24 de julio de 2013

Stromboli, un paraiso en las puertas del infierno.

¡Ah! —exclamé—, un habitante de este bienaventurado país.
Era una especie de pordioserillo miserablemente vestido, de aspecto bastante enfermizo, a quien nuestra presencia pareció intimidar extraordinariamente; cosa que a la verdad, no tenía nada de extraña, pues medio desnudos y con nuestras barbas incultas, teníamos muy mal cariz; y a menos que nos hallásemos en un país de ladrones, nuestras extrañas figuras tenían necesariamente que amedrentar a sus habitantes.
En el momento en que el rapazuelo emprendió, asustado, la huida, corrió Hans detrás de él y lo trajo nuevamente, a pesar de sus puntapiés y sus gritos.
Mi tío comenzó por tranquilizarlo como Dios le dio a entender, y, en correcto alemán, le preguntó:
¿Cómo se llama esta montaña, amiguito?
El niño no respondió.
Bueno —dijo mi tío—; no estamos en Alemania.
Formuló la misma pregunta en inglés, y tampoco contestó el chiquillo. A mí me devoraba, la impaciencia.
¿Será mudo? —exclamó el profesor, quien, orgulloso de su poliglotismo, repitió en francés la pregunta.
El mismo silencio del niño.
Ensayemos el italiano —dijo entonces mi tío. Y le pregunto en esta lengua:
Dove siamo?
Sí, ¿dónde estamos? —repetí con impaciencia. Pero el niño no respondió tampoco.
¡Demontre! —exclamó mi tío, que empezaba a encolerizarse, dándole un tirón de orejas—, ¿acabarás de reventar de una vez? Come si noma qaesta isola?
Strombolí —repitió el pastorcillo, escapándose de las manos de Hans y emprendiendo veloz carrera a través de los olivos hasta llegar a la llanura, sin que nos volviéramos a ocupar más de él.
¡El Estrómboli! ¡Oh, qué efecto produjo en mi imaginación aquel nombre inesperado! Nos hallábamos en pleno Mediterráneo, en medio del archipiélago eolio, de mitológica memoria, en la antigua Strongyle, donde Eolo tenía encadenados los vientos y tempestades. Y aquellas montañas azules que se veían por el Este eran las montañas de Calabria. Y aquel volcán que se erguía en el horizonte del Sur era nada menos que el implacable Etna.
¡El Estrómboli! —repetía yo—, ¡el Estrómboli!
Viaje al centro de la tierra - Julio Verne.


Al salir del centro de la tierra, Axel, protagonista/narrador de la novela de Julio Verne, en pocas palabras definiría claramente a la pequeña, y poderosa isla del mediterráneo.
Struògnuli, como se la denomina en lengua Siciliana, es una de las siete islas Eolicas (Isole Eolie en italiano), un archipiélago ubicado en el mar Tirreno, al norte de la isla de Sicilia. Lejos esta de ser una gran isla, más bien diria que con sus 12,6 km2, apenas si se encuentra entre las 150 islas mas grandes del Mediterraneo.

Pero, este pequeño punto en medio del mar, cuenta con una peculiaridad: Se caracteriza por ser la punta del cono de uno de los pocos volcanes activos de Italia. En su cumbre, hay tres cráteres que cada 20 minutos producen una pequeña, pero poderosa erupción que se escucha desde cada rincón de la isla.
El volcán se eleva 924 mts. sobre el nivel del mar, pero cuenta con una altitud aproximada de 2.000 m sobre el piso oceánico. Este dato resulta interesante, ya que a pesar de no ser visible, Stromboli tiene una dimensión similar a su vecino Etna.




Griegos, y Romanos situaron a las islas, como el hogar de algunos de sus dioses. Justamente, el nombre de las mismas proviene de Eolo, Dios de los vientos. También, muchos registros mitológicos indican la creencia de que Vulcano el Dios del fuego Romano, y su equivalente Griego Heracles, creador de los rayos de Zeus y el tridente de Poseidontenían sus talleres en el cráter del volcán de la isla que desde aquella época se conoce como Volcano.
Más allá de que en la mitología estos dioses fueron los primeros pobladores, los registros sitúan que la isla se encuentra habitada hace unos 6000 años.
Durante siglos, se mantuvo con una constante población, nunca de gran tamaño, obviamente por su ubicación geográfica, y características propias que la convierten en una Tierra para valientes. Con el comienzo del siglo XX, la isla empieza a atraer a vulcanologos, y aventureros, con ansias de explorar e investigar el cono despierto.

Su silueta con forma de cono se ve incluso desde las costas de Calabria, y como un imán atrae a los curiosos hasta sus incandescentes llamas de fuego liquido. 

No hay dudas, Stromboli es una isla hermosa. Un hermoso mar, azul por donde se lo mire, y de agua transparente, que a su vez contrasta con el negro de una playa que no esta formada solo por arena, sino por las cenizas volcánicas. Por otro lado, opacado por el volcán, el pueblo también muestra su belleza. Recorrer sus calles y casas blancas, recuerdan por ejemplo a la famosa isla Griega Santorini.





Sin dudas Stromboli es un maravilloso y tranquilo lugar...

¿Se puede definir como "Tranquilo" a un lugar donde cada veinte minutos, con un temblor, un rugido, y una erupción de fuego, el humeante volcán te hace recordar de su presencia? Puede ser controversial, pero si, Stromboli también es tranquila. Un pequeño pueblo, de pocos habitantes, alejado de los ruidos, los autos (solo motos o carros de golf circulan por la misma), e incluso, las grandes masas de turismo.
Si visitamos la isla, seguramente nos llamara la atención una roca en medio del mar. Justo frente a Stromboli se encuentra Strombolicchio. Hoy parece una simple piedra, pero antiguamente, antes de erosionarse fue un volcán. "La pequeña Stromboli" es lo que se conoce como un tapón volcánico, osea, una gran roca de Basalto, muy resistente a la erosión, que justamente por esta característica se mantuvo en pie a pesar de la desaparición del resto del volcán. Si bien por sus dimensiones no posee habitantes, desde hace más de 100 años, la isla cuenta con un faro, antiguamente manual, hoy día completamente automático.


Con el paso de los siglos, la gente se fue habituando a la convivencia con el volcán, incluso se encontró utilidad a la lava, como material para la construcción de viviendas. Aún así, éste cada tanto resulta ser una complicación. Las cenizas constantes, explosiones con piedras cayendo sobre el pueblo, etc, son parte de la vida de un habitante de Stromboli, quien siempre tiene que estar con un oído prestando atención a su rutina diaria, y el otro en su rugiente vecino. Pero a pesar de la actividad volcánica y sus complicaciones, la vida allí es posible, no solo para las personas, sino que también las flores crecen y le dan encanto a la isla.

Si queres visitar Stromboli, a continuación dejo una guía sobre como conocerla sin gastar demasiado dinero.

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