15 de octubre de 2012

Planificando mi primer viaje de mochilero. Primer destino: Tucumán [Julio 2009]

Si bien ya pasaron casi dos años y medio de aquel viaje, es bueno recordar ese primer paso, en que uno decide agarrar una mochila y salir a recorrer.

Creo que hasta ese día de enero del 2009 en que en una cena familiar, los padres de Leo (el esposo de mi prima) quienes viven en Salta, comenzaron a hablar de las maravillas del Norte Argentino, nunca se me había ocurrido viajar hacia allá. ¿Por que? no lo sé, estudio historia, me encanta la arqueología... Creo que en algún momento iba a surgir esas ganas de ir, y fue justo en ese momento.

Mi experiencia de agarrar una carpa, una mochila, y todo lo que pueda entrar en ella, solo se limitaba a viajar a San Pedro, a 160 kilómetros de Capital Federal. Eso capaz explica un poco más porque hasta ese momento nunca había pensado en viajar al Norte.

Ese día, solo fue necesario un mensaje a mi amigo Jony (Con quien generalmente salía y salgo de viaje) para tener compañero de viaje. Ya estaba decidido, en no más de uno o dos meses viajábamos.

Pero como suele sucederme, mis ansias iban más allá de la realidad: Pasajes en tren era imposible de conseguir, y el dinero no nos alcanzaba para el bus. Mejor hacer las cosas tranquilos y dejar el viaje para mitad de año.

Al menos ese tiempo nos permitió poder realizar ropa de abrigo y bolsas de dormir adecuadas (Mi trabajo permite esa facilidad),

Meses después, finalmente el 20 de julio llego el momento de viajar.
Todavía -tengo y- recuerdo mi primer mochila: 60 lts de capacidad, dos bolsillos frontales, uno en cada lado, y otro superior. Precio: $ 33 ARS (Poco menos de 10 dolares). Claro, a pesar de todos los refuerzos que le realizamos en las costuras, durante el camino padeceríamos las consecuencias de nuestra inexperiencia, y búsqueda de ahorrar donde no se debe.  Aún así, con agujeros y ganchos rotos por todos lados, posteriormente soporto un viaje en auto a Entre Ríos, otro en tren y a pie por Bahía Blanca y Sierra de la Ventana, y algunos viajes de fin de semana. 

Viajamos en ómnibus "Balut" ($180 ida). Llegamos luego de algunos inconvenientes en el camino, lo que me llevó a enojarme bastante con esta empresa. Pero al tiempo sacaría la conclusión (equivocada o no) de que la mayoría de las empresas se preocupan poco por sus pasajeros, por el estado de los buses, medidas de seguridad, velocidades máximas, etcétera.

En San Miguel de Tucumán, nos esperaba el tío de Jony, Alberto, quien muy amablemente nos hospedó en su casa, y nos acompaño a recorrer la ciudad.

Luego de alojarnos y conocer a su familia, nos llevo a pasear por centro histórico. Comenzamos por recorrer la Plaza Independencia (ubicada entre las cales  25 de Mayo, San Martín, Laprida y 24 de Septiembre).

Allí nos encontramos con la Iglesia de San Francisco, la Catedral y la casa de gobierno. Luego nos dedicamos a recorrer las peatonales Mendoza y Muñecas, donde los arboles de naranja se encuentran a cada paso. 




Por ultimo, nos dirigimos a aquel lugar que vemos a diario en la moneda de 50 centavos: la casa histórica, donde el 9 de julio de 1816 se firmo la declaración de independencia independencia Argentina. En rigor de verdad, la actual casa es prácticamente una reconstrucción, ya que, en 1903 por su mal estado de conservación fue demolida casi por completo, exceptuando la sala de jura de la independencia.




Rumbo a San Javier

Nuestra idea original era quedarnos solo un día en Tucumán, incluso descartando visitar sus alrededores. Pero Alberto insistió en que nos quedemos al menos un día más. Aceptamos la propuesta, y seguidamente nos sugirió visitar San Javier.


Al día siguiente, nos levantamos temprano rumbo al cerro San Javier. Un camino, que según dicen, tiene más de cien curvas (yo les creo). Alberto se encargaría de indicarnos correctamente el bus que nos dejaría en su cima, donde un Cristo de 28 metros de altura se destaca por ser de los más altos de mundo.

Luego de almorzar empanadas, y algunos partidos de pool, decidimos regresar. El inconveniente es que se había ido el bus, y nos deparaba una larga espera, ya que pasan unos pocos por día, por lo que decidimos bajar caminando.


Optamos por cortar camino bajando por senderos rectos, en lugar de rodear la montaña por la ruta asfaltada. Pero después de un pantalón roto, decidimos hacer autostop. Rápidamente, una familia con su perro nos llevarían en su camioneta.


De regreso en el centro de Tucumán, disfrutamos de los bares aledaños y regresamos a la casa de Alberto. Al día siguiente, nos acompaño a la terminal para despedirnos. No podemos estar más agradecidos por su hospitalidad y la de su familia.

0 comentarios:

Publicar un comentario