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La triste historia de la iglesia que parece de cuento de hadas [San Petersburgo, Rusia]



Si bien parece salida de un cuento para niños o construida de glacé y caramelo, la historia que llevó a la construcción de la Catedral es todo menos feliz.

Fue construida en el exacto lugar en que el zar Alejandro II de Rusia fue asesinado, el 13 de marzo de 1881. Aquel día, un representante del movimiento nihilista, lanzó una bomba a la carroza del zar. El zar logró bajar del vehículo y fue ahí cuando un compañero del primer atacante lanzó una segunda bomba, hiriendo de muerte el zar.

Inmediatamente después de la muerte, el hijo del difunto, Alejandro III declara su intención de erigir una iglesia en el lugar de la muerte de su padre. Numerosos bocetos fueron presentados y todos fueron los descartados, ya que Alejandro quería que se construyera en el estilo ruso tradicional, en fuerte contraste con los estilos de moda de la época. 

Se decidió finalmente por el proyecto del arquitecto Alfred Parland, y la construcción duró 24 años, terminándose durante el reinado de Nicolás II en 1907.

Si el exterior deja con la boca abierta, el interior no se queda atrás: Está decorado con piedras provenientes de las regiones rusas de los Urales y del Altái. Además un enorme conjunto de mosaicos que abarcan 7000 metros cuadrados decoran por completo la superficie interna, ilustrando escenas bíblicas y numerosas representaciones de santos y mártires típicos de la iconografía rusa.

La iglesia no tuvo una historia fácil: Fue saqueada de sus ornamentos de oro y plata, casi desmantelada y derribada en dos ocasiones, y dejada a su suerte por gran parte de la primer mitad del siglo XX. Sirvió como morgue para los cuerpos de los fallecidos de frío y hambre, como almacén de verduras y depósito para decoraciones teatrales.

Un dato curioso es que durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, una bomba de una tonelada y media cayó en una de sus cúpulas y allí permaneció por casi veinte años hasta que en los años sesenta finalmente fue descubierta por un grupo de operarios que estaban reparando filtraciones de agua, y posteriormente fue removida.

Finalmente en los años 70 se descarto la idea de demolerla y se inició su restauración. Al día de hoy es un símbolo de San Petersburgo y domina el paisaje con sus cúpulas de colores, características del arte ruso.