4 de febrero de 2019

Noul Neamt y la fortaleza de Bender: Dos joyas arquitectónicas del país que no existe.

Moldavia es un país de una gran cultura, pero que se refleja más en la gente y su vida diaria que en grandes monumentos u obras de arte, los cuales no parecen abundar. La realidad es que la situación económica, y el escaso desarrollo tecnológico hace que los avances del país sean muy lentos. A lo largo del último siglo pasó de ser un estado agrícola de la ex Unión Soviética (que dejó un país con tierras arruinadas por la cantidad de pesticidas utilizados) a una nación independiente que no solo debe lidiar con sacar a flote su economía, sino que también posee un importante sector del país “autodeclarado independiente” (Transnistria) y otro que presiona para seguir el mismo camino (Gagauzia) lo que hace que ni siquiera puedan tener bajo control sus conflictos internos. 

Pensar en desarrollar el turismo y las artes en un país donde más de la mitad de la población vive en el campo y su trabajo depende de la agricultura (lo cual en el mundo moderno no parece ser sinónimo de desarrollo) está lejos de ser prioridad, al menos en el corto plazo. Esto hace que si bien cuenta con varios sitios dignos de visitar, lamentablemente se encuentran distantes uno de otro, sea difícil obtener información, y lo más probable es que la mitad los descubramos una vez de vuelta en casa. Pero estos no son los únicos problemas.

Esteban El Grande o Stefan Cel Mare, el príncipe más importante de su historia y principal héroe de la Nación, realizó varios avances culturales, entre ellos una serie de monasterios únicos en el mundo (declarados Patrimonio mundial de la Humanidad) por encontrarse completamente pintados en su exterior, y que luego de varios siglos aún mantienen gran parte de sus obras. Pero la suerte no está del lado de los Moldavos, ya que a pesar de ser conocidos como los Monasterios de Moldavia, las fronteras modernas los dejaron en territorio Rumano.

Monasterio de Voronet. Destaca no solo por sus pinturas, sino por su color azul.

A su vez (y sobre ellos tratará este posteo) Moldavia cuenta con al menos dos construcciones destacables, una fortaleza medieval en un gran estado de conservación en la ciudad de Bender, y un hermoso complejo de monasterios denominados Noul Neamt. Ambos dignos de visitar, pero que también se encuentran fuera de su control, ya que están en la región separatista de Transnistria (más aquí). 

Sin dudas, ambas construcciones, pero principalmente el complejo monástico, serían un orgullo y dignos de reconocimiento en casi cualquier país del mundo. Lamentablemente los conflictos políticos y sociales de la región, los vuelven prácticamente desconocidos ante el mundo. A decir verdad, muy pocas personas saben que en Moldavia hay una región autodeclarada un país independiente con gobierno, moneda, bandera e incluso pasaporte propio, pero sin reconocimiento de ninguna otra Nación, por lo tanto menos aún podemos pretender que se conozcan los monasterios o la fortaleza, ubicados en este lugar.

¿Dónde está el problema? Se puede acceder a ellos, pero no basta con viajar a Moldavia, sino que se debe ingresar a Transnistria, lo cual implica atravesar la frontera presentando nuestros pasaportes antes el gobierno auto declarado independiente para que ellos nos otorguen una “visa” para permanecer hasta un máximo de tres días. 

Si bien cada vez parece más habitual que viajeros se aventuren a abandonar Chisinau rumbo al este para visitar este extraño país no reconocido (incluso muchos viajan a Moldavia solo para ir allí), las particularidades del lugar lo hacen un destino poco frecuentado. No sería extraño que durante nuestra visita seamos los únicos turistas en Tiraspol, su capital, y ni hablar en los monasterios que se encuentran a las afueras de la ciudad.

Pero en rigor de verdad, tanto la fortaleza de Bender (ciudad también conocida como Tighina) como Noul Neamt no se encuentran en la región de Transnistria, sino que luego de la guerra que decretó la independencia de esta región, los Transnistrios aprovecharon y anexaron territorios que se encontraban al oeste de río Dniester que históricamente pertenecían a lo que conocemos como el actual territorio de moldavia, entre ellos Chitcani, la ciudad más cercana a los monasterios, y Bender, cuarta ciudad más grande de Moldavia (incluyendo Transnistria), donde se realizaron los principales enfrentamientos entre las autoridades Moldavas y los separatistas. Es por esto que si bien ambos complejos se encuentran en territorio moldavo están bajo administración de Transnistria. Si hasta ahora todo parece un poco confuso, te invito nuevamente a que leas “Transnistria, ¿un país que existe, pero nadie reconoce?”.

