8 de septiembre de 2015

Valle Sagrado. Dia 0 y 1: Saqsaywaman.

Día O: Cristo blanco e intento de ingreso.

Luego de dos días en la ciudad, decidimos salir a recorrer los alrededores de Cusco, más precisamente el valle sagrado de los Incas. El primer paso sería caminar dos kilómetros hasta uno de los sitios más sorprendentes y misteriosos construidos por los Incas, la cabeza del puma, Saqsaywaman.

Comenzamos una caminata en subida alejándonos del casco histórico, donde en algún momento de la misma, unos errores de cálculo y las ganas de ponerle un poco de emoción al camino, nos hicieron que subamos por un sendero poco seguro entre los árboles de la montaña.

Llegamos a la cima del cerro Pukamoqo, o “cerro rojo”, a 3600 msnm. Se dice que éste, debido a su importancia durante la época Incaica, posee tierra de las cuatro regiones del tawantinsuyo, depositada allí luego de cada conquista.

Nos encontramos con tres cruces representativas de la Crucifixión de Jesús, y a poca distancia de ellas el “Cristo blanco”, una estatua de Jesús de ocho metros de altura que desde 1945 observa desde arriba a la ciudad.




Aprovechamos el lugar y la vista de la ciudad para descansar un poco antes de continuar. Luego seguimos caminando hasta la entrada de Saqsaywaman con la esperanza de poder ingresar sin entrada. Al notar que esto seria difícil de conseguir, evitamos intentarlo ya que al día siguiente compraríamos el boleto turístico, el cual incluía el ingreso al predio.

Día 1: Saqsaywaman.

Al día siguiente nos dirigimos a la dirección de cultura para comprar el boleto turístico que permite visitar varias de las principales ruinas de Valle Sagrado y varios museos de Cusco.

Esta vez, evitando caminos complicados, realizamos nuevamente la caminata e ingresamos a Saqsaywaman.

Al ser construida Cusco, y previo a la llegada de los españoles, la ciudad contaba con forma de un puma, siendo su cabeza Saqsaywaman. En base a los registros, se estima que este complejo tardó cincuenta años en construirse, requirió la mano de obra de cerca de veinte mil hombres, y era utilizado con fines religiosos.





Caminamos por la explanada Chuquipampa, donde cada 24 de julio se realiza la celebración del Inti Raymi en adoración al sol, motivada por el solsticio de invierno. Desde allí se pueden observar altos muros de piedra que cuentan con gigantescos bloques, algunos de algo más de ocho metros de altura. Estos muros poseen una forma zigzagueante, que observados desde arriba le dan aspecto de rayo, lo que hace suponer que podrían relacionarse a la adoración a este fenómeno de la naturaleza. Otros aducen a que son los dientes del puma, pero personalmente esta teoría no me convence ya que de ser así se encontrarían en la parte superior de la cabeza.



Decidimos subir por los muros, y es allí donde termina de apreciarse la magnitud de la construcción. Lamentablemente en la cima es donde se refugiaron los Incas que lograron escapar de la toma de la ciudad por parte de los españoles. Los muros que se creen pertenecían al complejo religioso, acabaron por convertirse en murallas de contención para resistir el asedio español. Pero a pesar que los Incas lucharon con bravura, no pudieron soportar y acabaron por sucumbir. Cuentan los relatos de época, que muchos optaron por saltar y suicidarse antes de caer en manos del invasor.

También, mientras subíamos los muros y al llegar a la parte alta de la construcción, pudimos notar las consecuencias de la extracción de piedras y desarme parcial del templo. Los españoles utilizaron piedras de Saqsaywaman para realizar sus edificios, entre ellos la Catedral de Cusco, y posteriormente, hasta 1930 la municipalidad permitió vender rocas a albañiles y vecinos de la ciudad para la construcción de sus viviendas.




Bajamos y atravesamos  la explanada Chuquipampa en dirección norte llegando al Suchuna o Rodadero, donde decidimos poner a prueba nuestros jeans y como cuenta que hacía el historiador Inca Garcilaso de la Vega cuando era niño, nos lanzamos por estas piedras perfectamente pulidas con forma de tobogán.

No muy lejos del rodadero nos encontramos con una de las partes que más me interesó del complejo Saqsaywaman, unos túneles denominados Chinkanas. Ingresamos en el más corto, pero el verdaderamente sorprendente se encuentra cerrado ya que es incalculable el tamaño y varias leyendas relatan hechos que hacen fácilmente deducible porque se evita el acceso.

Una de estas leyendas, indica que según la cosmología Inca, como muchas otras, existe un mundo subterráneo o inframundo, siendo esta chinkana una especie de templo o acceso a él. Se cree que quien ingrese aquí no logrará salir, o si lo hace será con graves problemas mentales.

En cuanto al tamaño de los túneles algunos indican que podría exceder la ciudad de Cusco, y ser una red de caminos alternativos, que incluso llegarían hasta la costa del océano Pacífico.

Dicen que una de sus rutas interiores conecta Saqsaywaman con el Qoricancha (Actual templo de Santo Domingo), ubicado en las cercanías de la plaza de Armas de Cusco, siendo utilizado principalmente por sacerdotes para unir estos templos. Cuentan que un grupo de jóvenes decidió aventurarse en ellos para descubrir sus secretos. Pasados varios meses, al no regresar, se supuso que habían muerto perdidos en el interior. Un día, durante una misa, comienzan a escuchar golpes en un muro. Al abrirlo se encuentran con un anciano que identificaron como uno de los jóvenes que ingresaron por Saqsaywaman meses atrás. A los pocos minutos murió, encontrándose en su mano una mazorca de oro que demostraría la existencia de un gran tesoro en su interior.

Luego de observar las chinkanas y escuchar los distintos relatos de los guías, regresamos al centro de Cusco. Al día siguiente nos esperaría una ruta un poco más extensa que incluía Qenko, Pukapukara y Tambomachay.

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