11 de julio de 2013

Un primer recorrido por Lecce, y la costa del Salento.

Salgo de la estación ferroviaria y comienzo a caminar. Tiempo me sobra, tengo seis horas antes de encontrarme con mi anfitrión de Couchsurfing, pero debo llegar lo más rápido posible a Piazza Sant'Oronzo (nuestro punto de encuentro), ya que mi espalda, y principalmente los hombros todavía están resentidos del error de ayer, que me llevo a caminar más de cinco horas (y varios kilómetros) por los alrededores de Alberobello, ¡cargando las dos mochilas!.
A medida que avanzo, comienzo a preguntarme si las paredes amarillas que tiñen toda la ciudad, son producto del hombre o de un sol incesante que no deja un centímetro de sombra.
La llaman la Florencia del Sur... no quiero comparar, menos puedo hacerlo si una de las dos ciudades no la conozco. Pero lo que si aseguro, es que acá, el arte barroco llego para quedarse.




No hace falta buscar algún palacio o monumento, simplemente caminando por cualquier calle, hasta en la casa menos preservada es posible observar la exagerada (y bellísima) decoración heredada principalmente de los siglos XVII y XVIII.
Llegando a Piazza Sant'Oronzo, compruebo que para colmo, Lecce no es solo barroco, al encontrarme con el anfiteatro romano. Mientras avanzo los últimos metros, comienzo a pensar que hice mal en comprometerme para cambiar de ciudad mañana a la tarde. Lecce merece más que un día.




Como había acordado, me encuentro con Massimiliano, a quien defino como "un profesional del Couchsurfing". Esta practica ya parecería automatizada en su vida. A pesar de vivir en una pequeña habitación, ha hospedado a tantas personas, que seria imposible que recuerde a todos.
Visitamos la ciudad y San Cataldo, la playa más cercana ubicada a 10 kilómetros de Lecce. Luego nos encontramos con otros miembros de Couchsurfing para cenar. Aquí comienzo a notar la costumbre de los italianos de pedir una pizza por persona. Aunque sea fina, y yo de comer bastante, imposible se me hace seguirles el ritmo, y terminar toda mi ración. Luego decidimos irnos a dormir temprano ya que mañana hay que afrontar un largo día.
El Salento
Nos levantamos temprano para dirigirnos al bar "Barrochino", lugar de reunión de los miembros de Couchsurfing de la ciudad. Justamente llegamos aquí para encontrarnos con otros integrantes de la comunidad y pasar algunas horas en la playa. Esta ciudad del Salento, que no llega a los cien mil habitantes, tiene una comunidad Couchsurfing, muy activa, que no solo comparten buenos momentos con huespedes extranjeros, sino que est{an unidos por lazos de amistad muy fuertes entre ellos, sin existir barreras idiomáticas, culturales o nacionales. Incluso muchos miembros de la comunidad, en un principio fueron hospedados por los locales cuando llegaron a la ciudad para instalarse por estudios o trabajo, y actualmente devuelven parte de esa cortesía. Difícilmente un “surfista” (Huesped de couchsurfing) no consiga ser alojado en Lecce, ya que si alguien no puede, seguramente otra persona estará dispuesta a hacerlo. Al llegar a la ciudad, la comunidad ya estará enterada de nuestra presencia, y ansiosos por agasajarnos.
Luego de desayunar, junto a tres chicas polacas, una rusa, Alberto, un Mexicano haciendo couch en la ciudad, Fernando y Marco (Italianos, de Lecce), nos dirigimos al mar.



El día no era bueno, por momentos llovía, pero con un Massimiliano muy optimista continuamos viajando por "el taco de la bota" italiana, hasta nuestra playa de destino en la localidad de Ciolo, donde el tiempo mejoró, y algunos nos animamos a meternos al hermoso mar azul. Caminando un poco por las montañas cercanas a la costa, logramos divisar una construcción de pequeñas piedras, muy similar a los nuraghe de Cerdeña, la cual se asemeja más a un horno de barro, o a la casa de algún ngomo.

Sin esperarlo, visitamos una ciudad que había eliminado de mi recorrido: Santa Maria de Leuca, la más austral del taco de la bota Italiana. Su faro avisa a los marineros del Mediterraneo no solo que las costas italianas se aproximan, sino el punto donde el mar Adriático y Jónico se unen.
Al atardecer, me llevaron hasta Otranto, donde pasaría la noche en casa de Remildo, mi siguiente anfitrión. Nos despedimos, pero momentáneamente, ya estaba decidido, luego regreso a Lecce para ser hospedado por Fernando.



Faro de Leuca
Piazza Giovanni XXIII
Santa Maria di finibus terrae.

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