17 de mayo de 2015

The death road: La ruta más peligrosa del mundo.

Hasta la década de los '90 asignarle este nombre inglés a una ruta de un país de habla hispana y quechua, podía sonar como descabellado. Pero esto parece no ser tan loco, cuando lamentablemente se puede afirmar que el camino de unos 80 kilómetros que une la capital boliviana con la zona selvática del país, comenzó a ser mundialmente reconocido como el más peligroso del mundo.

Bolivia tiene la particularidad de ser un país de gran diversidad geográfica. Un gran porcentaje del territorio, y tal vez el más conocido, corresponde a la zona andina, ubicada al oeste, con ciudades por encima de los 4000 msnm. Pero hacia el este la altura comienza a descender hasta el nivel del mar. Pasando de tierras áridas a abundantes selvas, y gran variedad de climas.

La capital administrativa del país, La Paz, se ubica en el altiplano de la zona andina, a 3600 metros. A solo 80 kilómetros de distancia está la ciudad de Coroico, en una región selvática conocida como Los Yungas (regiones de bosques de montaña ubicadas en zonas de la cordillera de Los Andes de Perú, Bolivia y Argentina). Ambas ciudades se encuentran separadas por la Cordillera real, una de las tres secciones de Los Andes, que se caracteriza por poseer la mayor parte de las montañas más altas de bolivia, por encima de los 6000 msnm.





En la década de 1930, con intenciones de unir La Paz con Coroico se creó una ruta que cruza la selva boliviana. Prisioneros paraguayos fueron obligados a construirla luego de la guerra del Chaco.
Pero las características de esta región (montañas, neblina constante, lluvias), el desafío de unir un terreno que parte de los 3600 metros, asciende a poco más de 4600, para luego descender a menos de 1000, y las precariedades constructivas, generaron un camino doble mano, por momentos con solo tres metros de ancho, y desprendimientos continuos de tierra, que a lo largo de su historia llegó a tener más de 100 muertes anuales.

A pesar que en 1983 en solo un accidente murieron más de 100 personas, recién en el año 2006 se construyó una nueva carretera, dejando la vieja solo para el turismo y los pobladores locales.





Death road actualmente es un circuito turístico realizado en bicicleta, donde aventureros de todo el mundo vienen desafiarse a sí mismos y a la naturaleza. Aunque el desafío aventurero no es lo único, ya que el paisaje montañoso y selvático, con su abundante vegetación, y sus cascadas por las que muchas veces, incluso tenemos que pasar por debajo, hacen que valga la pena el esfuerzo y riesgo.

Si bien estos turistas, no están exentos de peligro, y las fatalidades son continuas, lejos se está de cuando Death road era el camino de la muerte.







Para realizar el camino, se debe contratar en La Paz alguna de las más de 20 agencias que lo brindan. En general varían en cuanto a reconocimiento, trayectoria y precios (como en general sucede en el país, es posible regatearlo un poco). Esto último puede verse reflejado principalmente en la calidad de la bicicleta.

El recorrido comienza en La Paz, donde una camioneta Van o Combi, con las bicicletas cargadas y los guías correspondientes parte de la agencia o pasa a buscarnos por el lugar donde nos encontremos alojados. Luego, nos alejamos del centro de la la ciudad, hasta la cumbre, punto donde comienza el recorrido. Allí nos brindan las bicicletas (de simple o doble suspensión dependiendo cual contratamos) y los elementos de seguridad. Hacemos un tramo corto, hasta un “peaje” donde se paga por utilizar la ruta, y se aprovecha para desayunar. El recorrido finaliza cerca de Coroico, donde generalmente se brinda un almuerzo y se descansa antes de emprender la vuelta. En este momento, se puede elegir por volver a La Paz, o seguir hasta Coroico.










Hoy death road es un paquete turístico lleno de emoción y alegría para la mayoría de quienes lo realizan. Quizá yo soy muy negativo, pero a mi me resulta difícil verla así, sabiendo la historia de este camino, y de los miles de bolivianos que salían de sus hogares, sabiendo que no volver era un posibilidad muy grande.

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