19 de octubre de 2012

Kilmes

Internados en los Valles Calchaquies, museos y ruinas reconstruidas nos guían por el clásico circuito turístico del Norte Argentino. Una de las primeras paradas en Tucumán, es Amaicha del Valle, y a pocos kilómetros, las ruinas de lo que algún día fue la población de Quilmes.

Pero dentro, y al mismo tiempo fuera, de esos museos y ruinas reconstruidas, se encuentra la historia de cientos de pueblos, que aún hoy día, siguen luchando, por aquello que alguna vez les fue propio.



Tanto los Amaicha, como los Kilmes, fueron parte de las distintas comunidades de los valles Calchaquies. Si bien estas comunidades interactuaban entre si, y compartían una lengua común (El cacán) permanecieron autónomas, primero hasta la llegada Inca, que aparte de algunos rasgos culturales, impuso el Quechua como idioma, y el cobro de tributos. Pero con la llegada española, y los peligros que generó, estas comunidades comenzaron a actuar de manera más unificada. A todas estos pueblos del sur de la Quebrada de Humahuaca, los conquistadores los llamarían "Diaguitas".




En el caso de los Kilmes, luego de un siglo de lucha, acorralados y con sus provisiones de agua cortadas, en 1665 presentaron la rendición. Los escudos de metal y las armas de fuego derrotaron a quienes por siglos habitaron pacíficamente estas tierras.

No conformes, los españoles distribuyeron a estos pueblos a distintas zonas. Por su gran resistencia, a los Kilmes les toco caminar hasta lo que actualmente conocemos como Quilmes, (localidad del Gran Buenos Aires, al sur de la Capital Federal). De los más de 2500 Kilmes, solo unos 400 llegaron a Buenos Aires. Esos últimos sobrevirian poco tiempo...

Siglos después, en 1977, se decidió expropiar una pequeña parte del territorio original, y reconstruir las antiguas ruinas con objetivos turísticos.

En 1992, el gobierno provincial otorgó la concesión al empresario Héctor Cruz, por diez años, extendibles a diez más. Cruz se encargaría de realizar un hotel en territorio sagrado...



Pero al contrario de lo pensado, descendientes Kilmes seguían con vida. Y un viejo decreto de una cédula real de alrededor de 1770, reconocía la propiedad de una parte de los territorios a sus dueños originales. Amparados en este decreto, la comunidad Kilmes presentó un recurso de amparo contra la concesión de los territorios. Finalmente la Provincia de Tucumán reconoció en el año 2006, a partir de la Reforma Constitucional, la legitimidad del uso de las tierras y la preexistencia étnica y dispuso rescindir el contrato dado que la concesión se encontraba vencida.

Aún así, pasó el tiempo y no se resolvía la devolución de las tierras. Por lo cual la comunidad, reunida en asamblea, resolvió el corte de rutas y el ingreso a las ruinas. Otra vez, los pueblos luchando por sus tierras.

Aún con daños irreparables (Por ejemplo la construcción de una piscina en un cementerio indio), la medida fue efectiva, las tierras volvieron a los Kilmes. 

Hoy día, casi 350 años después, los Kilmes continúan organizados, con sus consejos de ancianos, caciques y asambleas. Casi 350 años después, los nombres son distintos, pero la lucha continua. La expansión de la sociedad moderna obliga a cambios, los turistas invaden los valles, pero los problemas principales siguen siendo los mismos, la lucha por el agua, y contra algún terrateniente que cada tanto aparece reclamando tierras que dicen ser de su propiedad.



¿Después de esto que contar de nuestro viaje?

Con  Nicolas e Ivana, a quienes conocimos en Tafí, (y volvimos a encontrar en Amaicha) fuimos hasta Quilmes y recorrimos las ruinas. Pero de una experiencia no me voy a olvidar: Nicolas años atrás había recorrido Amaicha, y pasó bastante tiempo en este pueblo, por lo que nos mostraría su tesoro, uno de los tantos que conocía en el norte: Las ruinas (no de los Quilmes sino) de los Amaicha.

Estas ruinas son protegidas por la comunidad Amaicha, por lo que no es normal poder acceder a ellas. Pero nosotros tuvimos esa suerte, y todo lo que veríamos en Quilmes, aquí se encontraba, pero aún intacto. Lejos de los turistas, todo se conserva como cuando fue abandonado, los morteros con sus piedras, las cerámicas por todos lados, incluso hachas de piedra aparecían con nuestros pasos. Con respeto, y dejando todo en su lugar, recorrimos este lugar sagrado. Recién comenzaba mi viaje, pero por mi podía terminar al día siguiente, ya que más no podía pedir.



¿Estuvo bien ingresar? La verdad luego de hacerlo, hubiese preferido que sea con autorización de la comunidad. Ya que son ellos quienes tiene que decidir sobre sus tierras, si quieren que las visiten o no. Si bien, el concepto de propiedad privada, estos pueblos lo manejan de manera distinta, estos lugares sagrados debemos respetárselos.

¿Donde se encuentran? Prefiero olvidarme, y quedarme con el recuerdo.

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