Fortaleza de Bender

El fuerte se encuentra ligeramente a las afueras de Bender, sobre el camino que conduce a Tiraspol. Es por ello, que la ciudad es una parada casi obligatoria, que sirve de oportunidad para aprovechar a recorrerla un poco. En Bender podremos entretenernos un rato caminando por sus calles y visitando sus mercados, observar alguna estatua de Lenin, el edificio del cine de la ciudad, y un viejo parque de diversiones junto al río Dniester. Demasiado para hacer no hay, pero si ya llegamos hasta allí, y tenemos un par de horas, un recorrido por la ciudad no está de más.


Mercado de Bender.

Mercado de Bender.

Mercado de Bender.

¿Wc Donald's?. El anticapitalismo capitalista del último bastión de la Unión Soviética.




Para llegar a la fortaleza, lo aconsejable es caminar, aunque si deseamos aprovechar el economico transporte de la ciudad, algún autobús puede acercarnos. Previo al ingreso, hay un gran parque, remodelado hace pocos años, y la iglesia Alexander Nevsky. Por el centro del predio, un camino nos conduce a la entrada de la fortaleza. Para ingresar se debe pagar 25 rublos transnistrios (1,5 uSs), y en su interior es posible observar varios artefactos bélicos, el museo del fuerte y un pequeño museo dedicado a objetos de tortura. Si bien el precio no es elevado, la verdad es que si no tenemos tiempo, o no nos interesa ingresar a los museos, no es necesario pagar la entrada para poder admirar la fortificación.

La historia de semejante construcción es más que confusa. Si hay algo que es difícil al escribir sobre un lugar, es lograr ser lo más objetivo posible con la información, por esto hablar sobre esta fortaleza es la conclusión de un dolor de cabeza producto de intentar encontrar historias claras escritas en inglés, moldavo y ruso. Aún así, ni siquiera en el sitio oficial de la fortaleza tienen una versión definida, sino tres teorías que van desde que: 1) Fue construida por Genoveses (República de Génova de la actual Italia), 2) Iniciada por moldavos y finalizada por el imperio Turco, y 3) otra que fue construida por los Tártaros, un antiguo pueblo que hasta el día de hoy sigue ocupando una parte importante de Europa Central y Asia. 

Si preguntamos a los Moldavos, ellos la construyeron, y en general esta es la versión más difundida, pero si hablamos con los Transnistrios, esa teoría es la más improbable. Es difícil ser objetivo y decir si tienen razón o simplemente es parte de su guerra con Moldavia, y un intento de no enaltecer al país del cual intentan desprenderse. El problema se presenta también en que incluso la historia de la región es poco clara, y se puede suponer que ahora que forma parte de un gobierno no reconocido, que tendrá otras prioridades antes que realizar estudios históricos y arqueológicos sobre el lugar, más difícil será obtener respuestas.









Noul Neamț 

Igual que los Monasterios Pintados, el templo de Neamț original fue construido en el actual territorio Rumano por Stefan Cel Mare. Pero una disputa eclesiástica hizo que a mitad de 1800 un grupo de monjes decidan abandonarlo y trasladarse al este de la actual Moldavia, y allí refundarlo bajo el nombre de Noul (nuevo) Neamț. Esto se produjo como consecuencia de una serie de reformas impuestas por parte de los gobernantes a la iglesia ortodoxa, por ejemplo la confiscación de tierras y prohibir el uso de la lengua eslava durante las celebraciones litúrgicas. Esto último no era algo menor, ya que el eslavo, en sus distintas variantes, históricamente es hablado en casi toda Europa del Este, aún en la actualidad, con excepción de Moldavia, Rumania y Hungría. A su vez, la única iglesia ortodoxa donde no se habla en esta lengua desde esa época es la Rumana (que también es la mayoritaria de Moldavia). 

A pesar del acto de rebeldía, la apertura del nuevo templo fue bien recibida. Esto puede notarse en la gran inversión que se realizo para su construcción y en que recibió el apoyo de los sectores más importantes de la religión ortodoxa como son los monjes del Monte Athos en Grecia y el Patriarca Ortodoxo de Constantinopla y el de Jerusalem.

El lugar elegido para levantar el nuevo monasterio fue en las proximidades de Transnistria, una región que formaba parte del imperio Ruso y aún hoy se encuentra habitada por personas de origen y cultura rusa y ucraniana. Casualmente o no, en 1992 los Transnistrios fueron impulsados a separarse de Moldavia principalmente por la misma razón que los Monjes de Neamț, ya que el gobierno Moldavo estrechaba relaciones con Rumania y cambió el uso del idioma Ruso (una de las variantes del eslavo) y el alfabeto cirílico por el Rumano. 

Chitcani.


