ejemplo, en comparación con Corea del Norte, país al cual Ceauşescu intentó imitar luego de haber viajado en 1971 y conocer a su entonces líder Kim Il-sung. Tal fue el poder y culto que Ceauşescu intento mostrar alrededor de su gobierno y su figura, que incluso lo trasladó al plano futbolístico, donde curiosamente el equipo vinculado a su hijo, el Steaua de Bucarest, durante los años ‘80 se convirtió en uno de los principales equipos de Europa, llegando a ganar la Champions League en 1985/1986 (en aquel momento Copa Europa). 

Si hay algo a destacar de Rumania en esa época, es la gran autonomía que tenía de Rusia en comparación con otras Naciones Soviéticas. Pero las políticas llevadas adelante por Ceauşescu hicieron un hueco tan profundo en la sociedad que posiblemente ni el más acérrimo defensor del comunismo podrá quitarle de la cabeza a un Rumano la idea que ese sistema (haya sido comunismo o no) fue el peor de sus males.

El gobierno de Ceaușescu destacó la poca libertad de prensa y opinión, desarrollar la red de espías más grande de Europa del Este conocida como la “Securitate”(la cual contaba con medio millón de informantes para una nación de 22 millones de habitantes), y el plan de sistematización. Este último consistió plagar de altos monoblocks las zonas rurales del país, sin considerar la historia, cultura y tradición de los campesinos Rumanos. Incluso hay quienes afirman que fue un modo de control de la población, ya que no solo poseían servicios centralizados como calefacción y electricidad, sino que la policía secreta registraba ingresos y salidas de cada persona del edificio. No fue sólo Rumania quien llevó adelante este plan, sino que las viviendas homogéneas son una marca distintiva de casi toda Europa del Este y los países bajo la influencia de la ex Unión Soviética, aunque sí en este país se desarrolló de un modo drástico.


Bucarest no quedó afuera de este plan, y para la década de 1980 se comenzó con el derrumbe de ocho kilómetros del centro de la ciudad, gran parte de ellos para construir “La Casa del Pueblo” actualmente el palacio parlamentario de la ciudad. 

Ver este edificio realmente asombra por su tamaño, ya que es el complejo gubernamental más grande del mundo luego del Pentágono. Lamentablemente su historia no es grata, ya que para su construcción se derribaron más de siete mil viviendas, en muchos casos, siendo avisados sus habitantes solo 24 horas antes del desalojo. También se perdió una parte importante del centro histórico. por ejemplo 17 templos de distintas religiones, entre otros edificios de gran valor patrimonial.




Si aún quedan legados “Pre-Ceaucescu” en la ciudad, es producto que el plan de sistematización fue cancelado con el derrocamiento del gobernante en la revolución de 1989. Esta comenzó en la ciudad de Timisoara el 15 de diciembre y se extendió hasta Bucarest, donde el día 21 fue clave. Ese día Ceauşescu intentó dar un discurso para aplacar la situación pero, a pesar de haber estado todo organizado para simular una realidad distinta, el tiro le salió por la culata. La gente que los organizadores habían llevado para aplaudir, alabar y levantar banderas pro gobierno empezó a agitarse tanto que Ceauşescu tuvo que suspender el discurso y se vio obligado a retirarse en medio de abucheos. Su rostro al empezar a escuchar los gritos de desaprobación a su figura, mostraba una sorpresa poco comprensible. Ceauşescu parecía ser ajeno a la realidad rumana, e intento ser fiel a su modelo hasta último momento, a pesar de un panorama mundial donde el muro de Berlín había caído un mes antes, y el bloque Soviético se estaba despedazando.





Al día siguiente, con una rebelión desatada incluso en los altos mandos del gobierno, el presidente huyó de la ciudad en helicóptero. Sin embargo, sus mismos funcionarios lo entregaron y condenaron a un juicio poco ortodoxo que duró menos de una hora y que terminó con él y su esposa ejecutados el 25 de diciembre del mismo año.

La muerte de los Ceauşescu puede ser considerado un acto simbólico ya que con sus ejecuciones se dio por finalizada una etapa, dejando a casi todo el resto de los que participaron de sus políticas libres de culpa. Pero más allá de esto, marcó un antes y después en la vida Rumana.

