20 de julio de 2013

Brattirò e la sua storia. Vidas en medio de las montañas.

Finalmente llegué a la estación de trenes de Tropea. A pesar de ser una ciudad turística, no resulto una tarea sencilla, ya que mi arribo se produjo luego de tomar un autobús y tres trenes; 4:30hs de viaje, de las cuales 2:29 fueron de espera entre transporte y transporte. Si bien Tropea merece la pena ser visitada por sus increíbles playas, estas ciudades las incluí en mi recorrido por su valor sentimental, para poder volver a la tierra de mis abuelos.





Me recibió Gerry, quien vendría a ser algo así como hijo del primo de mi abuela, o nieto de mi bisabuela (que creo es lo mismo).
Gerry aparenta ser electricista, al menos con eso se gana la vida. Pero su pasión, la cual lleva a cabo, es cantar. Junto a su banda, Officina Kalabra, se encarga de difundir la música típica de la región. En general, el trabajo en esta zona no abunda, y a veces resulta difícil conseguir el dinero necesario para sustentarse. Por momentos, la vida también es dura, y monótona, pero la satisfacción de Gerry, es cuando llega ese concierto de fin de semana, o la época de gira, y a veces decenas, otras cientos, y hasta incluso miles, aclaman desde abajo del escenario que siga cantando.

Él vive en Brattirò, un pueblo de 800 personas perteneciente a la comuna de Drapia, donde me estoy alojando y en el que nació mi abuela y mi tía. Aquí, seguramente si me asomo por la ventana y le pregunto al primero que pase, me responderá que es un pariente. El dueño del Bed and Breakfast es de apellido Vallone, no se si tendré alguna relación con él, pero ese es el apellido de mi bisabuela.
Para mi sorpresa, en este pequeño pueblo, como no podía ser de otra manera, vive Martín, de Almagro. Un Argentino perdido en un pueblo en medio de las montañas, donde ni siquiera llegan los transportes públicos. Su vida: envidiable para muchos. Hace diez años que vive de verano, viajando entre Buenos Aires y Tropea. Su trabajo: más envidiable, sentarse a tomar sol, y vigilar que a la gente no le pase nada dentro del mar hermoso y tranquilo mar de Tropea, osea, guardavidas. Como el dice, a los italianos los vuelve locos con sus bromas y su interminable energía. Cuando no puede hacerlo en Argentina, transmite en Calabria la alegría de los murgueros. Solo nos conocimos tres días, pero doy fé, que los inviernos, durante su ausencia, el puesto de generador de sonrisas queda vacante.

Claro, nadie esta exento de los problemas cotidianos, y sus responsabilidades son mayores a las que cuento. A veces, cuando no hay giras ni turistas, si el dinero no alcanza, hay que levantarse temprano para ir a cosechar al campo. Pero cada tanto es lindo imaginarse, y envidiar una vida que parecería perfecta.
Martín y Gerry no son parientes, pero comparten el mismo apellido: Ambos Rombolá, como también se apellidaba mi abuela, como también se llama el dueño de la carnicería del pueblo, como se llama el bar del pueblo (Por ende sus dueños), y como se debe llamar la mitad del pueblo que no se apellida Vallone.

La noche de mi llegada, fuimos a comer con Gerry a Tropea, al restaurante de su hermano. Como era de esperarse, me sugirieron comer los platos tipicos de Calabria. Primero una tabla de fiambres: Longanizas, quesos, jamon crudo, aceitunas, etc. A la que luego se le sumaria otra con porotos, tortilla, unas albondigas de arroz, morrones con papas, papas con tuco y, si no me quivoco, tripa. Como buenos Calabreses, todo en abundancia.
El primer plato (y ultimo) seria de Filei, unos fideos tradicionales de esta zona. Me preguntaron si comía picante, porque en Calabria se come mucho picante, y el tuco tradicional era picante. Mi respuesta fue "Si, sono abituato a mangiare picante, mangio molto picante". Es verdad, como mucho picante, y aparte, como descendiente de Calabres, mi respuesta no podía ser otra. Con una sonrisa picara me sirven el plato de pasta. Segundos después de empezarlo a comer no podía creer como puede haber gente que coma TAN PICANTE! No se bien que contiene el Tuco, ragú, o succo (en dialecto), me dijeron que carne picada, pero parecía que fuera solamente ají picado y un poco de salsa de tomate.
Al día siguiente, Cosme (el dueño del hostel) me lleva a visitar Tropea, y luego a su casa, a conocer a su familia, quienes seguramente podrían orientarme un poco más sobre los lugares donde habitaron mis familiares. Al ingresar, lo primero que observo es un cuadro, con velas y flores, formando un pequeño pero vistoso santuario, el de la foto no se llama Jesús ni María, sino Diego Armando Maradona. Como era hora del almuerzo, me invitaron a almorzar.