Como fue mencionado, los monasterios se encuentran” en territorio Moldavo, a escasos kilómetros del río Dniester, la frontera natural, pero están bajo control de Transnistria. Es por esto que para acceder a ellos hay que realizar el -simple- trámite burocrático de presentar nuestro pasaporte y obtener el permiso de entrar a la región. Una vez superado este escollo, basta con tomar un autobús desde la capital Tiraspol, que en menos de 15 minutos nos dejará en Chitcani, frente a los inconfundibles templos. 

Cabe destacar que luego dos décadas de resistencia, en 1962, cuando la región era parte de la Unión Soviética, los monasterios fueron cerrados para pasar a cumplir la función de hospital para la tuberculosis, depósitos, y el campanario un museo de la gloria Soviética. Para 1989, con la caída de la Unión Soviética los monasterios serán reabiertos, y continuarían así a pesar de la guerra con la que Transnistria se autodeclaro independiente.

Si hay algo que impresiona desde el primer momento es el paisaje alrededor de Noul Neamț, ya que se encuentran y no se encuentran en medio de la nada. No está como muchos monasterios aislado de la ciudad, pero por las características urbanas de Moldavia, un contraste increíble se produce entre los brillantes colores de los altos edificios del monasterio y las pequeñas y modestas construcciones de no más de dos plantas típicas de un país donde aún prima el verde y la vida rural. Esto se puede apreciar más aún desde la cima del campanario. 






Aún así, tanto dentro como fuera de los monasterios son escasos (incluso nulos) los visitantes. Acostumbrados a que cada lugar bonito sea destino de cientos o miles de turistas, ver Noul Neamț vacío de cámaras fotográficas resulta extraño y nos hace sentir como invasores que ante cada paso necesitamos preguntarnos “¿se podrá ir/entrar allí…?. 

Dentro del complejo hay cuatro templos más el campanario, y las zonas de viviendas y labores diarias de los monjes, que en conjunto convierten al monasterio en el más grande de Moldavia. En nuestro caso, tuvimos la oportunidad de entrar en la Catedral de la asunción (edificio de cupulas azules), el cual era el único con las puertas abiertas.

Cabe destacar que el monasterio ofrece también hasta tres noches de alojamiento gratuito a los peregrinos (se puede suponer que esto significa No turistas).


Si no sufrimos vértigo, el campanario es lo mejor para visitar, ya que no solo se eleva por sobre todos los edificios de la región, sino que es el campanario más alto de toda Moldavia. 

La planta baja se encuentra completamente pintada (como es clásico de las iglesias ortodoxas) y cuenta con una tienda de artículos religiosos y souvenirs, donde la mujer que la atiende parece ser la única prueba de que los monasterios se encuentran abiertos al público, y más gente aparte de nosotros los visita. 

También es posible subir a la cima, aunque para ello debemos afrontar unas empinadas escaleras que no ofrecen demasiada seguridad. Las distintas plantas se encuentran descuidadas o tal vez en reparación, y por ello no hay mucho que observar, pero merece la pena llegar arriba para apreciar en el interior las grandes campanas, y por las ventanas las iglesias desde arriba y el paisaje que se pierde en el horizonte por la planicie de la región. 

Planta baja del campanario.

Primer planta.





Para terminar, vale mencionar que es habitual visitar Moldavia e incluso Transnistria sin ir a la fortaleza ni a los monasterios. Si bien quienes llegan a Transnistria generalmente lo hacen por el morbo o la curiosidad de conocer este lugar "no reconocido” y para ello el mejor sitio es la capital Tiraspol, vale la pena estirar nuestra estadía y aprovechar al máximo los tres días que nos permite la visa para visitar estos y otros lugares, ya que le aportan el toque cultural e histórico que a veces parece faltar en ciudades como Tiraspol o Chisinau. 

¿Cómo llegar?

A Transnistria

La mejor opción es ingresar por Moldavia, por el camino que parte de Chisinau con dirección a Bender y Tiraspol. Para ello es posible hacerlo en tren o en autobús. También es posible hacerlo desde el sur de Ucrania (Odessa), pero el inconveniente es que al llegar a la frontera van a pedirnos la visa o el sello del gobierno Moldavo, lo que implica haber ingresado previamente a Moldavia. Esta opción no tiene demasiado sentido, y es probable que nos cause algún dolor de cabeza.

A la fortaleza de Bender.

Desde Chisinau hay autobuses que parten de la terminal de buses ubicada a poca distancia del centro. Desde Tiraspol con cualquier minivan o autobús que se dirija a Bender. 

A Noul Neamt

Primero hay que llegar hasta Tiraspol, donde es posible tomar una minivan cruzando el rio Dniester a través del único puente de la ciudad, que se encuentra en el parque De Wollant.



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