8 de abril de 2019

Tras las huellas de Drácula. Parte II: El castillo de Bran

En el pequeño pueblo de Bran, muy cerca de Brasov, una de las principales ciudades de Rumania, se alza sobre una colina un imponente castillo. Este lugar fue una antigua fortaleza ubicada en la frontera de los antiguas regiones de Transilvania y Valaquia. Depende quien lo cuente, fue un importante centro militar y aduanero, o una fortaleza que sin pena ni gloria perduró en el tiempo.

Este castillo lo construyeron unos caballeros que a un “ex gamer” como yo le recuerda a “Age of Empires II”: Los caballeros de la orden teutónica, o como resulta más impresionante llamarlos: "Ordo domus Mariae Sanctae Theutonicorum Hierosolimitanorum".

El nombre Bran se cree que en eslavo significa puerta. Como este idioma en la actualidad se utiliza para definir un amplio conjunto de lenguas, es muy dificil para mi afirmar con certeza si a principios de 1200, cuando se fundó Bran, el término se utilizaba con este significado. Pero casualmente el río que atraviesa el pueblo se llama “poarta”, el equivalente rumano a puerta. Si pensamos que Brasov (o en Alemán Kronstadt) significa fortaleza (o corona), no sería descabellado pensar que alguien le haya querido poner de nombre “puerta” a un lugar.

Aunque en realidad todo lo dicho anteriormente es la parte que a nadie le interesa saber sobre Bran. Esto se debe a que al castillo se lo suele asociar con el archifamoso conde Drácula.





Dos Dráculas

Al hablar de Drácula hay que aclarar que son dos las figuras asociadas al nombre: Por un lado el Conde Drácula, personaje de ficción creado por el escritor irlandés Bram Stoker, y por el otro Vlad Tepes, príncipe que gobernó a mitad del siglo XV la región de Valaquia (actual Rumania) y al cual también se lo conocía como Voivoda Draculae. (El término Voivoda en paises de Europa del Este y Central se utilizaba para designar a un gobernador provincial. En Valaquia este termino era uno de los titulos del principe soberano, como fue el caso de Vlad)

A ambos personajes se los intentará vincular con el castillo de Bran, sitio al que cientos de personas acuden diariamente para poder vivir la experiencia de haber estado en el castillo de “Dracula”

El vampiro de Bram Stoker

Deben ser pocos quienes jamás hayan escuchado sobre Drácula, el vampiro que vive en alguna parte de Transilvania, duerme en un sarcofago y se alimenta de sangre humana.

Este personaje fue creado por Bram Stoker en 1897 y sentó las bases para el género “vampírico”, ahora tan de moda (aunque perdiendo un poco de terreno frente a los zombies). Tal será la relevancia que tomó este personaje que son más de 200 las películas y series de televisión realizadas en torno a su figura.




Sea cual sea la versión de Drácula que conozcamos, lo más probable es que al pensar en el hogar del vampiro imaginemos un sitio “ruinoso en parte, de cuyas altas ventanas negras no salía un sólo rayo de luz”. Esta descripción del castillo no es mía, sino de Jonathan Harker, protagonista de la obra original.  

Al llegar al castillo de Bran, y principalmente recorriendo su interior, ni con la decoración remanente de la celebración de Halloween de unos días antes, parece asemejarse al espeluznante lugar que esperaríamos sea la residencia de Drácula. Sino que por el contrario, sus paredes blancas, las torres rojas y el mobiliario interior, le dan un aspecto muy agradable, en el cual podríamos pasar un fin de semana sin sentir miedo a que nos muerdan el cuello para chuparnos la sangre..






Como fue dicho, gran parte de la obra transcurre en Transilvania, ya que era el hogar de Drácula. Stoker describe un castillo que se ubicaría en esa región, y basado en populares leyendas de Europa del Este sobre vampiros, crea su relato. Vale decir que el escritor nunca pisó tierras transilvanas, ni cerca estuvo. Esto no tiene nada de malo, ya que casi todos los escritores cuando crean una obra hacen lo mismo. Lo curioso es que por el contexto  en el cual se enmarca el relato (tan similar a la realidad de la región) más de uno se imaginó a Stoker en Transilvania. Es por eso que ahora se vuelve casi necesario negar su presencia en la zona.