Entre ellos se encontraba su padre, "el doctor Vallone", nombre que pongo entre comillas, porque si en el pueblo se pregunta a cualquiera por el doctor, no habrá confusiones de que persona se esta hablando. Pasquale Vallone nació en Brattirò en 1945. Por cuarenta años ejerció la profesión de medico, pero paralelamente realiza su otra vocación: Escribir. Y entre sus libros, se encuentra uno llamado "Brattirò e la sua storia", donde, luego de un gran trabajo de investigación, el doctor escribe en 260 paginas la historia del pueblo desde sus orígenes hasta la actualidad. Una gran obra para los locales, que entre sus paginas tiene peculiaridades como una lista con todas las personas que emigraron de Brattirò (con su destino incluido) y otra con los apodos comunes del pueblo. Aunque parezca extraño, aquí, y en los pueblos cercanos, si preguntas por una persona indicando su nombre y apellido, tal vez no la reconozcan, pero si brindas su apodo, por más que haya emigrado o fallecido hace medio siglo atrás, lo recordaran fácilmente.

Al rato llego Mariana, una prima de mi abuela. Ella me llevaría a conocer los campos que en algún momento pertenecieron a mi abuela y su familia.
Mariana en la década del '80 viajo a la Argentina. En esa época ya a muchos los sorprendía que todas las mañanas se levantaba a trabajar su campo. Los años pasan, pero casi tres décadas después, como hizo toda su vida, y con la misma vitalidad, ella se sigue levantando a trabajar la tierra.
Me habla en dialecto, el resto de las personas de la casa le aclaran que seguramente no entiendo, a lo que ella responde: El entiende italiano. Realmente a pesar del esfuerzo que hago, solo comprendo algunas ideas generales, pero aún así intento mantener una conversación. ¿Como le explico que ESE no es el verdadero italiano, y que me tiene que hablar en el que yo aprendí, en aquel que se habla por la Toscana? ¿Como le justifico que las palabras masculinas terminan en "o" y no en "u", y al tuco se le dice "ragú" y no "succo"? ¿Cual es el verdadero italiano?¿Hay uno verdadero, o solo un consenso para unificar?¿Dante Alighieri habrá visitado La Calabria? Sea como sea, el embutido tipico de la región es la Nduja, palabra que no parece ser italiana, pero que por más vueltas que se quiera dar al asunto, siempre va a ser Nduja.
Mariana me lleva a conocer a Pietro, el tío de Gerry, quien me invita a regresar su casa a la noche para cenar. A la hora de la cena volví para comer pizzas. Para mi sorpresa, pero como es habitual acá, me explican que los ingredientes de la pizza, junto a los fiambres y el vino, eran todos elaborados por ellos. Salvo la harina, ya que hace algunos años dejaron de utilizar el molino con el que años atrás la hacían.
Pietro, su mujer y Mariana



Antiguos campos de mi abuela.
Con Martín en su ciclomotor visitamos localidades costeras vecinas, y desde la playa me indico en el mar el volcán Stromboli y las costas de Sicilia. Gerry mientras organizaba sus recitales, los pueblos de montaña. Cosme, la turistica Tropea, y Mariana la campaña.
Gerry, Cosme, Martín y Mariana, todos me llevan a conocer un poquito de la región, Brattirò, Tropea, Capo Vaticano, los campos de mi abuela... Todos comparten conmigo un poco de su tiempo. Pero la vida sigue, y Brattirò y Tropea van a seguir siendo las mismas. Cada uno me explica un poco sobre la vida aquí. Por ejemplo, que la vida se divide por temporadas, y el trabajo (que no abunda) es un factor determinante: esta la temporada de verano, cuando llegan los turistas a las hermosas playas de agua transparente. Los alojamientos repletos, y las calles llenas de gente. Otra temporada importante, donde solo están los locales, es la de cosecha de las tierras. Y una tercer temporada, el resto del año, donde solo se espera que llegue la siguiente.
Si tenes suerte, con el verano podes hacer una diferencia para vivir el resto del año, sino, hay que continuar en el campo.
Capo Vaticano.
Enfrente, Sicilia.
De fondo, el volcán Stromboli.
La última noche, camino con Gerry por el pueblo, a medida que avanzamos me va señalando distintas casas: "¿Ves esa? allí hace varios años que no vive nadie" "Y esa otra... Los dueños solo regresan en verano" "¿Y ves esa, aquella y la de allá? Todas a medio construir, ¿sabes porque? porque los padres las hacen para sus hijos, solo la dejan sin marcos,puertas y azulejos, para que los elijan ellos. Los años pasan, y las casas siguen sin terminar, porque ellos eligen irse a trabajar, o estudiar al Norte"
La casa de mis abuelos.
En Brattirò, mucha gente se va, y algunas vuelven. El trabajo se va, y generalmente, con mucho esfuerzo lo hacen volver. Pero no siempre es posible, y por eso, muchos, principalmente los jóvenes, se van a buscar el progreso, a lugares lejanos. Paradojicamente, como hace más de medio siglo atrás le sucedió a mis abuelos y a tantos otros, la decisión sigue siendo la misma: optar por emigrar al Norte, o al extranjero. En Brattirò, como en toda Drapia, desde 1920, la población solo desciende. Sus habitantes lo saben, pero los que optan por quedarse, comprenden que hay que seguir cultivando los campos, y aprovechando la belleza de sus tierras que cautiva a los turistas.
La monotonía abunda, pero algunos, los mas audaces, pueden aferrarse a los sueños y vivir en una playa para muchos paradisíaca, ser músicos aclamados en festivales regionales, o escribir un libro.

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