29 de julio de 2013

Guia para conocer Stromboli sin gastar demasiado dinero.

Mientras planificaba mi viaje por el sur de Italia, uno de los destinos que llamaba mi atención eran las islas eólicas, principalmente Stromboli, obviamente por el volcán. Pero la poca información que poseía, me hacia verlo como un destino poco económico, y por ende, inaccesible para mi.
Una vez que me encontré recorriendo el sur, y con mayor cantidad de información, comprobé que en realidad esto no es tan así. Por eso, con este post, mi objetivo no es contar una gran historia sobre mi recorrido por la isla, sino brindar un poco de información para quienes deseen visitar esta hermosa isla Italiana.

24 de julio de 2013

Stromboli, un paraiso en las puertas del infierno.

¡Ah! —exclamé—, un habitante de este bienaventurado país.
Era una especie de pordioserillo miserablemente vestido, de aspecto bastante enfermizo, a quien nuestra presencia pareció intimidar extraordinariamente; cosa que a la verdad, no tenía nada de extraña, pues medio desnudos y con nuestras barbas incultas, teníamos muy mal cariz; y a menos que nos hallásemos en un país de ladrones, nuestras extrañas figuras tenían necesariamente que amedrentar a sus habitantes.
En el momento en que el rapazuelo emprendió, asustado, la huida, corrió Hans detrás de él y lo trajo nuevamente, a pesar de sus puntapiés y sus gritos.
Mi tío comenzó por tranquilizarlo como Dios le dio a entender, y, en correcto alemán, le preguntó:
¿Cómo se llama esta montaña, amiguito?
El niño no respondió.
Bueno —dijo mi tío—; no estamos en Alemania.
Formuló la misma pregunta en inglés, y tampoco contestó el chiquillo. A mí me devoraba, la impaciencia.
¿Será mudo? —exclamó el profesor, quien, orgulloso de su poliglotismo, repitió en francés la pregunta.
El mismo silencio del niño.
Ensayemos el italiano —dijo entonces mi tío. Y le pregunto en esta lengua:
Dove siamo?
Sí, ¿dónde estamos? —repetí con impaciencia. Pero el niño no respondió tampoco.
¡Demontre! —exclamó mi tío, que empezaba a encolerizarse, dándole un tirón de orejas—, ¿acabarás de reventar de una vez? Come si noma qaesta isola?
Strombolí —repitió el pastorcillo, escapándose de las manos de Hans y emprendiendo veloz carrera a través de los olivos hasta llegar a la llanura, sin que nos volviéramos a ocupar más de él.
¡El Estrómboli! ¡Oh, qué efecto produjo en mi imaginación aquel nombre inesperado! Nos hallábamos en pleno Mediterráneo, en medio del archipiélago eolio, de mitológica memoria, en la antigua Strongyle, donde Eolo tenía encadenados los vientos y tempestades. Y aquellas montañas azules que se veían por el Este eran las montañas de Calabria. Y aquel volcán que se erguía en el horizonte del Sur era nada menos que el implacable Etna.
¡El Estrómboli! —repetía yo—, ¡el Estrómboli!
Viaje al centro de la tierra - Julio Verne.


Al salir del centro de la tierra, Axel, protagonista/narrador de la novela de Julio Verne, en pocas palabras definiría claramente a la pequeña, y poderosa isla del mediterráneo.
Struògnuli, como se la denomina en lengua Siciliana, es una de las siete islas Eolicas (Isole Eolie en italiano), un archipiélago ubicado en el mar Tirreno, al norte de la isla de Sicilia. Lejos esta de ser una gran isla, más bien diria que con sus 12,6 km2, apenas si se encuentra entre las 150 islas mas grandes del Mediterraneo.

Pero, este pequeño punto en medio del mar, cuenta con una peculiaridad: Se caracteriza por ser la punta del cono de uno de los pocos volcanes activos de Italia. En su cumbre, hay tres cráteres que cada 20 minutos producen una pequeña, pero poderosa erupción que se escucha desde cada rincón de la isla.
El volcán se eleva 924 mts. sobre el nivel del mar, pero cuenta con una altitud aproximada de 2.000 m sobre el piso oceánico. Este dato resulta interesante, ya que a pesar de no ser visible, Stromboli tiene una dimensión similar a su vecino Etna.