Una interminable transición

Con el fin de este periodo, el plan de sistematización fue cancelado. La Casa del Pueblo aún se encontraba sin terminar, y al ser el mayor símbolo de “eso que se quería dejar atrás”, fueron muchas las discusiones entorno a qué hacer con el edificio: derribarlo, cubrirlo de tierra o lo que finalmente se decidió, finalizar la obra y utilizarlo como parlamento.

Ese paso a la nueva era se expresa frente a la ex sede del partido comunista, lugar donde el 21 de diciembre Ceaușescu pronunciaba el que sería su último discurso, donde se creó la Plaza de la Revolución (o Piata Revolutiei), con un monumento que rinde homenaje a los asesinados en esas jornadas. Será frente a esta plaza que conoceríamos a un ejemplo en persona de la realidad Rumana. 


Mientras estábamos relajándonos en un banco, se acerca un hombre con aspecto desaliñado y la falta de parte de su dentadura. Según los cánones de nuestra sociedad (aunque lo hagamos sin malas intenciones), nos llevó a pensar que era una de las tantas personas que viven en la calle e intentaron pedirnos dinero esos días. 

Comienza hablarnos en inglés, y ante nuestro intento de evitar el diálogo diciendo que no sabíamos este idioma, cambia a lenguas latinas como francés, italiano y español, hasta que se volvió inevitable responderle. El hombre preguntó de dónde éramos y luego de una presentación breve que no nos dio tiempo ni a registrar su nombre, comenzó a contarnos la historia de Rumania. Si bien teníamos en claro que todo finalizaría con el pedido de dinero, aceptamos el posible intercambio de algunos Leu rumanos por una charla que prometia ser interesante. 

No obstante aprendimos mucho de la historia de Rumania, lo más interesante fue saber de su vida. Este hombre había sido uno de los tantos exiliados políticos del gobierno de Ceauşescu. Sus palabras se llenaban de oscuridad cuando contaba que esto lo llevó a deambular por décadas en distintos países de Europa, entre ellos Italia y Francia. 

Con la caida del regimen en el 89, se le volvieron a abrir las puertas de su país y actualmente trabajaba como guía de turismo. Pero lo curioso es sin dudas su método de trabajo, ya deambula por la ciudad en busca de “atrapar” turistas, a los cuales se les acerca, comienza a hablarles y contarles sobre Bucarest y Rumania a cambio de solicitarles un poco de dinero casi a modo de mendicidad. Si ve que hay voluntad para ello, les ofrece llevarlos a recorrer la ciudad insinuando que nos puede hacer ingresar a la mayoría de los lugares de interés. 

Es habitual en muchos sitios encontrarse con personas (principalmente niños) que por necesidad económica al ver “un extranjero” improvisan llevarnos a recorrer el lugar para que le demos algo de dinero. muchas veces también sin siquiera saber qué es lo que tienen delante de ellos. En este caso, este hombre no explicó los motivos de su exilio ni a qué se dedicaba antes de ello, pero a diferencia de otros casos, por sus conocimientos de historia, literatura, arquitectura, pintura, y demás artes, o era alguien muy bien informado y que leyó mucho durante su vida, o un verdadero maestro en preparar un discurso demasiado convincente.

Antes de despedirnos llegó el momento del pedido de dinero, y cumplimos con nuestro acuerdo implícito de cambiar papeles por conocimiento. Ese día no tuvimos tiempo de recorrer la ciudad con el, y si bien quedamos en contacto por si regresábamos a Bucarest, no nos hicimos con el tiempo para ello.



Cómo sucedió para este hombre, con la caída de Ceaucescu, Rumania volvió a abrir sus puertas. No solo para quienes no tenían lugar en esa nación, sino a la libertad de expresión y al renacer cultural. Lamentablemente, pasados tantos años de ese periodo, Rumania aún sigue sufriendo sus consecuencias tanto económicas como sociales. 

En Bucarest podemos pasar de un parque hermoso o una zona de bares muy reconfortante, a calles oscuras y mal aspecto en pocos pasos. Por eso, en parte no es equivocado describirla como una ciudad gris, ya que el término podría usarse tanto de manera literal al hablar de sus edificios, como al hablar de su historia. Pero para quien la visita, es una sensación rara la mezcla del glamour parisino con la opacidad que aún deja rastros. Si hay un término medio, o más preciso para describirla, aún no lo he encontrado.