Lo que sí es posible es que Stoker haya tenido conversaciones con un Húngaro que le habría contado leyendas del lugar, y sobre un personaje real de esas tierras, del cual los relatos difundidos a posteriori de su muerte lo vuelven casi un ser mitológico. ¿Que tiene que ver un Húngaro con la región de Rumania? Transilvania hasta principios de 1900 (osea hasta después de publicada la obra) formaba parte del reino de Hungría, aunque en algún punto de las guerras mundiales ese territorio pasó a manos Rumanas.

Aún así, habiendo conversado con el Húngaro o no, es necesario aclarar que el castillo de Bran nunca es mencionado en Drácula, y por lo único que se supone que puede ser este el lugar del relato es que hay quienes afirman que es el único castillo de Transilvania que coincide con las características descritas en la obra.

¿Entonces Bram Stoker se inspiró en Bran? Es imposible de determinar ya que todo es especulación y depende quien cuente su versión intentara justificar sus motivos para decir que si o que no.

Los argumentos del si son la similitud del nombre del escritor con el del pueblo, y la teoría de que es el único castillo con las características del descrito en el libro.

Aunque basta solo con leer la obra para notar que la descripción del aspecto arquitectónico no parece coincidir en nada, y que el castillo debería encontrarse cerca de Bistritz (Bistrița), en algún punto de la frontera oriental de Transilvania con Bucovina y Moldavia, muy lejos de Bran. Por otro lado, como fue dicho Stoker nunca estuvo en Transilvania y habría basado su historia en algún castillo de Escocia.




Los administradores del castillo intentan dejar en claro que no pueden afirmar que sea el castillo de Bran Stoker, y “evitan lucrar” con la figura de Drácula. Aún así, abren puertas a plantear que sería posible que Bran sea el lugar descrito. A su vez, al ser el castillo visitado casi exclusivamente por quienes se acercan por la leyenda de Drácula, dedican una sala a hablar de la obra de Stoker y en la sala de venta de recuerdos no falta merchandising del vampiro. Osea, seria algo así como: “Nosotros te decimos que este lugar no es el castillo de Drácula, pero si viniste hasta aquí por él, tenemos una sala dedicada a que no te quedes con las ganas de ver eso que deseabas encontrar. Y si queres un imán para el refrigerador, o la colección completa de libros y dvd’s de Drácula, también los tenemos”.




El Drácula real

De lo que si no hay dudas es que Bran Stoker se basó en un personaje real de la región de Rumania: Vlad Tepes, o Vlad el empalador. Este fue un gobernante que ganó su apodo por su peculiar método de clavar a sus enemigos en estacas realizadas con troncos de árboles en el “bosque de los empalados”, el cual se encontraba junto a su castillo, o a las afueras de la ciudad que pretendía atacar.

Pero esto no será hasta después de su muerte, ya que en vida era conocido como Vlad III Draculea. Esto se debe a que su padre pertenecía a una orden conocida como “Dracul”, o “del dragón”, y por esto Vlad pasó a ser el “hijo del dragón”, osea, Draculea. Si el apodo “empalador” es fuerte, vale decir que su nombre en vida no era mucho más amigable, ya que el término Drac en Rumano no significa Dragón, sino diablo, por ende Vlad era literalmente “el hijo del diablo”.




Vlad Draculea no fue exactamente un gobernante diplomático, sino que luchó contra todo aquel que quiera cobrarle tributos o se le oponga. Por lo tanto género enemigos por doquier, y sus aliados podían convertirse en enemigos en un abrir y cerrar de ojos.

Tantas enemistades se ganó Vlad, y tan crueles eran los métodos que aplicaba, que empezaron a surgir historias que lo describían no sólo como un empalador sino que en analogía a “su gusto por la sangre” se creó la leyenda que luego de un enfrentamiento, por las noches solía salir a acechar los campos de batalla en busca de cuerpos enemigos para beber su sangre. 

Por lo tanto, el conde chupasangre llamado Drácula que ideó Stoker no parece ser muy diferente de Vlad Draculea y las historias sobre él.



Aún así, una diferencia entre ambos es que Vlad Draculea nació en Transilvania, pero gobernó Valaquia, una región que limita con la anterior. Por ende, el Drácula real no fue Conde de Transilvania, aunque sea por pocos kilómetros.