Griegos, y Romanos situaron a las islas, como el hogar de algunos de sus dioses. Justamente, el nombre de las mismas proviene de Eolo, Dios de los vientos. También, muchos registros mitológicos indican la creencia de que Vulcano el Dios del fuego Romano, y su equivalente Griego Heracles, creador de los rayos de Zeus y el tridente de Poseidontenían sus talleres en el cráter del volcán de la isla que desde aquella época se conoce como Volcano.
Más allá de que en la mitología estos dioses fueron los primeros pobladores, los registros sitúan que la isla se encuentra habitada hace unos 6000 años.
Durante siglos, se mantuvo con una constante población, nunca de gran tamaño, obviamente por su ubicación geográfica, y características propias que la convierten en una Tierra para valientes. Con el comienzo del siglo XX, la isla empieza a atraer a vulcanologos, y aventureros, con ansias de explorar e investigar el cono despierto.

Su silueta con forma de cono se ve incluso desde las costas de Calabria, y como un imán atrae a los curiosos hasta sus incandescentes llamas de fuego liquido. 

No hay dudas, Stromboli es una isla hermosa. Un hermoso mar, azul por donde se lo mire, y de agua transparente, que a su vez contrasta con el negro de una playa que no esta formada solo por arena, sino por las cenizas volcánicas. Por otro lado, opacado por el volcán, el pueblo también muestra su belleza. Recorrer sus calles y casas blancas, recuerdan por ejemplo a la famosa isla Griega Santorini.





Sin dudas Stromboli es un maravilloso y tranquilo lugar...

¿Se puede definir como "Tranquilo" a un lugar donde cada veinte minutos, con un temblor, un rugido, y una erupción de fuego, el humeante volcán te hace recordar de su presencia? Puede ser controversial, pero si, Stromboli también es tranquila. Un pequeño pueblo, de pocos habitantes, alejado de los ruidos, los autos (solo motos o carros de golf circulan por la misma), e incluso, las grandes masas de turismo.
Si visitamos la isla, seguramente nos llamara la atención una roca en medio del mar. Justo frente a Stromboli se encuentra Strombolicchio. Hoy parece una simple piedra, pero antiguamente, antes de erosionarse fue un volcán. "La pequeña Stromboli" es lo que se conoce como un tapón volcánico, osea, una gran roca de Basalto, muy resistente a la erosión, que justamente por esta característica se mantuvo en pie a pesar de la desaparición del resto del volcán. Si bien por sus dimensiones no posee habitantes, desde hace más de 100 años, la isla cuenta con un faro, antiguamente manual, hoy día completamente automático.


Con el paso de los siglos, la gente se fue habituando a la convivencia con el volcán, incluso se encontró utilidad a la lava, como material para la construcción de viviendas. Aún así, éste cada tanto resulta ser una complicación. Las cenizas constantes, explosiones con piedras cayendo sobre el pueblo, etc, son parte de la vida de un habitante de Stromboli, quien siempre tiene que estar con un oído prestando atención a su rutina diaria, y el otro en su rugiente vecino. Pero a pesar de la actividad volcánica y sus complicaciones, la vida allí es posible, no solo para las personas, sino que también las flores crecen y le dan encanto a la isla.

Si queres visitar Stromboli, a continuación dejo una guía sobre como conocerla sin gastar demasiado dinero.

20 de julio de 2013

Brattirò e la sua storia. Vidas en medio de las montañas.

Finalmente llegué a la estación de trenes de Tropea. A pesar de ser una ciudad turística, no resulto una tarea sencilla, ya que mi arribo se produjo luego de tomar un autobús y tres trenes; 4:30hs de viaje, de las cuales 2:29 fueron de espera entre transporte y transporte. Si bien Tropea merece la pena ser visitada por sus increíbles playas, estas ciudades las incluí en mi recorrido por su valor sentimental, para poder volver a la tierra de mis abuelos.





Me recibió Gerry, quien vendría a ser algo así como hijo del primo de mi abuela, o nieto de mi bisabuela (que creo es lo mismo).
Gerry aparenta ser electricista, al menos con eso se gana la vida. Pero su pasión, la cual lleva a cabo, es cantar. Junto a su banda, Officina Kalabra, se encarga de difundir la música típica de la región. En general, el trabajo en esta zona no abunda, y a veces resulta difícil conseguir el dinero necesario para sustentarse. Por momentos, la vida también es dura, y monótona, pero la satisfacción de Gerry, es cuando llega ese concierto de fin de semana, o la época de gira, y a veces decenas, otras cientos, y hasta incluso miles, aclaman desde abajo del escenario que siga cantando.

