Nos advirtieron que no vengamos: Explorando la Medina prohibida de Salé [Marruecos Ep. 6]
Se picó el viaje! En el capítulo anterior les contamos por qué la prolija y perfecta Kashba de Rabat nos había dejado con sabor a poco. Así que, buscando el Marruecos real, nos subimos al tranvía, pagamos los 6 dírhams del pasaje y cruzamos el río Bu Regreg para desembarcar en Salé, una ciudad que está literalmente enfrente de la capital pero que parece quedar a años luz de distancia en los mapas turísticos.
Si querías ver el verdadero choque cultural y la vida marroquí sin filtros, este es el episodio que estabas esperando.
Salé: La ciudad que no vive del turista
Lo primero que notamos al bajarnos del tranvía es que acá las miradas cambian. No porque haya mala onda, sino porque no están acostumbrados a ver turistas caminando con cámaras. Salé es una ciudad residencial, trabajadora y con una identidad pesadísima: ¡en el siglo XVII llegó a ser una república independiente gobernada por piratas!
Nos mandamos de cabeza a recorrer su Medina Vieja y el contraste con Rabat fue inmediato. Los carteles en inglés o francés desaparecen, los precios caen a la mitad (¡nos compramos unas facturas y dulces locales increíbles por monedas!) y las calles angostas, sucias y ruidosas te envuelven con ese espíritu auténtico que tanto veníamos buscando. Caminamos entre carnicerías abiertas, puestos de frutas, cabezas de cordero expuestas y el ritmo frenético del día a día de su gente.
¿Zona peligrosa o mito de la policía?
Antes de cruzar, tres policías diferentes en Rabat nos habían advertido que Salé era una zona insegura para andar mostrando la cámara. ¿Cuál fue nuestra experiencia real? Totalmente pacífica.
Es verdad que el entorno se ve más degradado y que al principio sentís la tensión de ser el único extranjero en kilómetros a la redonda (lo que te hace guardar la cámara grande y filmar más con el teléfono por respeto y precaución). Sin embargo, nadie nos molestó, nadie intentó vendernos nada de forma agresiva y los vendedores nos trataron con una amabilidad espectacular. Como siempre decimos: el peligro muchas veces es una percepción o un mito, y la mejor forma de saberlo es ir a comprobarlo uno mismo.
Terminamos la jornada exhaustos, todavía con los estómagos resentidos, pero con la satisfacción de haber conocido las dos caras de una misma moneda geográfica.🎬🎒🇲🇦
¿Vos te hubieses cruzado a Salé después de las advertencias de la policía? ¡Queremos leer tu opinión en los comentarios!
Escrito por la Tana Laura
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