Entonces también queda claro que Drácula no era un vampiro, pero realmente existió. Por ende, si hubo en gobernante llamado drácula, y este tenía un castillo, también se puede deducir que hay un castillo real que se puede definir como “El castillo de Drácula”.

¿Acaso este castillo fue Bran? Todo parece indicar que no. La razón principal es que si bien se encuentra casi en la frontera, Bran está en Transilvania, y Vlad Draculea gobernó Valaquia. El segundo motivo es que no hay registros de que Vlad vivido allí. Se habla que solo estuvo en Bran como prisionero, y habrían sido dos días, o dos semanas, e incluso aquellos más deseosos por vincular a Vlad con Bran, sólo se aventuran a decir dos meses. 

Igualmente también este Drácula tendrá su espacio en el castillo de Bran, ya que en la misma sala donde se habla de la obra Drácula, también se cuenta la vida de Vlad Tepes y las posibles relaciones con el vampiro ficticio.

¿Dónde está el castillo de verdadero Dracula? Todo parece indicar que ese castillo se ubica en Poenari, entre las montañas de los Cárpatos, y por supuesto, en Valaquia. Pero eso ya es otra historia.

Tal vez estas últimas fotos de Bran le dan un aspecto más de fortaleza, aunque en realidad no es lo que predomina.




Pasadizo secreto. Posiblemente lo único espeluznante.

Consideraciones finales

Siendo entonces que este castillo parece tener todo en su contra a la hora de relacionarlo con Drácula, a más de uno le surgirá la pregunta de ¿por qué tantos lo visitan y si realmente vale la pena ir allí?

Que Bran sea visitado por ser relacionado a Drácula se puede explicar con el refrán: “Hazte la fama y échate a dormir”. En la cultura popular Bran es EL castillo del conde, eso es así, y a nadie parece importarle demasiado. Yo fui uno de esos cientos que cada día van a Bran tras la leyenda de Drácula, no lo niego. 

Creo que si llegamos allí con la falsa ilusión de creer que ese sitio fue la real inspiración de la obra, o la fortaleza de Vlad Tepes, al verlo es posible que nos llevemos una desilusión. Pero si somos conscientes de cómo son las cosas, el misterio que envuelve a Bran con esta leyenda lo hace un lugar interesante. El pueblo en sí es muy pequeño, y lo que claramente destaca es la fortaleza. El espíritu del lugar hace que se respire a Drácula, aunque no por eso hacen abuso, y no nos encontraremos con un “Draculandia” lleno de letreros por todos lados con la cara del vampiro.

Si estamos de visita por Rumania, y no nos interesa para nada Drácula, el castillo no esta mal, ya que está muy bien conservado, y es imponente observarlo en la cima de la montaña. ¿Es el castillo más bonito del mundo? Sin dudas que no.

¿Cómo llegar? ¿Cuanto tiempo ir?

Bran se encuentra a solo 30 kilómetros de Brasov, por lo tanto la mejor opción es viajar allí  y tomar un autobús. Al ser tan pequeño el pueblo casi que nos bajaremos en la puerta de entrada al predio.

Medio día es suficiente para recorrer el castillo y los alrededores (aunque mucho más por hacer no hay). Por ende, viajando desde Brasov con dedicarle un día es suficiente. También podría hacerse en un día desde Bucarest, aunque tendríamos que aprovechar al máximo el día ya que solo de transporte (incluyendo desplazamientos entre terminales) tendremos entre seis y siete horas.

¿Tour o libre?

Desde Bucarest hay varios tours temáticos de Drácula que ofrecen visitar Bran y otro lugar como puede ser el castillo de Peles o la fortaleza de Rasnov (que nada tienen que ver con el personaje). Estos duran entre 4 y 12 horas, e incluyendo entradas cuestan alrededor de 70 euros. Esta cantidad de dinero es bastante para Rumania, aunque nos aseguraremos tener un guía que nos cuente la historia. 

En vistas que visitaremos un lugar al que llegaremos principalmente por la leyenda que rodea a la figura de Drácula, no está mal la idea de tener un guía que le aporte un poco de dramatismo y nos sumerja en la historia. Pero… si hacemos el recorrido por nuestra cuenta gastaremos máximo la mitad. A su vez, es el lugar más turístico de Rumania, por lo tanto, no será difícil llegar por nuestra cuenta.

El resto de las consideraciones son los habituales “pro y contra” de realizar un tour o viajar libre en cualquier lugar.