Él vive en Brattirò, un pueblo de 800 personas perteneciente a la comuna de Drapia, donde me estoy alojando y en el que nació mi abuela y mi tía. Aquí, seguramente si me asomo por la ventana y le pregunto al primero que pase, me responderá que es un pariente. El dueño del Bed and Breakfast es de apellido Vallone, no se si tendré alguna relación con él, pero ese es el apellido de mi bisabuela.
Para mi sorpresa, en este pequeño pueblo, como no podía ser de otra manera, vive Martín, de Almagro. Un Argentino perdido en un pueblo en medio de las montañas, donde ni siquiera llegan los transportes públicos. Su vida: envidiable para muchos. Hace diez años que vive de verano, viajando entre Buenos Aires y Tropea. Su trabajo: más envidiable, sentarse a tomar sol, y vigilar que a la gente no le pase nada dentro del mar hermoso y tranquilo mar de Tropea, osea, guardavidas. Como el dice, a los italianos los vuelve locos con sus bromas y su interminable energía. Cuando no puede hacerlo en Argentina, transmite en Calabria la alegría de los murgueros. Solo nos conocimos tres días, pero doy fé, que los inviernos, durante su ausencia, el puesto de generador de sonrisas queda vacante.

Claro, nadie esta exento de los problemas cotidianos, y sus responsabilidades son mayores a las que cuento. A veces, cuando no hay giras ni turistas, si el dinero no alcanza, hay que levantarse temprano para ir a cosechar al campo. Pero cada tanto es lindo imaginarse, y envidiar una vida que parecería perfecta.
Martín y Gerry no son parientes, pero comparten el mismo apellido: Ambos Rombolá, como también se apellidaba mi abuela, como también se llama el dueño de la carnicería del pueblo, como se llama el bar del pueblo (Por ende sus dueños), y como se debe llamar la mitad del pueblo que no se apellida Vallone.

La noche de mi llegada, fuimos a comer con Gerry a Tropea, al restaurante de su hermano. Como era de esperarse, me sugirieron comer los platos tipicos de Calabria. Primero una tabla de fiambres: Longanizas, quesos, jamon crudo, aceitunas, etc. A la que luego se le sumaria otra con porotos, tortilla, unas albondigas de arroz, morrones con papas, papas con tuco y, si no me quivoco, tripa. Como buenos Calabreses, todo en abundancia.
El primer plato (y ultimo) seria de Filei, unos fideos tradicionales de esta zona. Me preguntaron si comía picante, porque en Calabria se come mucho picante, y el tuco tradicional era picante. Mi respuesta fue "Si, sono abituato a mangiare picante, mangio molto picante". Es verdad, como mucho picante, y aparte, como descendiente de Calabres, mi respuesta no podía ser otra. Con una sonrisa picara me sirven el plato de pasta. Segundos después de empezarlo a comer no podía creer como puede haber gente que coma TAN PICANTE! No se bien que contiene el Tuco, ragú, o succo (en dialecto), me dijeron que carne picada, pero parecía que fuera solamente ají picado y un poco de salsa de tomate.
Al día siguiente, Cosme (el dueño del hostel) me lleva a visitar Tropea, y luego a su casa, a conocer a su familia, quienes seguramente podrían orientarme un poco más sobre los lugares donde habitaron mis familiares. Al ingresar, lo primero que observo es un cuadro, con velas y flores, formando un pequeño pero vistoso santuario, el de la foto no se llama Jesús ni María, sino Diego Armando Maradona. Como era hora del almuerzo, me invitaron a almorzar.

Entre ellos se encontraba su padre, "el doctor Vallone", nombre que pongo entre comillas, porque si en el pueblo se pregunta a cualquiera por el doctor, no habrá confusiones de que persona se esta hablando. Pasquale Vallone nació en Brattirò en 1945. Por cuarenta años ejerció la profesión de medico, pero paralelamente realiza su otra vocación: Escribir. Y entre sus libros, se encuentra uno llamado "Brattirò e la sua storia", donde, luego de un gran trabajo de investigación, el doctor escribe en 260 paginas la historia del pueblo desde sus orígenes hasta la actualidad. Una gran obra para los locales, que entre sus paginas tiene peculiaridades como una lista con todas las personas que emigraron de Brattirò (con su destino incluido) y otra con los apodos comunes del pueblo. Aunque parezca extraño, aquí, y en los pueblos cercanos, si preguntas por una persona indicando su nombre y apellido, tal vez no la reconozcan, pero si brindas su apodo, por más que haya emigrado o fallecido hace medio siglo atrás, lo recordaran fácilmente.

