Rabat al descubierto: Entre monumentos inconclusos, secretos militares y una Kashba "demasiado perfecta" [Marruecos Ep. 4]
¡Seguimos de viaje! En este cuarto episodio de nuestro viaje a Marruecos, desembarcamos en Rabat, la capital de Marruecos. Teníamos una expectativa muy alta y la realidad es que la ciudad nos sorprendió desde el primer minuto: es moderna, ordenada, limpia y está repleta de imponentes edificios gubernamentales. Pero como ya nos van conociendo, a nosotros nos gusta rascar la superficie para ver qué hay detrás de la fachada.
Monumentos faraónicos (y un "¡circulen!" militar)
Nuestra primera parada técnica e histórica fue la famosa Torre Hassan. Arrancamos con un datazo nerd de los que nos gustan: esta mole iba a ser el minarete de una de las mezquitas más grandes del planeta allá por el siglo XII. Sin embargo, el proyecto se frenó de golpe: de los más de 60 metros de altura planificados, quedó varada en 44. Hoy, ver la torre solitaria rodeada por un verdadero ejército de columnas inconclusas es un espectáculo visual tremendo.
Pegadito está el Mausoleo de Mohamed V. Queríamos mostrarles el interior, pero nos topamos con la primera sorpresa del día: estaba cerrado por restauración. Para colmo, mientras caminábamos por la zona (que estaba extrañamente vacía), la policía militar nos invitó amablemente —pero sin derecho a réplica— a retirarnos. En Marruecos está estrictamente prohibido filmar a las fuerzas de seguridad o militares, así que entendimos la indirecta al toque y seguimos camino.
El peligro de comer "donde no van los turistas" y la Medina silenciosa
A la hora del almuerzo nos la jugamos: fuimos a un bodegón local, cero turístico, a clavar un tajine de carne y un cuscús de pollo, acompañados por un pan casero y el yogur más ácido del planeta. Si bien en el momento estuvo rico (¡y Ale se terminó comiendo los dos platos!), les pasamos el parte médico: las 48 horas posteriores en Tánger las pasamos visitando farmacias. El agua de la canilla encubierta o el picante local nos pasaron factura. Cosas que pasan cuando querés vivir la experiencia auténtica...
Con la panza llena, fuimos a recorrer la Medina Vieja. Nos llamó la atención lo tranquila que es en comparación con el caos de Marrakech. Vimos tiendas de cuero, especias, panaderías y un mercado central repleto de pescado fresco por la cercanía al río Bu Regreg y al Atlántico. Una Medina muy conectada con el día a día de la gente local.
La Kashba de los Udayas: ¿Monumento o parque de diversiones?
El plato fuerte del día era la Kashba, la ciudadela fortificada construida en una zona elevada con fines defensivos. Entramos por la imponente puerta Bab Oudaia (año 1195), un ejemplo espectacular de arte almohade, y nos encontramos con las clásicas e instagrameables callecitas pintadas de un blanco Inmaculado y azul.
Pero acá viene nuestra opinión más honesta y sin filtros: nos desilusionó un poco. La Kashba de Rabat se siente como un "parque de diversiones" hecho a nuevo para los contingentes de turistas. Está impecable, en constante reconstrucción, no hay puestos auténticos, no hay bullicio, y lo más raro de todo: ¡no hay motos! Está completamente aislada de la vida real de Marruecos. Si buscás la foto perfecta para las redes, este es tu lugar; pero si buscás el verdadero espíritu marroquí (ese con callejones estrechos, olores intensos a comida y vida local pura), acá no lo vas a encontrar.
Por eso, decidimos no quedarnos con esa postal armada. Nos subimos al tranvía y cruzamos el río rumbo a Salé, la ciudad de enfrente, un lugar que casi ningún turista pisa. ¿Será peligrosa? ¿Encontraremos ahí el Marruecos real?
Y vos preferís los lugares perfectos o el caos auténtico? 🎒🇲🇦
Escrito por la Tana Laura
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