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3 de abril de 2019

San Felipe Neri: Las cicatrices de una herida que todavía no cierra.

Hace unos días (1 de abril de 2019) se cumplieron 80 años del fin de la Guerra Civil Española. Un proceso que llevó al poder al régimen dictatorial de Francisco Franco, quien se afianzó en él hasta su muerte en 1975 (aunque oficialmente dejó de ser jefe de estado en 1973). Mucho hay para hablar sobre este periodo franquista, aunque no será el eje central de este artículo. Si destacar que esta etapa se inició con la guerra civil, y al día de hoy es una herida abierta en la sociedad española, que no parece cicatrizar.

La guerra Civil

Un intento de golpe militar en 1936 (que buscaba quitar del poder a la joven segunda república instaurada en España cinco años antes) desencadenó una guerra entre las fuerzas defensoras de la república y aquellos que se habían sublevado. A este último grupo se los conoce como “franquistas”, por ser liderados por el ya mencionado Francisco Franco.

Este enfrentamiento se va a desarrollar prácticamente en todo el territorio español, siendo Cataluña una de las zonas que más tiempo logró resistir al control del ejército Franquista (junto con la Comunidad Valenciana y parte del centro del país). Aún así, para marzo de 1939, la ofensiva de las fuerzas rebeldes lograron quebrar la resistencia catalana.

Bombardeos en Barcelona

Uno de los modos de diezmar Cataluña fue mediante ataques aéreos. La capital, Barcelona, será una de las que más los sufrieron.

El método con el que llevaron adelante los bombardeos (entre 1938 y 1939) fue especialmente cruel para la población civil. Este consistió no sólo en atacar las sedes de poder, sino en causar la mayor cantidad posible de víctimas civiles. Para ello, no realizaban un único bombardeo, sino que utilizaron una técnica que consistía en un asedio entrecortado. Esto significaba realizar un ataque breve y simular su finalización para que la población piense que ya había acabado todo y salga de sus refugios. Con los ciudadanos nuevamente en las calles, comenzaba otro ataque aéreo para tomarlos por sorpresa. Esto no solo generaba más víctimas, sino que los servicios de bomberos e intentos de rescate no podían llevarse adelante con “normalidad” por el riesgo a ser atacados en pleno proceso, y por la confusión creada, ya que no podían terminar de auxiliar en determinado lugar cuando otro ataque ya estaba en marcha.

San Felipe Neri

En Barcelona aún hay un lugar donde se pueden ver las marcas dejadas por esta guerra que aún parece seguir latente en la sociedad española. Este sitio es la Iglesia de San Felipe Neri en el Barrio Gótico.

Fue el 30 de enero de 1938 cuando las fuerzas aliadas al franquismo eligieron este sitio para realizar uno de sus tantos bombardeos en la ciudad. A solo metros de la Catedral de la ciudad, y en una zona que actualmente es de las más transitadas de Barcelona.



Ese ataque causó la muerte de 42 personas, la mayoría de ellos niños, ya que junto a la iglesia se ubica la escuela homónima. Si bien en un principio se creyó que fue un ataque directo de la aviación dirigida por Francisco Franco, años más tarde se supo que el bombardeo fue llevado adelante por la Aviación Legionaria Italiana encabezada por Benito Mussolini, aliado de Franco.

Actualmente, en la plaza San Felipe Neri, que se encuentra junto a la iglesia, se puede observar una placa que recuerda ese trágico día, pero por sobretodo, la marca imborrable son los daños causados en las paredes de los edificios.


Esta plaza despierta el interés de más de un turista que llega conociendo la historia del lugar, y otros tantos que perdidos en el Barrio Gótico finalizan azarosamente allí. Aún así, una hora al día la plaza se cierra a los visitantes para que los niños de la escuela puedan salir a jugar en ella durante el recreo. Jugar, como hace 80 años hacían esos pequeños que, en un día como cualquiera, donde debían estar aprendiendo o divirtiéndose con sus compañeros, terminaron siendo víctimas inocentes de quienes querían el poder a cualquier precio.

Fuentes

https://www.barcelonaturisme.com/wv3/es/page/1247/placa-sant-felip-neri.html

https://www.laramblabarcelona.com/plaza-de-san-felipe-neri/

http://www.altramemoria.org/actividades/plaza-san-felipe-neri/