Al rato llego Mariana, una prima de mi abuela. Ella me llevaría a conocer los campos que en algún momento pertenecieron a mi abuela y su familia.
Mariana en la década del '80 viajo a la Argentina. En esa época ya a muchos los sorprendía que todas las mañanas se levantaba a trabajar su campo. Los años pasan, pero casi tres décadas después, como hizo toda su vida, y con la misma vitalidad, ella se sigue levantando a trabajar la tierra.
Me habla en dialecto, el resto de las personas de la casa le aclaran que seguramente no entiendo, a lo que ella responde: El entiende italiano. Realmente a pesar del esfuerzo que hago, solo comprendo algunas ideas generales, pero aún así intento mantener una conversación. ¿Como le explico que ESE no es el verdadero italiano, y que me tiene que hablar en el que yo aprendí, en aquel que se habla por la Toscana? ¿Como le justifico que las palabras masculinas terminan en "o" y no en "u", y al tuco se le dice "ragú" y no "succo"? ¿Cual es el verdadero italiano?¿Hay uno verdadero, o solo un consenso para unificar?¿Dante Alighieri habrá visitado La Calabria? Sea como sea, el embutido tipico de la región es la Nduja, palabra que no parece ser italiana, pero que por más vueltas que se quiera dar al asunto, siempre va a ser Nduja.
Mariana me lleva a conocer a Pietro, el tío de Gerry, quien me invita a regresar su casa a la noche para cenar. A la hora de la cena volví para comer pizzas. Para mi sorpresa, pero como es habitual acá, me explican que los ingredientes de la pizza, junto a los fiambres y el vino, eran todos elaborados por ellos. Salvo la harina, ya que hace algunos años dejaron de utilizar el molino con el que años atrás la hacían.
Pietro, su mujer y Mariana



Antiguos campos de mi abuela.
Con Martín en su ciclomotor visitamos localidades costeras vecinas, y desde la playa me indico en el mar el volcán Stromboli y las costas de Sicilia. Gerry mientras organizaba sus recitales, los pueblos de montaña. Cosme, la turistica Tropea, y Mariana la campaña.
Gerry, Cosme, Martín y Mariana, todos me llevan a conocer un poquito de la región, Brattirò, Tropea, Capo Vaticano, los campos de mi abuela... Todos comparten conmigo un poco de su tiempo. Pero la vida sigue, y Brattirò y Tropea van a seguir siendo las mismas. Cada uno me explica un poco sobre la vida aquí. Por ejemplo, que la vida se divide por temporadas, y el trabajo (que no abunda) es un factor determinante: esta la temporada de verano, cuando llegan los turistas a las hermosas playas de agua transparente. Los alojamientos repletos, y las calles llenas de gente. Otra temporada importante, donde solo están los locales, es la de cosecha de las tierras. Y una tercer temporada, el resto del año, donde solo se espera que llegue la siguiente.
Si tenes suerte, con el verano podes hacer una diferencia para vivir el resto del año, sino, hay que continuar en el campo.
Capo Vaticano.
Enfrente, Sicilia.
De fondo, el volcán Stromboli.
La última noche, camino con Gerry por el pueblo, a medida que avanzamos me va señalando distintas casas: "¿Ves esa? allí hace varios años que no vive nadie" "Y esa otra... Los dueños solo regresan en verano" "¿Y ves esa, aquella y la de allá? Todas a medio construir, ¿sabes porque? porque los padres las hacen para sus hijos, solo la dejan sin marcos,puertas y azulejos, para que los elijan ellos. Los años pasan, y las casas siguen sin terminar, porque ellos eligen irse a trabajar, o estudiar al Norte"
La casa de mis abuelos.
En Brattirò, mucha gente se va, y algunas vuelven. El trabajo se va, y generalmente, con mucho esfuerzo lo hacen volver. Pero no siempre es posible, y por eso, muchos, principalmente los jóvenes, se van a buscar el progreso, a lugares lejanos. Paradojicamente, como hace más de medio siglo atrás le sucedió a mis abuelos y a tantos otros, la decisión sigue siendo la misma: optar por emigrar al Norte, o al extranjero. En Brattirò, como en toda Drapia, desde 1920, la población solo desciende. Sus habitantes lo saben, pero los que optan por quedarse, comprenden que hay que seguir cultivando los campos, y aprovechando la belleza de sus tierras que cautiva a los turistas.
La monotonía abunda, pero algunos, los mas audaces, pueden aferrarse a los sueños y vivir en una playa para muchos paradisíaca, ser músicos aclamados en festivales regionales, o escribir un libro.

17 de julio de 2013

Lecce, la ciudad del Barroco.

A veces, simples motivos como la ubicación geográfica o pre-conceptos, pueden generar que regiones queden en el olvido, y por supuesto, fuera de "las rutas turísticas". Como bien sabemos, la mayoría de las ciudades visitadas de Italia, se encuentran de Roma para arriba. Por supuesto, hacia abajo esta "el Sur"...La Mafia, la pobreza, el atraso, y todo aquello que en algún momento escuchamos.
¿Para que ir al sur? ¿Cuales son sus atracciones? seguramente la respuesta más típica que recibiremos es: Por algunos volcanes, para ver una ciudad carbonizada por uno de ellos, increíbles playas “casi” inhóspitas, y no mucho más que algunos pueblos estancados en el tiempo. Pero no es así, y con el avance de mi viaje, un nuevo mito se va rompiendo. Lecce es una muestra clara, de como aquí también prosperó el arte y la cultura.
Ubicada en el Salento, la zona de la región de Puglia que normalmente denominamos "el taco de la bota", ya desde el tiempo de los romanos, esta ciudad (En aquella época conocida como "Lupia" o "Litium") jugaría un papel importante en la región. El anfiteatro y el teatro romano, construidos entre el siglo I y II, con una capacidad para 20.000 y 5.000 personas respectivamente, son algunos de los vestigios que podemos encontrar de aquella época.
Como muchas ciudades de Italia se iría moldeando, y adquiriendo rasgos culturales en base a la conquista de distintos pueblos. Romanos, Húngaros, Sarracenos, y Normandos, fueron algunos de los que tomaron posesión de la ciudad.
Anfiteatro Romano


Teatro Romano
¿Lecce= Leche?
Por su pronunciación, es habitual que los hispanohablantes asociemos el nombre de la ciudad con "la leche o lactosa". Podemos decir que esto no es así, ya que en italiano, la traducción es "Latte". Pero resultara curioso saber que la historia de Lecce, esta muy relacionada con la lactosa.
No solo los restos Romanos sorprenderán a quienes visiten la ciudad. Una tonalidad amarillenta, por momentos dorada, cubre cada rincón de una ciudad donde no se puede decir que solo hay algunas obras de arte, monumentos o esculturas, sino que todo el núcleo urbano es un museo al aire libre. Existen los edificios como Iglesias, con nombre y autor, dignos de visitar, pero increíblemente caminar sin rumbo por sus calles, implica encontrarse a cada paso con un marco de puerta o ventana, una columna, o balcón, realizado por algún artista desconocido, el cual decidió dejar su impronta ahí.




El color de la ciudad se debe a la piedra calcarea con la que se construyo la mayoría de los edificios y adornos. "La piedra Leccese" característica del Salento, fue clave para que el barroco pueda desarrollarse aquí como expresión artística. Su fácil maleabilidad llevo a la realización de infinidades de obras, lo cual hizo que Lecce, y ciudades cercanas como Gallipoli, posean el honor de identificarse por un estilo propio "El barroco Leccese".
Si bien, la piedra es excelente para trabajarla, tiene el defecto de no poseer gran resistencia a la intemperie. Curiosamente, los escultores que la utilizaban encontraron una solución muy simple a este problema: Humedecer la roca con leche. Al realizar esto, los poros de la piedra se cubren y le brindan una gran resistencia, lo que hace que aún hoy día podamos ver en gran estado de conservación, las obras realizadas hace varios siglos.
"La Florencia del Sur" o "La capital del barroco", como la denominan algunos, posee una arquitectura exagerada en todos los sentidos, tanto en horas de trabajo, cantidad de detalles, como también en belleza.
Como ejemplo se encuentra la "Basílica de la Santa Croce", la cual tardaron más de 100 años en finalizar su construcción, y combina el estilo renacentista (en la parte inferior) con el Barroco (Superior). Infinidad de detalles pueden observarse en ella, muchos con gran contenido simbólico. Entre tantos decorados y figuras algunos se destacan, como por ejemplo, el balcón sostenido por figuras de hombres y dragones. Se dice que estos hombres representan a los turcos que luego de perder la batalla de Lepanto, cargan sobre sus hombros el peso del cristianismo. Otro detalle se encuentra alrededor del Rosetón principal, donde, perdidos entre flores y otras figuras, aparecen los rostros de algunos hombres. Muchos aseguran que son las caras de los autores de la iglesia, que quisieron dejar su firma.



Basilica de la Santa Croce
A la derecha, figura humana representativa de la Batalla de Lepanto
Rosetón de la Basilica de la Santa Croce
Lamentablemente, no podemos negar las consecuencias de que Lecce se encuentre en el Sur, y fuera de las principales rutas turísticas. El paso del tiempo, y la falta de los cuidados necesarios, hacen que no todas las decoraciones se encuentren en perfecto estado. Pero esto también es parte de la dinámica de una ciudad, donde no solo hay que cuidar de mantener en condiciones una iglesia o monumento publico, sino que muchas de las obras dignas de mirar por un prolongado tiempo, al ser decoraciones de casas particulares, seguramente su mantención queda a criterio del dueño.
¿Como llegar?
En avión:

Los principales aeropuertos son el de Brindisi, ubicado a 48 kms, y Bari, a 166. Desde ambas ciudades existen trenes.
En tren:

Desde Milano u otra ciudad del norte existe un servicio directo, que es el InterCity Notte, que como su nombre lo indica, parte de Milano a la tarde/noche, y demora entre 11:40 y 13 horas. En la mayoría de los casos se debe cambiar de tren en Bologna, y el tiempo es entre 8 y 9 horas, con valores entre 45 y 150 euros para la clase más económica.
Desde Roma, se puede llegar directo en 5 horas y media en el Frecciargento, o con transbordos, tardando entre 8 y 11 horas. Los valores son similares para todos los servicios, y rondan entre 55 y 66 euros.
Desde Napoli, no existen servicios directos. Se puede llegar realizando solo un transbordo en Caserta, en un tiempo de 5:15 horas, por unos 52 euros. Hay opciones mas económicas desde 21 euros, realizando hasta cinco transbordos, combinando trenes y servicios de buses que brinda la misma Trenitalia, tardando entre 6:45hs y 8hs.
En Bus:

La empresa Marozzi brinda servicios desde Pisa, Florencia, Siena y Roma. Desde Milano, Marino Srl. Consultar también por alguna empresa del "Gruppo Baltour" (Baltour, Eurolines, Sena). La diferencia económica no siempre es grande, pero muchas veces la ventaja es que los servicios son sin escalas, y eso hace que los tiempos sean menores.
Alojamiento
Como sucede en muchas ciudades de Italia, Lecce no posee hostels. Los alojamientos más económicos son los Bed & Breakfast, con precios generalmente por encima de los 15 euros. En el caso particular de Lecce, no pague por alojamiento, pero he visto que los precios se encuentran por encima de los 18 euros. Generalmente los más económicos están cerca de la estación (la cual no esta lejos del casco histórico). Tener cuidado a la hora de reservar por Internet, ya que muchos se encuentran fuera de la ciudad.
Para quienes les guste viajar realizando Couchsurfing, la ciudad posee una comunidad muy activa, lo que hace que sea bastante sencillo conseguir a alguien que los aloje. En mi caso, la primer noche conseguí un couch, y mediante él, conocí a otro que me alojo una más en mi segunda visita. Como consejo, si llegan a la ciudad sin tener alojamiento, consulten por el bar "Il Barroccio", el cual es el lugar habitual de encuentro de la comunidad, quizás allí puedan ayudarlos a contactarse con alguien que los hospede.

11 de julio de 2013

Un primer recorrido por Lecce, y la costa del Salento.

Salgo de la estación ferroviaria y comienzo a caminar. Tiempo me sobra, tengo seis horas antes de encontrarme con mi anfitrión de Couchsurfing, pero debo llegar lo más rápido posible a Piazza Sant'Oronzo (nuestro punto de encuentro), ya que mi espalda, y principalmente los hombros todavía están resentidos del error de ayer, que me llevo a caminar más de cinco horas (y varios kilómetros) por los alrededores de Alberobello, ¡cargando las dos mochilas!.
A medida que avanzo, comienzo a preguntarme si las paredes amarillas que tiñen toda la ciudad, son producto del hombre o de un sol incesante que no deja un centímetro de sombra.
La llaman la Florencia del Sur... no quiero comparar, menos puedo hacerlo si una de las dos ciudades no la conozco. Pero lo que si aseguro, es que acá, el arte barroco llego para quedarse.




No hace falta buscar algún palacio o monumento, simplemente caminando por cualquier calle, hasta en la casa menos preservada es posible observar la exagerada (y bellísima) decoración heredada principalmente de los siglos XVII y XVIII.
Llegando a Piazza Sant'Oronzo, compruebo que para colmo, Lecce no es solo barroco, al encontrarme con el anfiteatro romano. Mientras avanzo los últimos metros, comienzo a pensar que hice mal en comprometerme para cambiar de ciudad mañana a la tarde. Lecce merece más que un día.




Como había acordado, me encuentro con Massimiliano, a quien defino como "un profesional del Couchsurfing". Esta practica ya parecería automatizada en su vida. A pesar de vivir en una pequeña habitación, ha hospedado a tantas personas, que seria imposible que recuerde a todos.
Visitamos la ciudad y San Cataldo, la playa más cercana ubicada a 10 kilómetros de Lecce. Luego nos encontramos con otros miembros de Couchsurfing para cenar. Aquí comienzo a notar la costumbre de los italianos de pedir una pizza por persona. Aunque sea fina, y yo de comer bastante, imposible se me hace seguirles el ritmo, y terminar toda mi ración. Luego decidimos irnos a dormir temprano ya que mañana hay que afrontar un largo día.
El Salento
Nos levantamos temprano para dirigirnos al bar "Barrochino", lugar de reunión de los miembros de Couchsurfing de la ciudad. Justamente llegamos aquí para encontrarnos con otros integrantes de la comunidad y pasar algunas horas en la playa. Esta ciudad del Salento, que no llega a los cien mil habitantes, tiene una comunidad Couchsurfing, muy activa, que no solo comparten buenos momentos con huespedes extranjeros, sino que est{an unidos por lazos de amistad muy fuertes entre ellos, sin existir barreras idiomáticas, culturales o nacionales. Incluso muchos miembros de la comunidad, en un principio fueron hospedados por los locales cuando llegaron a la ciudad para instalarse por estudios o trabajo, y actualmente devuelven parte de esa cortesía. Difícilmente un “surfista” (Huesped de couchsurfing) no consiga ser alojado en Lecce, ya que si alguien no puede, seguramente otra persona estará dispuesta a hacerlo. Al llegar a la ciudad, la comunidad ya estará enterada de nuestra presencia, y ansiosos por agasajarnos.
Luego de desayunar, junto a tres chicas polacas, una rusa, Alberto, un Mexicano haciendo couch en la ciudad, Fernando y Marco (Italianos, de Lecce), nos dirigimos al mar.



El día no era bueno, por momentos llovía, pero con un Massimiliano muy optimista continuamos viajando por "el taco de la bota" italiana, hasta nuestra playa de destino en la localidad de Ciolo, donde el tiempo mejoró, y algunos nos animamos a meternos al hermoso mar azul. Caminando un poco por las montañas cercanas a la costa, logramos divisar una construcción de pequeñas piedras, muy similar a los nuraghe de Cerdeña, la cual se asemeja más a un horno de barro, o a la casa de algún ngomo.

Sin esperarlo, visitamos una ciudad que había eliminado de mi recorrido: Santa Maria de Leuca, la más austral del taco de la bota Italiana. Su faro avisa a los marineros del Mediterraneo no solo que las costas italianas se aproximan, sino el punto donde el mar Adriático y Jónico se unen.
Al atardecer, me llevaron hasta Otranto, donde pasaría la noche en casa de Remildo, mi siguiente anfitrión. Nos despedimos, pero momentáneamente, ya estaba decidido, luego regreso a Lecce para ser hospedado por Fernando.



Faro de Leuca
Piazza Giovanni XXIII
Santa Maria di finibus terrae.